Colitis ulcerosa

Colitis ulcerosa

¿Qué es?

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta de forma continua y prácticamente exclusiva a la mucosa del colon. Se considera que fue descrita por primera vez por el Dr. Samuel Wilks en 1859.

La inflamación empieza en el recto y progresa hacia el resto del colon sin dejar zonas libres, deteniéndose de manera brusca en la válvula ileocecal. Habitualmente no afecta al intestino delgado; si aparece inflamación en el íleon distal, suele ser leve y debida a extensión de la inflamación desde el colon, lo que se denomina “ileitis por reflujo”.

Se caracteriza por una inflamación limitada a la mucosa, con erosiones y úlceras que sangran con facilidad. Los síntomas típicos incluyen diarrea con sangre, pujos con moco o pus, dolor abdominal, sensación de evacuación incompleta y, en ocasiones, fiebre.

Estas particularidades permiten diferenciarla de la enfermedad de Crohn, otra forma de enfermedad inflamatoria intestinal con la que a veces puede confundirse. Hay casos en los que predominan rasgos mixtos y no es posible clasificar la enfermedad como colitis ulcerosa o Crohn; en estas situaciones se utiliza el término colitis indeterminada.

La inflamación no siempre afecta a todo el colon. Según la extensión, se distinguen varios subtipos:

  • Proctitis (30–40%): inflamación limitada al recto. Cuando incluye también el sigma, se denomina proctosigmoiditis.

  • Colitis izquierda (30–40%): llega hasta el ángulo esplénico.

  • Pancolitis o colitis extensa (20%): se extiende más allá del ángulo esplénico. En revisiones recientes se ha eliminado el antiguo término “colitis subtotal”.


Conocer la extensión es fundamental porque condiciona el tipo de tratamiento a emplear, ya que existen fármacos con diferentes vías de administración (oral o rectal) y efectos dirigidos a regiones concretas del intestino.

El curso de la enfermedad suele ser variable, alternando brotes de actividad con periodos de remisión. La frecuencia, duración y gravedad de estos brotes es imprevisible, pudiendo variar mucho entre pacientes e incluso en la misma persona a lo largo del tiempo. Por eso es importante no alarmarse por casos especialmente graves, ya que no necesariamente representan lo que ocurrirá en cada paciente.

¿Cuáles son sus causas?

En la actualidad no se conoce una causa específica para la colitis ulcerosa, motivo por el que también se clasifica como colitis ulcerosa idiopática.

Existen otros procesos que provocan inflamación y úlceras en la mucosa intestinal y en los que sí se identifica una causa concreta, como ocurre en las colitis infecciosas, las colitis isquémicas (por falta de riego sanguíneo) o las colitis secundarias a medicamentos o radioterapia (colitis actínica).

La hipótesis más aceptada apunta a un origen multifactorial, donde intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales. En personas genéticamente predispuestas existiría una alteración en la regulación de la respuesta inmune frente a la microbiota intestinal y frente a otros antígenos presentes en el interior del intestino, dando lugar a una inflamación persistente.

Síntomas de la colitis ulcerosa

Los síntomas de la colitis ulcerosa pueden dividirse en intestinales y extraintestinales.

Intestinales

Dado que la colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica localizada en el colon, las molestias principales derivan de esa inflamación. Lo habitual es que la enfermedad curse en brotes, alternando periodos de actividad con fases de pocos síntomas o incluso ausencia de ellos.

El síntoma más característico es la sangre en las heces, presente en alrededor de 9 de cada 10 pacientes. La intensidad de los síntomas depende tanto de la extensión como de la gravedad de la inflamación.

Es frecuente que aparezcan:

  • Diarrea o deposiciones poco formadas, con sangre y/o mucosidad.

  • Urgencia rectal, necesidad intensa de defecar con escasa capacidad de retener.

  • Tenesmo, sensación constante de querer evacuar sin alivio tras la deposición.

  • Expulsión de gases con moco y sangre, a veces sin apenas heces (“esputos rectales”).

  • Dolor abdominal, generalmente tipo retortijón.

¿Cuáles son los síntomas más comunes en un brote leve?

En un brote leve pueden observarse:

  • Sangrado rectal intermitente
  • Emisión de moco
  • Diarrea leve (menos de 4 deposiciones al día)
  • Dolor abdominal tipo cólico

¿Cuáles son los síntomas de un brote moderado o grave?

A los síntomas anteriores se pueden sumar:

  • Anemia
  • Dolor abdominal más intenso o incapacitante
  • Fiebre
  • Pérdida de peso

¿Qué síntomas extraintestinales produce?

En ocasiones, sobre todo en fases más agresivas de la enfermedad, pueden aparecer:

  • Fiebre, taquicardia, pérdida de peso, náuseas o vómitos
  • Dolor articular
  • Inflamación ocular (epiescleritis)
  • Lesiones cutáneas dolorosas en las piernas (eritema nodoso)

¿Siempre que tenga diarrea y/o sangre significa que tengo una colitis ulcerosa?

No. Tener diarrea, incluso con sangre, no implica necesariamente padecer colitis ulcerosa.

Existen muchas causas que pueden provocar síntomas similares, como:

  • Gastroenteritis infecciosas
  • Hemorroides
  • Pólipos en el colon
  • Enfermedad celíaca
  • Problemas endocrinos
  • Determinados medicamentos
  • Trastornos de malabsorción
  • Patología del páncreas

Además, episodios de dolor tipo retortijón con diarrea pueden deberse a un síndrome de intestino irritable o a una intolerancia a la lactosa.

Para identificar correctamente el origen de los síntomas, es fundamental que el paciente consulte con su médico.

¿Cómo se diagnóstica la colitis ulcerosa?

En la colitis ulcerosa no existe un síntoma único ni una prueba específica que confirme por sí sola la enfermedad. Por eso, el diagnóstico se establece mediante la combinación de los síntomas, los hallazgos obtenidos en la colonoscopia y el resultado de las biopsias.

Los síntomas más habituales son la diarrea con sangre, a menudo acompañada de mucosidad, y el dolor abdominal. En algunos casos puede presentarse fiebre, aunque ninguno de estos signos es exclusivo de la colitis ulcerosa.

Los análisis de sangre no diagnostican la enfermedad, pero sí ayudan a detectar complicaciones, como la anemia, y a valorar la actividad inflamatoria mediante los llamados reactantes de fase aguda (como la PCR). En las heces puede analizarse la calprotectina, una proteína producida por los glóbulos blancos cuyo aumento indica inflamación intestinal.

La colonoscopia es la prueba fundamental. Permite observar directamente la mucosa del colon y ayuda a definir la extensión de la enfermedad:

  • Colitis distal cuando afecta solo al recto.
  • Colitis izquierda si se extiende por el colon izquierdo.
  • Pancolitis cuando compromete todo el colon.


Durante la exploración se toman biopsias de las zonas inflamadas. En casos de inflamación muy severa, realizar una colonoscopia completa puede ser arriesgado, por lo que suele optarse por una rectosigmoidoscopia o colonoscopia izquierda para visualizar la zona afectada y obtener muestras.

El estudio histológico (el análisis microscópico de las biopsias) muestra alteraciones típicas de la colitis ulcerosa, aunque no son exclusivas, por lo que es esencial integrar la información clínica, analítica, endoscópica e histológica para llegar al diagnóstico adecuado.

Las pruebas radiológicas no reemplazan a la colonoscopia. Aun así, una radiografía simple de abdomen puede ser útil en situaciones graves, como cuando se sospecha un megacolon tóxico, ya que permite identificar una dilatación importante del colon.

Tratamiento para la colitis ulcerosa

En la actualidad no disponemos de un tratamiento que cure de forma definitiva la colitis ulcerosa, pero sí contamos con distintos fármacos y procedimientos capaces de controlar la enfermedad. El abanico de opciones terapéuticas ha ido creciendo con los años.

Entre los tratamientos utilizados se incluyen:

  • Salicilatos: sulfasalazina, mesalazina.

  • Antibióticos.

  • Corticoides:
    • De acción sistémica: hidrocortisona, prednisona, metilprednisolona, deflazacort y dexametasona.
    • De acción tópica: beclometasona dipropionato, budesonida.

  • Inmunomoduladores o inmunosupresores:
    • Tiopurínicos: azatioprina y mercaptopurina.

    • Metotrexato.

    • Calcineurínicos: ciclosporina y tacrolimus.

  • Pequeñas moléculas:
    • Inhibidores de la JAK-quinasa: tofacitinib.

  • Terapias biológicas:
    • Anti-TNF: infliximab, adalimumab y golimumab.

    • Anti-integrinas: vedolizumab.

    • Anti-interleucinas 12 y 23: ustekinumab.

  • Granulocitoaferesis.

  • Tratamiento quirúrgico.


¿Qué son los salicilatos?

También se conocen como aminosalicilatos. Dentro de este grupo están la mesalazina (5-ASA) y la sulfasalazina. Son fármacos antiinflamatorios que actúan sobre la mucosa intestinal y suelen representar el primer escalón de tratamiento en brotes leves o moderados, además de utilizarse con frecuencia para el mantenimiento de la colitis ulcerosa.

Pueden administrarse por vía oral (comprimidos, cápsulas, granulados) o por vía rectal (supositorios, espumas, enemas). Las presentaciones rectales se emplean cuando la inflamación está limitada al colon izquierdo (colon descendente, sigma y recto). En algunos casos es necesario combinar ambas vías, oral y rectal.

Es importante no suspender el fármaco cuando el brote se controla, ya que se ha demostrado que reduce el riesgo de recaídas y podría ejercer un efecto protector frente al cáncer de colon.

¿Se pueden usar los antibióticos en el tratamiento de la colitis ulcerosa?

Los antibióticos se reservan para situaciones complicadas, como la presencia de fístulas, abscesos o la llamada reservoritis/cuffitis (inflamación del intestino remanente tras una cirugía con extirpación del colon).

Los más utilizados son metronidazol, ciprofloxacino y rifaximina, que pueden administrarse solos o en combinación.

¿Qué papel tienen los corticoides?

Los corticoides o glucocorticoides son potentes antiinflamatorios que resultan muy eficaces para controlar los brotes de actividad. Se pueden administrar por vía oral, intravenosa o rectal, durante varias semanas, reduciendo la dosis de forma progresiva hasta intentar suspenderlos.

Dentro de este grupo se distinguen:

  • Corticoides de acción sistémica: hidrocortisona, prednisona, metilprednisolona, deflazacort y dexametasona.

  • Corticoides de acción tópica: beclometasona dipropionato, budesonida.


Los fármacos de acción sistémica pueden producir efectos adversos como acné, aumento del vello corporal, aparición de estrías, nerviosismo, insomnio, diabetes, cataratas u osteoporosis. La mayoría de estos efectos remiten al suspender el tratamiento. Para prevenir la osteoporosis suele añadirse calcio y vitamina D desde el inicio.

Los corticoides de acción tópica, al tener menos absorción sistémica, presentan un perfil de efectos secundarios mucho menor.

Según la respuesta al tratamiento se distinguen:

  • Corticorresistencia: cuando, a pesar de administrar corticoides, no se consigue mejoría.

  • Corticodependencia: cuando inicialmente hay buena respuesta, pero los síntomas reaparecen al reducir o suspender el corticoide o poco tiempo después.


En estas situaciones se plantea pasar a otros tratamientos, como los inmunosupresores o las terapias biológicas.

¿Qué son los inmunosupresores?

Los inmunosupresores o inmunomoduladores son medicamentos que regulan el sistema inmunitario con el objetivo de lograr un control mantenido de la colitis ulcerosa. Se utilizan habitualmente como segundo escalón, cuando los corticoides no son eficaces (corticorresistencia) o no se pueden retirar sin que reaparezcan los síntomas (corticodependencia).

Los principales son:

  • Inmunomoduladores tiopurínicos: azatioprina y mercaptopurina: Son fármacos seguros, pero requieren controles analíticos periódicos para detectar de forma precoz posibles efectos no deseados, como anemia, leucopenia o alteraciones hepáticas (hepatitis medicamentosa). De forma más infrecuente pueden provocar pancreatitis aguda.
Su principal limitación es que el efecto no es inmediato: suelen necesitarse unas 12 semanas para apreciar el beneficio completo.
  • Ciclosporina (calcineurínico): Se administra de forma intravenosa en brotes graves sin respuesta a corticoides, en pacientes que no han recibido previamente azatioprina o mercaptopurina. Una vez controlado el brote agudo, se pasa a la vía oral, asociada a corticoides y tiopurínicos. Si la respuesta se mantiene, se retiran progresivamente ciclosporina y corticoides, continuando solo con azatioprina o mercaptopurina.
  • Tacrolimus (calcineurínico): Puede administrarse por vía oral o en forma de enemas. La evidencia disponible es todavía limitada, aunque apunta a resultados favorables; por ello se reserva para situaciones concretas.
  • Metotrexato: Los datos actuales indican que no tiene un papel claro en el manejo de la colitis ulcerosa.

¿Qué son las pequeñas moléculas?

En este grupo se incluye el tofacitinib, un inhibidor de las Janus quinasas (JAK), enzimas implicadas en la cascada inflamatoria y en la producción de distintas interleucinas (IL). El tofacitinib bloquea preferentemente JAK-1 y JAK-3, impidiendo la formación de IL-2, IL-4, IL-15 e IL-21 y dificultando la activación y diferenciación de linfocitos T responsables de la inflamación.

Tiene la ventaja de administrarse por vía oral, a dosis de 5–10 mg cada 12 horas, con un inicio de acción rápido. Se utiliza en brotes moderados-graves.

¿Qué son las terapias biológicas?

La introducción de los fármacos biológicos ha supuesto un cambio importante en el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal. Son medicamentos obtenidos mediante ingeniería genética a partir de cultivos celulares y actúan bloqueando de forma selectiva moléculas clave de la inflamación.

Su acción va dirigida a una diana específica dentro del sistema inmunitario. Aunque no curan la enfermedad, pueden conseguir la desaparición de los síntomas y la cicatrización de la mucosa intestinal.

Además de en EII, se emplean en otras enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide o la psoriasis.

¿De qué fármacos biológicos disponemos?

Para colitis ulcerosa están aprobados varios grupos según su mecanismo de acción:

  • Anti-TNF:
    • Infliximab

    • Adalimumab

    • Golimumab

  • Anti-integrinas:
    • Vedolizumab

  • Anti-interleucinas 12 y 23:
    • Ustekinumab


Fármacos biológicos de la familia anti-TNF:

  • Infliximab: Es un anticuerpo dirigido contra el TNF-α. Se administra por vía intravenosa en el hospital, normalmente en unidades de hospital de día. El esquema habitual de inducción es en las semanas 0, 2 y 6, seguido de dosis de mantenimiento cada 8 semanas. Según la evolución se puede ajustar aumentando la dosis o acortando el intervalo entre infusiones. Se están desarrollando formulaciones subcutáneas con resultados prometedores.
  • Adalimumab: Tiene el mismo mecanismo de acción que infliximab, pero se administra por vía subcutánea mediante jeringas precargadas, que la propia persona puede aplicarse en casa. El esquema suele ser: 160 mg como dosis inicial, 80 mg a las 2 semanas y después 40 mg cada 2 semanas como mantenimiento. En caso necesario se puede incrementar la dosis o acortar el intervalo.
  • Golimumab
: Actúa de forma similar a los anteriores y también se administra por vía subcutánea con jeringas precargadas. El esquema de inducción habitual es 200 mg en la semana 0 y 100 mg en la semana 2. Para el mantenimiento, si el peso es menor de 80 kg se utilizan 50 mg cada 4 semanas y, si es mayor de 80 kg, 100 mg cada 4 semanas.

Los anti-TNF pueden emplearse en brotes moderados-graves, tanto como primera línea biológica como en personas que han perdido respuesta o presentado efectos adversos con otros biológicos.

Fármacos biológicos de la familia de las anti-integrinas

  • Vedolizumab: Es un anticuerpo monoclonal que bloquea la integrina α4β7 presente en ciertos linfocitos T. Se administra por vía intravenosa en el hospital: 300 mg en las semanas 0, 2 y 6 (inducción) y después 300 mg cada 8 semanas (mantenimiento).
    Su efecto puede tardar algo más en apreciarse que el de los anti-TNF, pero tiene un excelente perfil de seguridad, con muy bajo riesgo de infecciones oportunistas. Como contrapartida, es menos eficaz para controlar las manifestaciones extraintestinales. Se usa en brotes moderados-graves, tanto en pacientes naïve a biológicos como en quienes han perdido respuesta o han tenido reacciones adversas a otros fármacos.

Fármacos biológicos de la familia de las anti-interleukinas

  • Ustekinumab: Es un anticuerpo monoclonal frente a las interleucinas IL-12/23, que actúa bloqueando sus receptores en las células del sistema inmune. La dosis de inducción se administra por vía intravenosa, ajustada al peso (6 mg/kg), y posteriormente se continúa con 90 mg por vía subcutánea cada 8 semanas como mantenimiento.
    Presenta un muy buen perfil de seguridad y eficacia y, al igual que vedolizumab, puede utilizarse en brotes moderados-graves tanto en pacientes sin biológicos previos como en aquellos que han fracasado o no toleran otros.

¿Dónde se usan los biológicos? ¿cuál sería el orden de uso?

Estos tratamientos suelen ser manejados por equipos expertos, en situaciones en las que la enfermedad no se controla con fármacos convencionales

(aminosalicilatos, corticoides, inmunosupresores) o cuando el cuadro clínico es especialmente grave y requiere una intervención más intensa.

Actualmente, los fármacos más utilizados son los anti-TNF (infliximab, adalimumab, golimumab), por la amplia experiencia acumulada y su buen perfil de seguridad. La posición de las nuevas moléculas (vedolizumab, ustekinumab, tofacitinib) dentro de los algoritmos terapéuticos se sigue definiendo.

Un avance importante ha sido el desarrollo de Unidades Monográficas de EII, donde los pacientes son valorados por profesionales especializados que individualizan el tratamiento según las características y necesidades de cada persona.

¿Qué es la granulocitoaferesis o aféresis linfocitaria?

La granulocitoaferesis (o aféresis linfocitaria) consiste en filtrar la sangre del paciente de forma similar a una “diálisis”, eliminando determinadas células del sistema inmune —granulocitos y monocitos— mediante un filtro de diacetato de celulosa.

Se ha empleado en distintas enfermedades. Además de en la EII, existe experiencia especialmente en artritis reumatoide.

En colitis ulcerosa puede considerarse en:

  • Pacientes corticodependientes en los que se inicia tratamiento con azatioprina: se utiliza como terapia puente mientras el inmunosupresor empieza a hacer efecto, o cuando hay intolerancia o falta de respuesta a azatioprina.

  • Población pediátrica.

  • Algunos casos corticorrefractarios (sin respuesta a corticoides) siempre que la situación clínica no sea tan grave como para requerir fármacos más agresivos.

  • Personas en las que están contraindicados corticoides, inmunosupresores o biológicos.


¿Qué papel tiene el tratamiento quirúrgico en la colitis ulcerosa?

La cirugía se plantea en dos contextos principales:

  • Cirugía programada, cuando han fracasado las opciones médicas o cuando en una colonoscopia de vigilancia aparecen lesiones tumorales o precancerosas (displasia) que no pueden tratarse endoscópicamente.

  • Cirugía urgente, necesaria en complicaciones graves como hemorragia masiva, megacolon tóxico sin respuesta al tratamiento, perforación de colon o algunos abscesos abdominales que no se controlan con antibióticos y drenaje percutáneo.


¿Qué tipo de cirugía se puede realizar?

Según la situación clínica, las características del paciente y la decisión consensuada con el equipo médico, pueden realizarse distintas intervenciones:

  • Colectomía o proctocolectomía total con ileostomía.
Se extirpa el colon y, en ocasiones, también el recto (proctocolectomía). Se exterioriza el íleon a la piel mediante un estoma por el que salen las heces, que se recogen en una bolsa adhesiva. Suele indicarse cuando no es posible realizar una anastomosis (unión) entre íleon y ano, por ejemplo, en casos de incontinencia anal o en algunas cirugías urgentes.

  • Proctocolectomía con anastomosis ileo-anal y reservorio
. Se resecan colon y recto enfermos, pero se conservan los esfínteres anales para mantener la continencia. Con el intestino delgado se construye un reservorio de íleon (una especie de bolsa interna) que se conecta al ano. En muchos casos se realiza de forma temporal una ileostomía de protección, que se cierra tras unos meses, una vez comprobado que el reservorio funciona correctamente.


El trasplante fecal, ¿es útil en la colitis ulcerosa?

El trasplante fecal consiste en administrar heces procedentes de un donante sano, sin colitis ulcerosa ni enfermedad de Crohn, seleccionado mediante criterios muy estrictos. El material se puede introducir a través de una sonda nasoyeyunal o mediante colonoscopia.

La idea es que la flora intestinal del donante ayude a restablecer el equilibrio de la microbiota del paciente y así modifique la respuesta inmunitaria. Sin embargo, en la prática hay muchas incógnitas: en las heces hay multitud de bacterias, virus, material genético y sustancias químicas cuya interacción todavía no se conoce bien.

En este momento, la única patología en la que el trasplante fecal ha demostrado claramente su eficacia es la colitis por Clostridioides difficile. En la enfermedad

inflamatoria intestinal aún se necesitan muchos estudios para identificar qué componentes (bacterias concretas o metabolitos) son realmente útiles y en qué contextos podría aplicarse.

Por ello, el trasplante fecal en colitis ulcerosa se considera todavía una terapia experimental, limitada al ámbito de ensayos clínicos controlados.

Bibliografía

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  • F; Grupo Espanol de Trabajo de Enfermedad de Crohn; Colitis Ulcerosa o Spanish Group for Working on Crohn’s Disease and Ulcerative Colitis (GETECCU). GETECCU 2020 guidelines for the treatment of ulcerative colitis. Developed using the GRADE approach. Gastroenterol Hepatol. 2020 Aug;43 Suppl 1:1-57. English, Spanish. doi: 10.1016/j.gastrohep.2020.07.001.
  • Gomollon F, Hinojosa J, Gassull MA.(2020). Enfermedad Inflamatoria Intestinal (4a Edicion). Editorial Ergon.

Consulta más información en el siguiente enlace: Recomendaciones nutricionales

Embarazo y colitis ulcerosa

Un porcentaje elevado de personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), tanto colitis ulcerosa como enfermedad de Crohn, recibe el diagnóstico en edad fértil. Esto hace que surjan dudas frecuentes sobre cómo puede influir la enfermedad, y su tratamiento, en la concepción, el embarazo y el parto. A continuación, se abordan algunas de las preguntas más habituales que se plantean en las consultas de EII.

¿Puedo transmitir la enfermedad a mi descendencia?

Las causas que originan la Enfermedad Inflamatoria Intestinal no se conocen por completo. La teoría más aceptada actualmente señala que la enfermedad aparece en personas con una predisposición genética sobre la que actúan factores ambientales, la microbiota intestinal y el sistema inmunitario.

El componente genético es complejo y en él participan múltiples genes. No se conocen todos los implicados ni cómo interactúan entre sí. Aun así, se sabe que el riesgo de desarrollar EII es mayor en personas con antecedentes familiares.

En el caso de la enfermedad de Crohn, si uno de los progenitores la padece, el riesgo de que la descendencia la desarrolle es aproximadamente del 5%. Cuando uno de los padres tiene colitis ulcerosa, este riesgo se sitúa en torno al 2%. Si ambos progenitores presentan alguna de estas enfermedades, la probabilidad de transmisión puede alcanzar el 30%.

¿Estas enfermedades afectan a mi fertilidad?

Las personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal que se encuentran en remisión y no han sido sometidas a cirugía presentan tasas de fertilidad similares a las de la población general.

En las mujeres que han pasado por cirugías intestinales previas, como resecciones ileocecales o la creación de reservorios ileoanales, pueden formarse adherencias que afecten a las trompas de Falopio y dificulten la concepción. En los hombres que han sido sometidos a una colectomía con reservorio ileoanal, pueden aparecer de forma secundaria problemas de disfunción eréctil o eyaculación retrógrada.

Durante los brotes inflamatorios es frecuente una disminución del deseo sexual. Además, los déficits nutricionales y de micronutrientes pueden influir en la calidad del esperma en los hombres y provocar alteraciones del ciclo menstrual en las mujeres.

En general, la mayoría de los tratamientos utilizados en la EII no disminuyen la fertilidad. Una excepción es la sulfasalazina en varones, ya que puede afectar a la cantidad y movilidad de los espermatozoides. Este efecto es reversible al suspender el fármaco.

¿Cómo puede evolucionar la enfermedad durante el embarazo?

El embarazo, por sí mismo, no actúa ni como factor protector ni como desencadenante de la progresión de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

El elemento clave para prever cómo evolucionará la enfermedad durante la gestación es el estado clínico en el momento de la concepción:

  • Si la mujer se encuentra en remisión, la probabilidad de mantenerse sin actividad durante el embarazo es del 75%.

  • Si la concepción se produce en un periodo de brote, existe también un 75% de probabilidad de que la actividad inflamatoria persista.


Por este motivo, siempre que sea posible, se recomienda planificar el embarazo en una fase de remisión clínica.

¿Mi embarazo tendrá un curso más difícil?

Cuando el embarazo transcurre en un contexto de remisión clínica, no se observa un aumento significativo del riesgo de aborto espontáneo, bajo peso al nacer, mortalidad neonatal ni complicaciones gestacionales como la preeclampsia o la eclampsia.

Sin embargo, si existe actividad inflamatoria durante la gestación, el riesgo de aborto espontáneo, bajo peso neonatal, muerte neonatal y complicaciones obstétricas es mayor.

¿Qué medicamentos puedo tomar durante el embarazo?

La planificación del embarazo es fundamental para hacerlo coincidir con un periodo de estabilidad de la enfermedad y poder ajustar el tratamiento de forma segura. El objetivo es mantener aquellos fármacos que permiten conservar la remisión y evitar tanto las complicaciones de la EII como los riesgos asociados a la medicación.

El equipo médico irá adaptando el tratamiento en función de la evolución clínica y de las necesidades que puedan surgir.

Antibióticos
  • Amoxicilina-clavulánico: riesgo bajo. Es el antibiótico de elección durante el embarazo.

  • Ciprofloxacino y metronidazol: evitar en el primer trimestre. Pueden utilizarse durante periodos cortos si es imprescindible, por ejemplo en enfermedad perianal.
  • Rifaximina: contraindicada por su efecto teratogénico.

Aminosalicilatos
  • Mesalazina y sulfasalazina: considerados seguros. En el caso de la sulfasalazina, es necesario suplementar con ácido fólico (2 mg/día), ya que dificulta su absorción.

Corticoides
  • Budesonida: segura, con bajo riesgo. Usar en pautas cortas.

  • Prednisona, prednisolona y metilprednisolona: pueden asociarse en la madre a diabetes gestacional, insuficiencia suprarrenal o rotura prematura de membranas. En el primer trimestre se ha descrito una posible asociación no confirmada con labio leporino o paladar hendido. Se recomienda su uso en pautas cortas durante los brotes.

Inmunosupresores
  • Metotrexato: contraindicado. Es teratogénico tanto si lo toma la mujer como el hombre. Debe suspenderse entre 3 y 6 meses antes de la concepción.

  • Tiopurinas (azatioprina y mercaptopurina): seguras. Mantener la dosis previa al embarazo.

  • Ciclosporina: no recomendada por el riesgo de hipertensión y convulsiones en la madre.

Tofacitinib Pequeñas moléculas
  • Los datos disponibles son limitados, por lo que no se recomienda su uso hasta disponer de más evidencia.

Biológicos
  • Anti-TNF (infliximab, adalimumab, golimumab): considerados seguros. Se mantiene la dosis previa. En caso de remisión, se intenta espaciar la última dosis antes del parto evitando, si es posible, el tercer trimestre. Si hay actividad inflamatoria, se mantiene el tratamiento.

  • Vedolizumab y ustekinumab: datos limitados, bajo riesgo. Se usan a la misma dosis y, si es posible, se evita su administración en el tercer trimestre.


¿Qué medicamentos puedo tomar durante la lactancia?

Siempre que sea posible, se recomienda la lactancia materna por los beneficios que aporta al recién nacido. El equipo sanitario orientará de forma individualizada, pero de manera general:

Antibióticos
  • Amoxicilina-clavulánico: seguro.

  • Ciprofloxacino: compatible, separando la toma de la lactancia 3–4 horas.

  • Metronidazol: evitar.

  • Rifaximina: evitar por falta de datos.

Aminosalicilatos
  • Mesalazina y sulfasalazina: seguros, mantener la dosis habitual.

Corticoides
  • Budesonida, prednisona, prednisolona y metilprednisolona: compatibles, separando la toma de la lactancia 3–4 horas.

Inmunosupresores
  • Metotrexato: contraindicado.

  • Tiopurinas: compatibles, separando la toma de la lactancia 4 horas.

  • Ciclosporina: contraindicada.

Biológicos
  • Anti-TNF: compatibles con la lactancia.

  • Vedolizumab y ustekinumab: datos limitados, pero la evidencia actual apunta a un perfil de seguridad aceptable.


¿Cómo será el parto: vaginal o cesárea?

La vía del parto se decide, como en cualquier embarazo, atendiendo a las circunstancias obstétricas individuales.

En general, se prioriza el parto vaginal, salvo en situaciones concretas como:

  • Enfermedad perianal activa en la enfermedad de Crohn, por el riesgo de aparición de nuevos trayectos fistulosos.

  • Cirugía previa con colectomía subtotal y reservorio ileoanal, o presencia de incontinencia fecal por lesión esfinteriana.


Tener Colitis Ulcerosa no impide formar una familia, tanto en hombres como en mujeres. Con la enfermedad bien controlada y el apoyo del equipo sanitario, la mayoría de las personas pueden vivir la maternidad o la paternidad con tranquilidad. Hoy existen tratamientos seguros y un seguimiento especializado para acompañarlos en cada etapa. La clave es la planificación, el seguimiento conjunto con el equipo médico y mantener el tratamiento indicado.

Bibliografía

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Genoma y microbiota

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn, engloba un conjunto de patologías crónicas de origen aún no aclarado que provocan inflamación persistente en el intestino. Aunque su causa exacta sigue sin conocerse, la teoría más aceptada apunta a un desequilibrio entre el sistema inmunitario y los microorganismos que habitan en el intestino, la microbiota, en personas que presentan una susceptibilidad genética determinada.

 Genoma

Desde los inicios de la investigación en EII se ha observado que existe un componente genético, ya que los familiares de primer grado de quienes la padecen presentan un riesgo mayor que el de la población general. Con el tiempo se han identificado alrededor de 200 variantes genéticas relacionadas con estas enfermedades, algunas de ellas también vinculadas a otros trastornos inmunológicos como la psoriasis o la artritis.

Aun así, la genética por sí sola no explica completamente su aparición. De hecho, los estudios realizados en gemelos idénticos muestran que únicamente tres de cada diez hermanos gemelares de un paciente desarrollan también la enfermedad. Este dato indica que, además de la predisposición genética, deben intervenir otros factores —muy probablemente ambientales— para que la EII llegue a manifestarse.

Factores ambientales

El papel de los factores ambientales en la Enfermedad Inflamatoria Intestinal se pone de manifiesto al analizar cómo ha evolucionado la enfermedad a lo largo del tiempo. Hasta mediados del siglo XX, la EII era poco frecuente. Sin embargo, desde entonces se ha observado un incremento progresivo de los diagnósticos en los países industrializados. A partir de la década de 1990, este aumento también se ha extendido a los países en proceso de industrialización, un fenómeno que se relaciona con la llamada occidentalización de sus sociedades.

Este proceso de occidentalización conlleva cambios importantes, como el desarrollo industrial, la urbanización y, en general, modificaciones en los hábitos y el estilo de vida de la población. Algunos de estos cambios, que se resumen en la Tabla, podrían estar implicados en el desarrollo de la EII.

Estilo de vida tradicional

Estilo de vida “moderno”

Nacimiento en casa vía vaginal

Nacimiento en el hospital. Cesáreas

frecuentes

Familias      grandes      con      muchos

miembros viviendo en la misma casa

Familias pequeñas

Vida rural con contacto con el suelo

Vida urbana. Contacto con cemento y

materiales plásticos

Acceso limitado al agua caliente y al

jabón para higiene personal y de los ambientes

Higiene personal y general elevada.

Uso     de     detergentes,      soluciones higiénicas

Poco uso de antibióticos

Uso de antibióticos desde la infancia

Dieta    poco    procesada.     Alimentos naturales       o       conservados       por

fermentación

Dieta procesada y refrigerada. Uso de conservantes,                        colorantes,

emulsionantes

Poca polución del ambiente

Polución creciente sobre todo en las

ciudades

De hecho, la relevancia de estos cambios queda respaldada por distintos estudios que muestran una mayor frecuencia de EII en poblaciones urbanas, así como en adultos que, durante la infancia, recibieron tratamientos antibióticos de forma repetida.

 Relación entre el estilo de vida y la microbiota intestinal

 Los cambios asociados al estilo de vida influyen de manera directa en la composición de la microbiota intestinal. La microbiota hace referencia al conjunto de microorganismos que habitan en un determinado entorno, en este caso, el intestino. Como resultado de los hábitos propios de las sociedades occidentales, las personas que viven en estos países presentan una microbiota menos diversa, es decir, con menor variedad de microorganismos, en comparación con las poblaciones no occidentales.

A lo largo de la vida, múltiples factores condicionan la microbiota intestinal, entre ellos la alimentación, el entorno, el consumo de fármacos o el tabaquismo. No obstante, el primer año de vida resulta especialmente determinante. El nacimiento por vía vaginal, la lactancia materna y la limitación del uso innecesario de antibióticos durante la infancia favorecen el desarrollo de una microbiota intestinal más equilibrada y saludable en la edad adulta.

Disbiosis: alteración de la microbiota intestinal

 En las personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), la microbiota intestinal presenta alteraciones relevantes. En general, es menos diversa y se caracteriza por un aumento de microorganismos potencialmente perjudiciales junto con una disminución de aquellos considerados beneficiosos. Este desequilibrio recibe el nombre de disbiosis y también se ha descrito en otras patologías, como la diabetes o la obesidad.

La principal característica de la disbiosis es la pérdida de riqueza microbiana en el intestino, un fenómeno que resulta más acusado en la enfermedad de Crohn que en la colitis ulcerosa, especialmente al compararlo con personas sanas. Esta alteración ya está presente en el momento del diagnóstico, lo que sugiere que no es consecuencia del tratamiento. Además, la disbiosis suele ser más intensa en pacientes con brotes frecuentes o recientes, mientras que es menos marcada en quienes mantienen la enfermedad en remisión durante periodos prolongados.

Un ecosistema intestinal con menor diversidad es también más inestable. Por ello, factores como infecciones, tratamientos antibióticos o situaciones de estrés pueden desencadenar cambios que favorezcan la aparición de brotes en personas con EII.

 Bacterias beneficiosas y bacterias perjudiciales

 Otro rasgo clave de la disbiosis es el desequilibrio entre bacterias beneficiosas y perjudiciales. De forma general, se observa una reducción de bacterias pertenecientes a los grupos Firmicutes y Bacteroidetes, consideradas beneficiosas, y un aumento de Proteobacterias y Actinobacterias, que se asocian a efectos menos favorables.

Entre las bacterias que se encuentran claramente disminuidas destacan Akkermansia muciniphila en la colitis ulcerosa y Faecalibacterium prausnitzii en la enfermedad de Crohn. Ambas tienen propiedades antiinflamatorias importantes para el intestino. Así, las personas con colitis ulcerosa que mantienen una remisión prolongada presentan mayores niveles de Akkermansia en la mucosa intestinal, mientras que los pacientes con enfermedad de Crohn que requieren cirugía suelen mostrar niveles reducidos de Faecalibacterium.

El análisis de la composición bacteriana en las heces podría incluso permitir diferenciar entre personas sanas y pacientes con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn. Además, en quienes responden adecuadamente a los tratamientos, también se observa una mejora de la disbiosis, lo que abre la puerta a utilizar determinados cambios en la microbiota como posibles marcadores de buena respuesta terapéutica, como el aumento de géneros bacterianos como Blautia o Roseburia tras el uso de tratamientos biológicos.

Junto a las bacterias, otros componentes de la microbiota intestinal, como los hongos y los virus, desempeñan un papel relevante en el mantenimiento de la salud intestinal. Aunque también se han descrito alteraciones en su composición en la EII, su implicación concreta todavía no se conoce con detalle.

Tratamiento de la disbiosis

 Desde el punto de vista terapéutico, el objetivo principal en relación con la microbiota sería aumentar su diversidad, es decir, favorecer un ecosistema intestinal más variado y estable. En la EII, el uso de probióticos no ha demostrado de forma general un beneficio claro en la reducción de brotes, salvo en situaciones clínicas muy concretas.

Los estudios sobre trasplante fecal son aún limitados, tanto por el reducido número de pacientes incluidos como por la falta de resultados concluyentes, y en especial en la enfermedad de Crohn los datos disponibles apuntan a una eficacia escasa o incluso negativa. Además, esta estrategia no está exenta de riesgos, sobre todo en pacientes con enfermedad activa.

La opción más directa y segura para mejorar la microbiota intestinal en la práctica clínica actual es la alimentación. Una dieta saludable sería aquella variada, rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas, con bajo consumo de alimentos ultraprocesados e incorporación de alimentos prebióticos, que favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas. Un ejemplo bien conocido de este patrón alimentario es la dieta mediterránea, que además de sus efectos positivos sobre la microbiota, ha demostrado beneficios claros para la salud cardiovascular gracias a su contenido en grasas poliinsaturadas.

Hábitos saludables

Introducción

La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye la Colitis Ulcerosa y la Enfermedad de Crohn, es una patología crónica que requiere un abordaje global. Además del tratamiento médico pautado, ayuda mucho incorporar hábitos de vida saludables que cuiden distintos ámbitos del bienestar. En este documento se repasan varios pilares clave para vivir mejor con EII: la importancia de una buena higiene del sueño, el papel de la actividad física realizada de forma regular, el cuidado de la salud emocional, la necesidad de evitar hábitos tóxicos, el mantenimiento de una vida sexual satisfactoria, la protección de la piel frente al sol, el refuerzo de la salud ósea y algunos puntos prácticos a tener en cuenta al planificar viajes.

Incorporar hábitos saludables en el día a día puede mejorar la calidad de vida, reforzar la salud general y ayudarte a convivir mejor con la EII. Ten en cuenta que no hay dos personas iguales: lo ideal es ajustar estas recomendaciones a tus necesidades y a tu momento clínico. Contar con orientación personalizada facilita diseñar una estrategia integral para convivir con la EII de la mejor manera posible.

Higiene del sueño

Dormir bien por la noche es básico para mantener un buen estado de salud y para mejorar la calidad de vida en personas con EII. Los problemas de sueño son relativamente frecuentes, sobre todo durante los periodos de brote.

Recomendaciones para favorecer una buena higiene del sueño:

  • Mantén horarios estables: intenta acostarte y levantarte a horas similares cada día, también en fines de semana.
  • Prepara un entorno adecuado: procura que el dormitorio sea silencioso, oscuro y fresco. Puedes usar cortinas opacas, bajar la intensidad de la luz y reducir ruidos. Además, conviene apagar pantallas y dispositivos electrónicos al menos 90 minutos antes de irte a dormir.
  • Reserva la cama para dormir y para las relaciones sexuales: evita trabajar, ver la tele o usar el móvil en la cama. La idea es que tu cerebro asocie ese espacio con descanso y relajación.
  • Evita estimulantes y cenas copiosas: reduce especialmente la cafeína, los alimentos muy azucarados, el chocolate y las comidas abundantes antes de acostarte. También es recomendable no fumar ni beber alcohol en las horas previas al sueño.
  • Introduce rutinas de relajación: ejercicios de respiración, meditación o estiramientos suaves pueden ayudarte a “bajar revoluciones” antes de dormir.
  • No hagas ejercicio intenso al final del día: evita la actividad física de alta intensidad al menos idealmente 60-90 minutos antes de acostarte, porque puede activar el organismo y dificultar conciliar el sueño.
  • Respeta tus necesidades de descanso: cada persona necesita un número de horas diferente. Identifica cuántas horas te van bien y ajusta tu rutina para despertarte con sensación de descanso.
  • Si tomas corticoides: recuerda que es mejor tomarlos por la mañana, preferiblemente con el desayuno, porque pueden ser estimulantes y empeorar el sueño si se toman cerca de la noche.

Aplicar estas pautas puede mejorar tu descanso nocturno, facilitar un sueño más reparador y ayudarte a empezar el día con más energía. Prioriza el sueño: es una pieza clave de tu bienestar.

Actividad física

El ejercicio tiene un papel importante en el manejo de la EII. Aunque a veces parezca lo contrario, mantener actividad física de forma regular puede contribuir a reducir la inflamación, mejorar la función intestinal y aliviar parte de los síntomas.

Recomendaciones para incluir actividad física en tu rutina:

  • Antes de empezar un plan de ejercicio: consulta con el equipo sanitario o con profesionales del ejercicio para valorar tu situación y ajustar tipo e intensidad. Evita entrenamientos de alta intensidad si pueden perjudicarte y reduce el ejercicio si estás en brote.
  • Si llevas tiempo sin hacer deporte: empieza poco a poco. Sube duración e intensidad de manera progresiva para evitar lesiones y dar tiempo a que el cuerpo se adapte. Puedes arrancar con sesiones de 10 minutos e ir aumentando hasta alcanzar los 150 minutos/semana de actividad aeróbica moderada o 70 minutos/semana (como objetivo orientativo) de actividad intensa recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
  • Elige algo que disfrutes: caminar, nadar, bici, yoga… lo que te encaje. Si te gusta, será más fácil mantenerlo en el tiempo. Aunque tu peso sea adecuado, recuerda incluir ejercicios de fuerza para favorecer la masa muscular.
  • Cambia y combina: alterna distintos tipos de ejercicio para trabajar varios grupos musculares y mantener la motivación. Hacer actividad 2–3 veces por semana ayuda a tonificar grandes grupos musculares y a prevenir lesiones por sobrecarga.
  • Estira antes y después: los estiramientos previos preparan músculos y articulaciones; los posteriores ayudan a reducir tensión muscular y a bajar pulsaciones de forma gradual.
  • Escucha a tu cuerpo: si notas dolor, fatiga o malestar, baja el ritmo o descansa. No fuerces más allá de tus límites. Conforme ganes resistencia, podrás aumentar poco a poco.
  • Ten en cuenta tus circunstancias: diarrea, dolor abdominal, incontinencia, cansancio o manifestaciones extraintestinales (dolor articular, lesiones cutáneas, visión borrosa…) pueden requerir ajustes. Si llevas una ostomía, puedes usar una faja abdominal al hacer ejercicio.

Introducir actividad física de forma segura y constante te permite aprovechar sus beneficios. Con el tiempo, el movimiento puede convertirse en un aliado muy potente para sentirte mejor.

Cuidado de la salud emocional

La salud emocional es una parte esencial en la EII. Los brotes y el carácter crónico de la enfermedad pueden generar estrés, preocupación o ansiedad. Disponer de una red de apoyo (familia, amistades o grupos de pacientes) puede marcar una gran diferencia. También puede ser útil hablar con un terapeuta con experiencia para trabajar estrategias de afrontamiento.

Recomendaciones para cuidar tu salud emocional:

  • Aprende a gestionar lo que sientes: intenta identificar la emoción y su origen. Una vez localizada, exprésala de manera adecuada (hablando o escribiendo). Puede ayudar hablar desde el “yo”, describiendo lo que sientes sin acusar, y formulando preguntas. Ordena tus preocupaciones para abordarlas una a una. Trabaja también la aceptación y el “dejar ir”: reprimir o vivir una emoción con demasiada intensidad puede acabar afectando a tu salud mental.
  • Entrena herramientas frente al estrés: el estrés puede desencadenar o empeorar síntomas. Practica técnicas como meditación, respiración profunda o yoga. También ayudan actividades que te aporten disfrute y desconexión (leer, escuchar música, hacer ejercicio, pasar tiempo con gente cercana). La terapia cognitivo-conductual puede ser útil para reducir ansiedad y mejorar bienestar emocional.
  • Pon límites sanos: cuida el equilibrio entre obligaciones y descanso, y también en las relaciones con los demás. Reserva un espacio que sea para ti y para recargar energía.
  • Si te sientes desbordado: cuando el impacto emocional sea intenso, cambia el foco con actividades agradables, céntrate en el presente y evita anticipar escenarios a largo plazo. Pregúntate cómo ayudarías a alguien cercano en tu situación. Intenta relativizar comparando con la realidad objetiva y enumera aspectos positivos del día a día. Si esta situación se mantiene y afecta a tu vida familiar, social o laboral, o aparecen signos de ansiedad o depresión, busca ayuda profesional.

Identifica lo que sientes, aprende herramientas para el estrés y pide apoyo cuando lo necesites. Cuidar tu salud emocional también es cuidar tu EII.

Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.

Evitar hábitos tóxicos

El tabaco, el alcohol y otras drogas pueden empeorar los síntomas y la evolución de la EII. Evitarlos es una medida importante para proteger tu salud y facilitar un mejor control de la enfermedad.

Recomendaciones para dejar o evitar hábitos tóxicos:

  • Entiende por qué te perjudican: comprender cómo influyen en tus síntomas y en tu salud general puede ayudarte a mantener la motivación.
  • Tabaco: la dependencia puede provocar nerviosismo, irritabilidad, dificultades de concentración, somnolencia, molestias digestivas y aumento del apetito; estos síntomas suelen durar unos días y van disminuyendo. La parte psicológica (rutina, vínculo emocional con el cigarrillo, momentos sociales, evitar soledad, asociaciones con sabores) puede tardar más en desaparecer.
  • Alcohol: puede empeorar la EII. A corto plazo puede alterar el estado físico y mental, aumentar la permeabilidad intestinal y favorecer deposiciones más diarreicas. A largo plazo se asocia a enfermedad hepática, cirrosis y mayor riesgo de distintos tipos de cáncer. Recuerda que existen límites de consumo según el sexo.
  • Otras drogas: conviene preguntar y conocer su uso, aunque sea ocasional, y sus riesgos. A menudo se consumen en grupo y en contextos festivos. Sustancias como cannabis, cocaína, MDMA o ketamina pueden dejar efectos residuales como problemas de sueño, irritabilidad, cambios de humor, paranoia o desconexión de la realidad.
  • Detecta desencadenantes y ponte una fecha: define un día para dejarlo y anúncialo a tu entorno. Identifica situaciones o emociones que te empujan a consumir y sustitúyelas por alternativas (hablar con alguien de confianza, técnicas de relajación, actividades agradables).
  • Apóyate en lo social: rodéate de personas que te lo pongan fácil. Los grupos de apoyo pueden ayudarte con ideas prácticas y motivación.
  • Sustituye por hábitos saludables: ejercicio regular, dieta equilibrada y buen descanso ayudan a manejar el estrés y mejoran el bienestar general.
  • Cuenta con el sistema sanitario: si necesitas un empujón extra, pide ayuda. El equipo sanitario puede orientarte y derivarte a recursos específicos. Pregunta también por centros integrales de atención a las adicciones disponibles en tu área.

Dejar estos hábitos puede costar, pero con apoyo y un plan realista es posible. Tu salud lo nota.

 Salud sexual

La salud sexual es importante para todo el mundo, independientemente de la orientación sexual o la identidad de género. Tu bienestar sexual también es un derecho. La EII puede plantear retos, pero es posible mantener una vida sexual satisfactoria.

Recomendaciones para una sexualidad saludable:

  • Después de una cirugía abdominal: la comunicación clara con tu pareja y el apoyo mutuo ayudan a reforzar el vínculo y a normalizar cambios corporales. Hablar de deseos y límites favorece una experiencia más cómoda y placentera.
  • Si llevas una ostomía: la ostomía no afecta a zonas erógenas (espalda, cuello, pezones, muslos…). Tu pareja se siente atraída por ti en conjunto, no solo por la ostomía. Explorar el cuerpo con caricias puede reforzar intimidad y placer. Puedes probar escenarios y posturas nuevas, por ejemplo relaciones en el agua o posiciones en las que quedes tumbado del lado de la ostomía.
  • Si tienes lesiones perianales: con fístulas, abscesos o fisuras, es mejor esperar a que la zona esté completamente recuperada antes de retomar la penetración, especialmente en el coito anal receptivo, para evitar complicaciones.
  • Si practicas penetración anal receptiva: valora tu situación (brote activo, reservorio/pouch) para explorar alternativas seguras. Si se realiza, conviene hacerlo con delicadeza, progresión, lubricación adecuada y escuchando el cuerpo.
  • Juguetes sexuales y lubricantes: pueden aportar variedad. El sexo no debería doler; si hay dolor, hay que buscar la causa. En algunos casos se pueden usar geles anestésicos, pero conviene consultarlo con el equipo sanitario.
  • Protección: usa métodos barrera en coito vaginal, anal y oral, incluyendo el anal receptivo. Con preservativos o materiales de látex, utiliza lubricantes de silicona o agua (no aceite), porque el aceite puede romperlos y también dañar juguetes de látex.

La EII no tiene por qué impedir una vida sexual plena. Explora opciones seguras y quédate con lo que te haga sentir bien.

Cuidado de la piel

En la EII conviene prestar especial atención a la piel, ya que puede verse afectada por la inflamación y por manifestaciones asociadas. Además de medidas generales, es importante cuidar adecuadamente lesiones específicas cuando aparezcan.

Recomendaciones para el cuidado de la piel:

  • Higiene suave: limpia la piel con agua templada y jabones naturales o de pH neutro. Evita productos agresivos. Seca con cuidado, sobre todo en zonas húmedas, sin frotar en exceso. Si hay lesiones perianales, mantener la zona limpia y seca facilita cicatrización y reduce irritación; sigue las indicaciones del equipo sanitario.
  • Hidratación: usa cremas adecuadas para tu tipo de piel y evita fragancias o ingredientes irritantes. Hidratar de forma regular previene sequedad y descamación.
  • Protección solar: evita exposiciones prolongadas y las horas de máxima radiación (aprox. 10–16 h). Incorpora protector solar FPS 50 en tu rutina, también en días nublados. Revisa caducidad y recuerda que, una vez abiertos, estos productos pierden propiedades: evita guardar envases abiertos de un año para otro. Busca sombra y usa sombreros de ala ancha. Si estás con inmunomoduladores o biológicos, puedes tener más fotosensibilidad: sé especialmente constante. Evita cabinas UVA y tratamientos láser por el riesgo de quemaduras e irritación.
  • Si tienes ostomía y vas a la playa: mantén limpia y seca la piel alrededor del estoma. Valora bolsa resistente al agua o funda protectora antes de bañarte. Consulta con la enfermera de ostomías para recomendaciones concretas.

Con estos cuidados, proteges la piel y reduces riesgos asociados al sol. Tu piel también forma parte del tratamiento.

Salud ósea

La EII puede influir en la salud ósea por la inflamación crónica, la mala absorción de nutrientes, el uso prolongado de ciertos fármacos o el inicio de la enfermedad en edades tempranas. Todo esto puede aumentar el riesgo de pérdida de masa ósea, osteoporosis y fracturas.

Recomendaciones para cuidar los huesos:

  • Asegura el aporte de calcio: revisa tu dieta e incluye alimentos ricos o enriquecidos en calcio. Valora con el equipo sanitario si necesitas suplementos.
  • No descuides la vitamina D: es clave para absorber el calcio. Se obtiene con exposición solar controlada y ciertos alimentos. Si los niveles son bajos, puede ser necesario suplementar bajo indicación médica.
  • Ejercicio para el hueso: el movimiento regular ayuda a fortalecer el esqueleto. Caminar, correr, fuerza o yoga pueden beneficiar. Evitar el sedentarismo es fundamental. Se recomiendan ejercicios que aumenten tono muscular y actividades de bajo impacto (como caminar), que estimulan el metabolismo óseo y ayudan a frenar la pérdida de masa ósea.
  • Cuida la postura: evita giros bruscos, encorvarte o cargar peso mal. Para levantar peso, flexiona rodillas y mantén la espalda recta. Ajusta silla y mesa para favorecer una postura alineada en trabajo/estudio.
  • Evita tabaco y alcohol en exceso: pueden interferir en la absorción de calcio y debilitar el hueso, aumentando el riesgo de osteoporosis (ver apartado “Evitar hábitos tóxicos”).
  • Controles periódicos: monitoriza la densidad ósea y detecta problemas pronto con analíticas o densitometría. Define con tu equipo la frecuencia adecuada.

La salud ósea es una inversión a largo plazo. Cuanto antes la cuides, mejor.

Planificación de viajes

Viajar con EII exige algo más de previsión, pero no debería impedirte disfrutar. Con buena organización, puedes viajar de forma segura y vivir experiencias muy positivas. También puedes consultar recursos como “www.crohnscolitisfoundation.org”, con información útil para personas con EII.

Recomendaciones para preparar un viaje:

  • Organiza con tiempo: lleva medicación suficiente por si hay retrasos o imprevistos. Es útil portar un informe médico en un idioma adecuado al destino. Transporta los fármacos en su envase original y con receta. Define un plan de actuación ante una urgencia relacionada con la EII y compártelo con quien viaje contigo.
  • Revisa vacunas: las vacunas inactivadas suelen ser seguras en EII. Si estás con inmunosupresores, las vacunas de virus vivos o atenuados (como fiebre amarilla o polio oral) están contraindicadas. Algunas vacunas requieren tiempo, así que pide cita en un centro de vacunación internacional con antelación. Consulta siempre con tu unidad antes de viajar.
  • Infórmate sobre asistencia sanitaria en destino: localiza hospitales, clínicas y recursos por si necesitas atención. La plataforma IBD Passport (“www.ibdpassport.com”) ofrece información de hospitales, farmacias y traducciones médicas, útil para viajar con más tranquilidad.
  • Elige un seguro adecuado: busca uno que cubra enfermedades preexistentes y contemple gastos médicos, farmacéuticos y hospitalarios. Revisa bien condiciones y límites.
  • Piensa en la alimentación: investiga opciones para mantener tu pauta dietética (baja en fibra u otras necesidades). Lleva algunos alimentos “seguros” y fáciles de transportar (barritas, conservas, frutos secos, galletas) por si lo necesitas.
  • Hidratación y prevención de infecciones: mantente bien hidratado, especialmente si tienes tendencia a diarrea. Bebe agua embotellada y lávate las manos con frecuencia, sobre todo antes de comer. Si no hay acceso fiable a agua, valora potabilizadores. Incluso para lavarte los dientes, usa agua potable.

La EII no tiene por qué frenar tus planes. Viaja con cabeza, cuida los detalles y disfruta.

En resumen, con información, apoyo y pequeños cambios y hábitos saludables sostenidos en el tiempo, es posible convivir con la EII con mayor bienestar y calidad de vida, compatibles con proyectos y una vida plena.

Contenido actualizado en 2026 por:

Dra. Mileidis San Juan

Dra. Mileidis San Juan Acosta

Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife.

Contenido original por:

Dr. Francisco García Fernández

Dr. Francisco García Fernández

Hospital Virgen del Rocío, Sevilla.

Dr. José Miguel Rosales Zábal

Dr. José Miguel Rosales Zábal

Hospital Costa del Sol, Marbella.

Dra. Susana Jiménez Contreras

Dra. Susana Jiménez Contreras

Xanit Inter.Hospital, Benalmádena, Málaga.

Dr. Antonio M. Moreno García

Dr. Antonio M. Moreno García

Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz.

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