La cirrosis es una enfermedad que afecta al hígado y puede modificar la forma en que el organismo aprovecha los alimentos. Muchas personas con cirrosis presentan un riesgo elevado de desnutrición y de pérdida de masa muscular, lo que puede empeorar su estado de salud general. Por este motivo, seguir una alimentación adecuada y equilibrada resulta clave para encontrarse mejor y reducir la aparición de complicaciones.
Cirrosis hepática
Recomendaciones nutricionales para las personas con cirrosis hepática
¿Por qué la alimentación es tan importante en la cirrosis?
El hígado interviene en la digestión, en el almacenamiento de energía y en numerosas funciones esenciales para el organismo. Cuando este órgano está dañado por la cirrosis, su capacidad para cumplir estas funciones se ve limitada, lo que repercute directamente en el estado nutricional del paciente.
Uno de los problemas más habituales en la cirrosis es la desnutrición, que puede aparecer incluso en personas con peso normal o con obesidad. Esta situación puede dar lugar a:
- Sensación persistente de cansancio o debilidad
- Pérdida de masa muscular, especialmente visible en brazos, piernas y cara.
- Mayor susceptibilidad a infecciones.
- Recuperación más lenta ante enfermedades o procesos intercurrentes.
En fases más avanzadas puede desarrollarse sarcopenia, que implica una pérdida progresiva de fuerza y masa muscular y afecta de forma significativa a la calidad de vida.
Principales causas de desnutrición en la cirrosis
La desnutrición en la cirrosis suele deberse a la combinación de varios factores, entre los que destacan:
- Menor ingesta de alimentos
La presencia de ascitis, es decir, acumulación de líquido en el abdomen, puede provocar sensación de llenado precoz tras comer pequeñas cantidades. A esto se suma la falta de apetito, que en ocasiones está relacionada con la medicación o con alteraciones del gusto por déficits de vitamina B12, ácido fólico, hierro o zinc. Además, la confusión o somnolencia asociada a la encefalopatía hepática puede llevar a saltarse comidas. - Alteraciones en la digestión y absorción
El hígado produce sustancias necesarias para digerir las grasas y absorber correctamente los nutrientes. Cuando existe cirrosis, esta función se reduce y pueden aparecer carencias nutricionales. - “Ayuno acelerado”
Al disminuir la capacidad del hígado para almacenar energía en forma de glucógeno, el organismo recurre antes a las reservas de músculo y grasa cuando pasan varias horas sin comer. Por ello, en la cirrosis es fundamental evitar periodos prolongados de ayuno. - Aumento de las necesidades energéticas
En algunos pacientes con cirrosis el metabolismo está acelerado, lo que implica una mayor demanda de calorías y proteínas para mantener un buen estado de salud.
Objetivos de una alimentación adecuada
Una nutrición correcta en personas con cirrosis puede contribuir a:
- Conservar la masa muscular
- Disminuir el riesgo de infecciones
- Favorecer una mejor cicatrización
- Reducir la retención de líquidos, como ascitis o edemas
- Mejorar la energía diaria y la calidad de vida
Recomendaciones nutricionales generales
Ingesta energética
Se aconseja una ingesta diaria de entre 30 y 35 kcal por kilo de peso corporal en personas con peso normal. En situaciones de desnutrición o cuando existen complicaciones, las necesidades pueden aumentar hasta 35–40 kcal/kg/día, calculadas sobre el peso seco, sin tener en cuenta el líquido retenido. En personas con obesidad, la pauta debe individualizarse junto al equipo sanitario, evitando restricciones innecesarias de proteínas.
Como referencia, una persona de 70 kg necesitaría aproximadamente entre 2100 y 2450 kcal al día.
Ingesta de proteínas
La recomendación general es consumir entre 1,2 y 1,5 g de proteínas por kilo de peso ideal al día. No se aconseja reducir la cantidad de proteínas, ni siquiera en pacientes con encefalopatía hepática.
Así, una persona de 70 kg debería tomar entre 84 y 105 g de proteínas diarias.
Entre los alimentos ricos en proteínas se incluyen las carnes magras como pollo, pavo o conejo, preferibles a las carnes rojas por su mejor digestibilidad y menor contenido en grasas saturadas, así como pescado, huevos, legumbres, lácteos como leche, yogur o queso fresco, y fuentes vegetales como tofu o tempeh. Estas últimas son especialmente recomendables en la cirrosis, sobre todo en casos de encefalopatía hepática, por su mejor tolerancia y su efecto beneficioso sobre la microbiota intestinal.
Encefalopatía hepática y consumo de proteínas
En personas con encefalopatía hepática se recomienda mantener una ingesta adecuada de proteínas y no restringirlas. Es preferible priorizar las proteínas de origen vegetal y los lácteos, ya que suelen ser mejor tolerados y generan menor carga de amonio. También es importante repartir el consumo de proteínas a lo largo del día, incluyéndolas en todas las comidas.
Ejemplos de alimentos ricos en proteína vegetal de mayor a menor por 100 gr de alimentos
Productos a base de soja
- Tempeh: 19 g
- Soja hervida: 14 g
- Edamame: 12 g
- Miso: 12 g
- Tofu: 8 g
- Bebida de soja: 3 g
- Yogur de soja: 2 g
Cereales y granos enteros
- Seitán: 24 g
- Copos de cereal integral: 15 g
- Copos de avena: 13 g
- Pan integral: 8 g
- Quinoa: 4 g
- Pasta blanca hervida: 4 g
- Trigo sarraceno: 3 g
- Arroz integral hervido: 3 g
- Arroz blanco hervido: 2 g
Semillas
- Pipas de calabaza: 30,2 g
- Pipas de girasol: 27 g
- Sésamo: 19
- Lino: 18,3 g
- Amapola: 18 g
- Chía: 16,5 g
Frecuencia y distribución de las comidas
Se recomienda repartir la alimentación a lo largo del día, realizando entre 4 y 6 tomas diarias, con el objetivo de evitar periodos prolongados sin comer.
Además, es aconsejable incorporar una colación antes de dormir que aporte hidratos de carbono, en torno a 50 g, junto con proteínas. Esta estrategia ayuda a prevenir la pérdida de masa muscular durante la noche y contribuye a un mejor mantenimiento del estado nutricional.
2 rebanadas de pan integral con queso fresco o mermelada a elección o crema de cacahuete + 1 vaso de zumo de naranja
| Sándwich de queso o jamón + 1 pieza de manzana o en zumo
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Arroz con leche (1 taza de 250 ml de leche + ½ taza de arroz crudo + esencias a gusto) à no olvidar llevar a cocción
| Leche con plátano (1 plátano grande + 1 taza de 200 ml de leche)
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Leche con avena (1 taza de 200 ml de leche + 4 cucharadas de copos de avena)
| Yogur con avena y fruta (1 yogur + 3 cucharadas de copos de avena + fruta a elección picada)
|
2 barras de cereal
| Suplemento nutricional indicado por profesional sanitario |
Liver disease and diet. Department of Nutrition and Dietetics. University Hospitals Coventry and Warwickshire. NHS. www.uhcw.nhs.uk
Azúcares y grasas saludables
Es aconsejable moderar la ingesta de azúcares simples, como los presentes en refrescos, bollería, zumos industriales o golosinas, ya que su consumo habitual favorece la acumulación de grasa en el hígado y puede aumentar el riesgo de alteraciones metabólicas.
En cuanto a las grasas, se recomienda priorizar aquellas consideradas saludables. Entre ellas se incluyen las grasas monoinsaturadas, presentes en el aceite de oliva virgen extra, el aguacate, las aceitunas, el cacahuete o la soja, así como las grasas poliinsaturadas, que se encuentran en los pescados azules como el salmón, la caballa, el atún, las anchoas o las sardinas, y en semillas como la chía, el lino o la calabaza.
Por el contrario, conviene limitar o evitar las grasas saturadas, típicas de la bollería, los embutidos y las carnes grasas, así como las grasas trans, frecuentes en productos ultraprocesados.
Si aparece sensación de llenado precoz por ascitis
En algunas personas con cirrosis, la presencia de líquido en el abdomen puede provocar que el estómago tenga menos espacio, generando sensación de saciedad con pequeñas cantidades de comida. En estas situaciones puede resultar útil:
- Realizar comidas de menor volumen cada 2 a 4 horas en lugar de pocas ingestas abundantes.
- Tomar líquidos entre las comidas, evitando beber durante la ingesta y reduciendo las bebidas con gas, que incrementan la sensación de hinchazón.
- Disminuir el consumo de bebidas que reducen el apetito, como el café o el té, especialmente cerca de las comidas principales.
Disminución del consumo de sal
En la cirrosis es frecuente la retención de líquidos, lo que puede favorecer la aparición de ascitis y edemas. Para minimizar este problema se aconseja:
- No añadir sal durante la preparación ni en la mesa.
- Evitar productos ultraprocesados como sopas preparadas, salsas comerciales, platos listos para consumir, snacks y similares.
- Revisar el etiquetado de los alimentos y optar por aquellos con indicaciones de bajo contenido en sodio o sin sal añadida.
- Limitar alimentos con alto contenido en sal, como embutidos, productos ahumados y carnes procesadas.
Conviene recordar que algunos medicamentos, tanto recetados como de venta libre, especialmente los efervescentes, pueden aportar cantidades elevadas de sodio.
Ideas para dar sabor a las comidas sin añadir sal
- Utilizar especias, hierbas aromáticas o zumo de limón para condimentar carnes y pescados.
- Aliñar ensaladas con aceite de oliva y vinagre.
- Incorporar condimentos como pimienta, cúrcuma, comino, ajo, jengibre o guindilla, según tolerancia.
Vitaminas y minerales: necesidad de suplementación
En personas con cirrosis es relativamente habitual encontrar déficits de vitaminas liposolubles como A, D, E y K, de vitaminas del grupo B, especialmente la B1, y de minerales como zinc, magnesio o selenio.
Antes de iniciar cualquier suplemento es imprescindible consultar con un profesional sanitario, quien valorará la necesidad real mediante análisis y control clínico.
Actividad física y mantenimiento de la masa muscular
Junto a una alimentación adecuada, la actividad física desempeña un papel clave para prevenir la pérdida de masa y fuerza muscular. En general se recomienda:
- Mantenerse activo caminando, si es posible, al menos unos 5.000 pasos al día.
- Realizar ejercicios de fuerza adaptados, como subir escaleras, sentadillas suaves o el uso de bandas elásticas.
En caso de haber presentado complicaciones recientes, como una hemorragia digestiva, es importante consultar previamente con el equipo médico antes de iniciar o intensificar la actividad física.
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Autor:

Dra. Francisca Yáñez Araya
Dietista-Nutricionista.
Unidad de pruebas funcionales digestivas. Servicio de Aparato Digestivo. Institut de Recerca Hospital Vall d´Hebron.


