Anisakiasis
Qué es | Causas | Síntomas | Tratamiento
¿Qué es la anisakiasis?
Causas
El anisakis puede encontrarse en muchos de los pescados que consumimos habitualmente. Las larvas suelen localizarse en el tubo digestivo del pez o en algunos órganos internos, aunque también pueden pasar a los músculos. Incluso el pescado de acuicultura puede contaminarse si ha sido alimentado con piensos infectados, aunque esto es menos común.
Ciclo vital del parásito
Los ejemplares adultos viven en el estómago de mamíferos marinos como ballenas, delfines o focas. Estos animales expulsan los huevos al mar a través de sus heces. Una vez en el agua, los huevos liberan larvas que son ingeridas por peces y calamares. Cuando una persona consume estos animales sin el tratamiento adecuado, las larvas intentan penetrar en la pared del estómago o del intestino, lo que provoca las molestias y síntomas característicos de la anisakiasis.
Alimentos de riesgo
Aunque la merluza y el bonito son de los pescados donde más se detecta este parásito, los casos de anisakiasis se relacionan con mayor frecuencia con especies que se comen crudas o marinadas, como el boquerón, la anchoa o la sardina. Otras especies marinas también pueden contener el parásito, como ciertos crustáceos (gambas, langostas, cangrejos) o los cefalópodos (pulpo, sepia, calamar). Consumirlos sin una preparación adecuada puede suponer un riesgo.
En cambio, los moluscos bivalvos —como los mejillones, ostras o berberechos— no suelen infectarse, ya que su forma de alimentarse mediante filtración impide que las larvas se alojen en ellos.
La frecuencia de la anisakiasis en España varía según la cantidad de pescado que se consume y los hábitos culinarios de cada región. En las zonas costeras, donde el consumo es mayor, la probabilidad de exposición también aumenta. Aunque las temperaturas muy altas eliminan al parásito, las larvas pueden soportar hasta 50 °C y no se destruyen con vinagre, sal o ciertos tipos de ahumado. Por ello, representan un mayor riesgo los pescados preparados en vinagre, salazones, ahumados, escabeches o aquellos que se ingieren crudos o insuficientemente cocinados. En cambio, las conservas suelen ser seguras, ya que el pescado se cocina antes del enlatado (excepto en el caso de anchoas o escabeches).
La anisakiasis probablemente sea más frecuente de lo que reflejan los datos oficiales, ya que sus manifestaciones pueden confundirse con otras enfermedades digestivas y no siempre se registra correctamente.
Síntomas
Los síntomas se deben a la reacción inflamatoria que se produce cuando las larvas intentan atravesar la pared del estómago o de la parte final del intestino delgado (especialmente el íleon).
Las molestias suelen aparecer dentro de las primeras 48 horas tras consumir el pescado contaminado, aunque pueden variar mucho entre personas.
En la anisakiasis gástrica, lo más habitual es un dolor intenso en la parte alta del abdomen, acompañado de náuseas y vómitos.
Cuando el parásito afecta al intestino delgado, suele aparecer dolor abdominal en la parte inferior del abdomen e incluso signos de obstrucción intestinal. En ocasiones puede parecerse a una apendicitis u otros cuadros quirúrgicos, lo que puede llevar a intervenciones innecesarias.
Además, la anisakiasis puede desencadenar reacciones alérgicas mediadas por IgE en personas sensibilizadas. Estas reacciones van desde urticaria leve (picor y ronchas en la piel) hasta cuadros más graves, incluida la anafilaxia, que puede causar shock y poner en riesgo la vida.
Es importante mencionar que estas reacciones alérgicas también se han observado tras consumir pescado bien cocinado, ya que algunas proteínas del parásito son resistentes al calor y a la congelación. En estos casos, se recomienda evitar completamente el consumo de pescado, aunque esté congelado o adecuadamente cocinado. Aun así, parece que las reacciones más intensas están relacionadas con la presencia de larvas vivas que logran penetrar en la mucosa intestinal, permitiendo que sus antígenos lleguen al torrente sanguíneo.
Por último, se han descrito cuadros ocupacionales en personas que trabajan manipulando pescado —como pescaderos o pescadores— debidos a la exposición a los
alérgenos del parásito. Estos problemas incluyen asma, rinitis, conjuntivitis o dermatitis de contacto, sin que exista ingesta del parásito.
Tratamiento
En la mayoría de los casos, los síntomas suelen remitir por sí solos sin necesidad de un tratamiento específico. Mientras duran las molestias, se emplea un manejo sintomático. Lo más habitual es utilizar medicamentos conocidos como protectores gástricos, que reducen la acidad del estómago y ayudan a prevenir un mayor daño en la mucosa. En algunas ocasiones aisladas se ha llegado a retirar el parásito mediante una endoscopia digestiva alta, aunque esto solo es posible si el procedimiento se realiza muy poco tiempo después de la infección.
Cuando la infección afecta al intestino y provoca síntomas de obstrucción, los corticoides pueden ser útiles, ya que disminuyen la inflamación local, lo que facilita el movimiento intestinal y puede evitar la necesidad de una cirugía.
Si aparecen manifestaciones alérgicas, además de los corticoides, los antihistamínicos ayudan a aliviar los síntomas.
En situaciones graves con reacciones anafilácticas, puede ser imprescindible administrar adrenalina, ya que se trata de una urgencia que requiere atención médica inmediata.
¿Cómo podemos evitar la parasitación?
Controlar totalmente la presencia de parásitos en los peces es prácticamente imposible. Por ello, la mejor forma de prevenir la infección es asegurarse de que el parásito quede inactivado antes de consumir el alimento. El anisakis se destruye fácilmente mediante calor (cocinado) o frío intenso (congelación). En España, la normativa vigente (Real Decreto 1420/2006) establece que el pescado debe congelarse a -20ºC o menos durante un mínimo de 24 horas para garantizar la seguridad.
Recomendaciones para evitar la infección por anisakis:
– Hacer una inspección visual del pescado tanto por parte de los proveedores como del propio consumidor antes de prepararlo.
– Tener en cuenta que ciertas elaboraciones, como salazones, ahumados, encurtidos, marinados, carpaccio o ceviche, pueden implicar riesgo si no se han hecho con pescado previamente congelado, ya que estos métodos no eliminan las larvas.
– Preferiri el consumo de la parte de la cola en peces grandes y evitar la zona ventral próxima al aparato digestivo, donde suele concentrarse un mayor número de parásitos.
– Cocinar el pescado por encima de los 60º durante al menos dos minutos. La plancha, si no alcanza esa temperatura, puede ser insuficiente.
– Congelar el pescado a -20 ºC un mínimo de 24 horas. El pescado ultracongelado es una buena opción, ya que eviscera rápidamente a bordo y presenta menor riesgo de infestación.
– Las personas que hayan sufrido reacciones alérgicas al consumir pescado deberían consultar a un alergólogo para descartar que exista sensibilización al anisakis.
Autores:

Dr. Francisco García Fernández
Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla)