Dieta mediterránea

La Dieta Mediterránea es un patrón alimentario de alimentación tradicional respaldado por una sólida evidencia científica. Se basa en el consumo abundante de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, utilizando el aceite de oliva virgen extra como principal fuente de grasa. Incluye de forma moderada pescado y marisco (especialmente pescado azul), además de aves, huevos y lácteos fermentados como yogur o queso. En cambio, recomienda limitar carnes rojas, dulces y productos ultraprocesados.

Más allá de lo que se come, este patrón alimentario también se entiende como un estilo de vida: prioriza el agua como bebida principal, apuesta por el uso de hierbas aromáticas e ingredientes como el ajo y cebolla para reducir el exceso de sal, propone la fruta fresca como postre habitual. El vino tinto forma parte de la tradición cultural mediterránea, pero actualmente no se recomienda su consumo con fines de salud. Su ingesta debe ser opcional y moderada. Además, promueve la actividad física regular y el disfrute de las comidas en compañía, disfrutadas con calma.

Gracias a este enfoque, la Dieta Mediterránea se asocia a beneficios como la prevención de enfermedades cardiovasculares, el mejor control del peso y una menor incidencia de diabetes, algunos tipos de cáncer y deterioro cognitivo, contribuyendo a una salud global más estable a largo plazo.

El Plato Harvard, la clasificación NOVA y la Dieta Mediterránea no son enfoques excluyentes, sino complementarios.

En conjunto, proponen:

  • Priorizar alimentos reales y poco procesados
  • Cuidar la calidad de los hidratos de carbono
  • Elegir grasas saludables
  • Mantener un estilo de vida activo
  • Reducir ultraprocesados sin caer en la restricción extrema

Este enfoque favorece una alimentación sostenible, flexible y adaptada a la vida real.

Revisado por:

Cristina Calcerrada Peinado

Cristina Calcerrada

Comité de Nutrición FEAD

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