Objetivos dietético- nutricionales

La deshidratación constituye una de las complicaciones más frecuentes de la diarrea aguda, por lo que su prevención y tratamiento resultan fundamentales.

El agua desempeña un papel esencial en la alimentación y debe considerarse un nutriente básico. Aunque el organismo puede sobrevivir varias semanas sin alimentos, la ausencia total de ingesta de líquidos conduce a consecuencias graves en pocos días.

Las necesidades hídricas medias se sitúan en torno a los 30 ml por kilogramo de peso al día, si bien estas cifras pueden variar según la actividad física, las condiciones ambientales, el tipo de alimentación, el consumo de alcohol y la presencia de enfermedades. En situaciones de calor intenso o ejercicio físico elevado, las pérdidas de agua aumentan considerablemente, por lo que resulta necesario incrementar el aporte de líquidos a través de distintas fuentes.

La deshidratación se produce cuando las pérdidas de agua superan a la ingesta, generando un balance hídrico negativo. Este proceso suele acompañarse de alteraciones en el equilibrio de electrolitos, especialmente sodio y potasio, lo que puede agravar el estado clínico.

La rehidratación en la diarrea aguda debe realizarse preferentemente por vía oral mediante soluciones que contengan glucosa y electrolitos en proporciones adecuadas, conocidas como sueros de rehidratación oral (SRO), siempre que la situación clínica lo permita.

Entre las opciones recomendadas se encuentran:

  • Solución de rehidratación oral según la Organización Mundial de la Salud (SRO): formulada con glucosa y sales minerales en concentraciones específicas que facilitan la absorción intestinal de agua. Existen presentaciones comerciales listas para usar o en sobres para diluir en agua.
    • En población adulta, suele recomendarse la disolución de un sobre en un litro de agua, administrado de forma fraccionada cada seis horas.
    • En población infantil, la cantidad se ajusta al peso corporal, generalmente entre 50 y 120 ml por kilogramo cada seis horas.
  • Soluciones a base de arroz o agua de arroz: preparadas a partir de arroz cocido con zanahoria y sal. Estas soluciones pueden contribuir a reducir la duración y el volumen de las deposiciones.
  • Preparados caseros tipo limonada alcalina: elaborados con agua, azúcar, sal, bicarbonato y zumo de limón. Su principal inconveniente es el riesgo de errores en las proporciones, lo que puede alterar su eficacia y seguridad.

En población pediátrica existe riesgo de hipernatremia, por lo que se recomienda priorizar soluciones comerciales ya preparadas, con menor contenido en sodio, o diluir los sueros de rehidratación en una proporción adecuada con agua.

La reposición de líquidos debe realizarse de forma progresiva, administrando pequeñas cantidades de manera frecuente, con el objetivo de minimizar los vómitos y evitar el empeoramiento del cuadro clínico.

En casos de deshidratación grave, resulta necesaria la atención sanitaria especializada, ya que el ritmo y la vía de rehidratación deben adaptarse a la situación clínica del paciente.

Recomendaciones dietéticas

  • No existe evidencia científica que respalde la utilidad de la dieta absoluta, entendida como la supresión completa de la ingesta por vía oral. En población pediátrica, esta práctica está desaconsejada, ya que puede empeorar el estado nutricional y aumentar la severidad de la diarrea. Además, el aporte de nutrientes contribuye a la regeneración de la mucosa intestinal.
  • De forma general, la alimentación durante la diarrea aguda debe ser baja en fibra insoluble, reduciendo el consumo de legumbres, verduras y determinadas frutas. También se recomienda una dieta baja en grasas, sin lactosa y libre de alimentos irritantes o flatulentos, como café, comidas grasas, picantes y bebidas gaseosas.
  • La restricción de lactosa puede estar indicada, ya que en la diarrea aguda es frecuente la aparición de un déficit transitorio de lactasa, la enzima encargada de la digestión de la lactosa. Esta situación es más habitual en diarreas causadas por determinados microorganismos que afectan al intestino delgado, como algunos virus y bacterias.
  • Los alimentos con efecto irritante deben limitarse, dado que favorecen el aumento de la secreción y de la motilidad intestinal, lo que puede prolongar o intensificar los síntomas.

Guía para la selección de alimentos en la primera fase tras la aparición de diarrea

IMAGEN: PRIMERA FASE DE ALIMENTOS TRAS LA APARICIÓN DE DIARREA

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IMAGEN EJEMPLO DE MENÚ

Guía para la progresión de la dieta

La reintroducción de alimentos debe realizarse de forma progresiva, incorporando poco a poco frutas, verduras, legumbres, leche y derivados, según la tolerancia individual. En caso de que algún alimento provoque malestar, se recomienda retirarlo temporalmente y volver a intentar su introducción más adelante.

  • Frutas: al inicio se aconsejan aquellas mejor toleradas, como plátano, pera y manzana. Deben consumirse bien maduras, sin piel y preferentemente cocinadas, en forma de compota, asadas o trituradas. También se permite el dulce de membrillo.
  • Verduras y hortalizas: la patata, la zanahoria y la calabaza suelen tolerarse adecuadamente desde las primeras fases. El resto de verduras se incorporan de manera gradual, inicialmente cocidas y trituradas en puré mezcladas con patata, posteriormente en puré solas, más adelante enteras y, finalmente, si la evolución es favorable, en crudo.
  • Leche y derivados: la reintroducción debe realizarse de forma escalonada. Se recomienda comenzar por los yogures, continuar con queso fresco, después cuajada, posteriormente leche desnatada y, por último, leche entera y postres lácteos como flan o natillas.
  • Legumbres: deben introducirse de forma progresiva, comenzando por legumbres bien cocidas y trituradas, pasadas por batidora y pasapurés. Más adelante pueden consumirse trituradas únicamente con batidora y, si la tolerancia es buena, enteras.
  • Cereales: el arroz y las pastas pueden prepararse hervidos, en sopas con poco caldo o en seco, aliñados con una pequeña cantidad de aceite y hierbas aromáticas suaves.
  • Carnes y pescados: se aconseja su consumo cocidos, a la plancha, al horno o en papillote, evitando preparaciones grasas.
  • Huevos: pueden tomarse pasados por agua, cocidos o en tortilla, utilizando poca cantidad de aceite.
  • Grasas: el aceite más recomendable es el de oliva, empleándolo con moderación tanto en crudo como para cocinar.

Autores:

Dr. Robin Rivera Irigoin-min

Dr. Robin Rivera Irigoín

Hospital Costa del Sol, Marbella (Málaga).

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