¿Qué es la obesidad y por qué se produce?

La obesidad es una enfermedad crónica y compleja caracterizada por un exceso de grasa corporal que puede afectar la salud. Tradicionalmente se mide mediante el índice de masa corporal (IMC), considerando obesidad un IMC igual o superior a 30 kg/m². Sin embargo, esta medida no distingue entre masa muscular y grasa ni considera la distribución corporal, por lo que se recomienda complementarla con otros indicadores como la circunferencia de cintura y una valoración clínica individualizada.

El aumento de peso sostenido ocurre cuando se consumen más calorías de las que se gastan, pero esto es solo un factor. La obesidad surge de la interacción de factores genéticos, ambientales, culturales, conductuales y socioeconómicos. A nivel biológico, el cuerpo regula el peso mediante un sistema neuroendocrino que involucra tejido adiposo, tracto gastrointestinal, páncreas y cerebro, especialmente el hipotálamo, equilibrando hambre, saciedad y gasto energético. Alteraciones genéticas o exposiciones ambientales pueden favorecer la ganancia de peso.

El entorno moderno, llamado “ambiente obesogénico”, contribuye al aumento de obesidad mediante el fácil acceso a alimentos ultraprocesados, porciones grandes, sedentarismo, estrés crónico, falta de sueño y exposición a contaminantes hormonales. La genética y la epigenética también influyen en la predisposición a la obesidad, afectando el apetito, el metabolismo y el almacenamiento de grasa.

Por ello, la obesidad no debe considerarse solo como falta de fuerza de voluntad; es una condición compleja que requiere un enfoque integral para su prevención y tratamiento.

Tipos de obesidad según el impacto en la salud

  • Obesidad preclínica: exceso de grasa corporal sin signos evidentes de enfermedad, aunque con alto riesgo metabólico.
  • Obesidad clínica: acumulación de grasa que afecta órganos y sistemas, contribuyendo a diabetes tipo 2, hipertensión, problemas cardiovasculares o articulares.

El control de la obesidad no se logra solo con dietas restrictivas temporales, sino mediante un cambio integral en el estilo de vida: alimentación saludable, actividad física regular, vida social activa y cuidado de la salud mental. La atención debe centrarse en patrones dietéticos adecuados en cantidad, variedad y combinación de alimentos y bebidas, respetando preferencias culturales y asegurando seguridad nutricional.

Recomendaciones generales para una alimentación adecuada

  1. Incrementar el consumo de vegetales y frutas, que deben ocupar la mitad del plato en comidas principales. Se sugiere combinar vegetales crudos y cocidos, buscando color y variedad.
  2. Consumir proteínas saludables en cada comida: carnes magras, pescado, huevos, lácteos, legumbres y derivados, reduciendo carnes rojas y procesadas.
  3. Controlar las fuentes de energía (hidratos y grasas):
    • Priorizar tubérculos, granos enteros y cereales integrales, evitando versiones refinadas.
    • Consumir diariamente grasas saludables como aceite de oliva virgen extra, frutos secos, semillas y aguacate.
  4. Bebidas:
    • Priorizar agua, café y té.
    • Evitar bebidas azucaradas y alcohólicas.
    • Limitar leche y lácteos a una o dos raciones diarias.

El Plato para Comer Saludable (Harvard)

  • ½ del plato: verduras y frutas variadas, excluyendo las patatas como fuente principal de carbohidratos.
  • ¼ del plato: cereales integrales, evitando refinados.
  • ¼ del plato: proteínas saludables como pescado, aves, legumbres y frutos secos. Limitar carnes rojas y evitar procesadas.
  • Aceites saludables en cantidades moderadas.
  • Agua como bebida principal, evitando bebidas azucaradas y limitando los zumos.

La actividad física diaria es esencial para mantener un equilibrio energético y la salud general.

Consejos prácticos para implementar hábitos saludables

  • Planificación y compra: elaborar menús y listas de compra, evitando ir de compras con hambre. Revisar etiquetas y elegir productos más saludables.
  • Preparación de alimentos: preferir métodos de cocinado simples como al horno, al vapor, a la plancha o en papillote; evitar fritos, rebozados y salsas.
  • Saciedad y control de porciones:
    • Cocinar solo la cantidad necesaria.
    • Comer en un lugar específico, dedicando tiempo suficiente y sin distracciones externas.
    • Consumir alimentos ricos en fibra y en trozos grandes para favorecer la masticación y la saciedad.
    • Servir la comida en platos de tamaño adecuado y sin dejar fuentes de comida adicionales sobre la mesa.
    • Mantener una hidratación adecuada a lo largo del día, preferiblemente fuera de las comidas.

Mantener entre 3 y 5 comidas diarias, evitando saltarse el desayuno y otras comidas principales

Estrategias complementarias

  • Nutrición de precisión: personaliza la alimentación según genética, microbioma, metabolismo y composición corporal.
  • Cronobiología nutricional: respetar ritmos biológicos y horarios regulares de comidas, evitando ingestas nocturnas. El ayuno intermitente puede ser una herramienta complementaria.
  • Restricción calórica controlada: reducir entre un 10-25% de la ingesta habitual bajo supervisión profesional, preferiblemente combinando con dietas de alta calidad como la mediterránea o basada en plantas.

Es importante recordar que la obesidad puede estar influida por problemas de salud, digestivos, hormonales o metabólicos, y que aumentar agresivamente el déficit calórico puede ser perjudicial. Ante resultados insuficientes, es recomendable consultar a un especialista antes de modificar la dieta de manera drástica.

Contenido actualizado en 2025 por:

Dra. Pilar Esteban-min

Dra. Pilar Esteban

Médico especialista Ap. Digestivo.

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Cristina Calcerrada Peinado

Dietista-Nutricionista. Unidad de pruebas funcionales digestivas. Servicio de Aparato Digestivo. Institut de Recerca Hospital Vall d´Hebron

Contenido original por:

Dr. Robin Rivera Irigoin-min

Dr. Robin Rivera Irigoin

Hospital Costa del Sol, Marbella

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