Recomendaciones nutricionales para la colitis ulcerosa

La enfermedad inflamatoria intestinal puede favorecer la aparición de malnutrición energético-proteica y déficits de micronutrientes como consecuencia de las alteraciones metabólicas propias del proceso inflamatorio, así como por la presencia de síntomas que pueden condicionar una menor ingesta y/o una absorción deficiente de nutrientes. Aunque estas alteraciones nutricionales son menos frecuentes que en la enfermedad de Crohn, también pueden presentarse en la colitis ulcerosa y ejercer una influencia negativa sobre la evolución de la enfermedad.

Por este motivo, el soporte nutricional debe considerarse una parte fundamental del abordaje terapéutico y formar parte del tratamiento integral de la colitis ulcerosa

Recomendaciones en fase de remisión

La mayoría de las personas con colitis ulcerosa en fase de remisión pueden seguir una alimentación normal, basada en una dieta variada, equilibrada y saludable.

Hasta el momento, no existe evidencia científica que demuestre que un alimento concreto desencadene o agrave la enfermedad. Por ello, únicamente resulta aconsejable excluir aquellos alimentos que de forma repetida se toleren mal.

La fibra puede consumirse en cantidades habituales, teniendo en cuenta que la fibra soluble, presente en alimentos como legumbres, manzana, plátano, cítricos sin piel, fresas o pera, puede ejercer un efecto beneficioso sobre el intestino grueso.

La leche y los productos lácteos no deben eliminarse de la alimentación salvo que exista intolerancia demostrada, ya que constituyen una fuente esencial de calcio y vitamina D. En situaciones de intolerancia a la lactosa, puede recurrirse a leche sin lactosa. Además, muchas personas que no toleran la leche líquida suelen tolerar adecuadamente otros derivados lácteos, como el yogur o los quesos curados. Conviene recordar que la intolerancia a los lácteos está relacionada con el contenido en lactosa y no con la grasa, por lo que no es necesario sustituir los productos lácteos enteros por versiones desnatadas o semidesnatadas.

Recomendaciones en fase activa

  • La planificación de la alimentación debe realizarse siguiendo una guía orientativa para la elección de alimentos, basada en la respuesta observada en la mayoría de las personas con colitis ulcerosa. Estas recomendaciones sirven como referencia general, aunque siempre debe priorizarse la tolerancia individual. Cuando no se observa relación entre un alimento concreto y la aparición de síntomas digestivos, no resulta necesario eliminarlo de la dieta.
  • Se aconseja fraccionar la ingesta diaria en pequeñas cantidades repartidas a lo largo del día, idealmente en seis tomas: desayuno, media mañana, comida, merienda, cena y una ingesta ligera posterior.
  • Las comidas deben realizarse despacio, en un ambiente tranquilo, favoreciendo una masticación adecuada. Tras las comidas principales es recomendable mantener reposo en posición sentada durante aproximadamente treinta minutos.
  • La ingesta de líquidos debe realizarse en pequeñas cantidades y preferiblemente fuera de las comidas. La cantidad total de líquidos debe ajustarse a las pérdidas producidas por las deposiciones. En situaciones de diarrea, pueden utilizarse soluciones de rehidratación oral disponibles en farmacia, bebidas isotónicas o preparados caseros adecuados, incorporando posteriormente agua o agua de arroz de forma progresiva.
  • Se recomienda evitar alimentos y bebidas a temperaturas extremas, ya que tanto el frío como el calor excesivos pueden aumentar la frecuencia de las deposiciones y disminuir su consistencia.
  • Los métodos de cocinado más aconsejables son los sencillos, como hervido, cocción en su propio jugo, plancha, vapor u horno. Deben evitarse los fritos, rebozados, empanados y guisos elaborados.
  • Los platos pueden condimentarse con sal, salvo indicación médica contraria.
  • Es conveniente evitar el consumo de café, té, alcohol, chocolate y bebidas con gas, ya que pueden estimular la motilidad intestinal y empeorar los síntomas.
  • La incorporación de ciertos grupos de alimentos, como frutas, verduras, legumbres, leche y derivados, debe realizarse de manera progresiva. Si alguno de ellos se asocia a mala tolerancia, se recomienda retirarlo temporalmente y reintroducirlo más adelante según la evolución clínica.

Guía para la selección de alimentos

Grupo de alimentos

Suelen tolerarse bien

No suelen tolerarse bien

Lácteos

Yogur natural, queso fresco, cuajada, leche desnatada

Leche entera, flan, natillas, quesos grasos, natas y cremas, yogures con frutas, cereales o frutos secos

Cárnicos, pescados y huevos

Carnes magras (solomillo, lomo), jamón cocido, jamón serrano desgrasado, pollo sin piel, conejo, pescado blanco, huevos pasados por agua

Embutidos, patés, carnes duras y fibrosas, cerdo graso, cordero, carnes grasas o ahumadas, vísceras, bacon, salchichas, huevos fritos o duros

Cereales, legumbres y tubérculos

Arroz, pasta, patatas, pan blanco, biscotes

Cereales integrales y derivados, legumbres (especialmente al inicio)

Verduras y hortalizas

Zanahoria, boniato, calabaza, calabacín

Verduras muy fibrosas o flatulentas (alcachofa, espárragos, pimientos, coles, cebolla, rábanos, etc.)

Frutas

Plátano muy maduro, manzana y pera cocidas u horneadas, carne de membrillo, fruta en almíbar sin el jugo

Albaricoque, melocotón, ciruelas, frutas crudas y frutas desecadas

Grasas

Aceite de oliva virgen y aceites de semillas, con moderación

Fritos, mantequilla, mayonesa, margarina, frutos secos

Azúcares y dulces

Azúcar y miel con moderación, repostería casera con poco aceite, galletas tipo “María”

Chocolate, cacao, bollería y repostería industrial, galletas integrales

Bebidas

Agua, infusiones suaves, caldos vegetales

Bebidas gaseosas, alcohólicas, caldos grasos, bebidas excitantes y muy frías

Condimentos

Sal, hierbas aromáticas

Vinagre, especias picantes (pimienta, pimentón)

  • Las frutas recomendadas en la fase inicial son el plátano, la pera y la manzana, bien maduras, sin piel y preferentemente elaboradas en compota, asadas o trituradas, así como el dulce de membrillo.
  • Las verduras y hortalizas como la patata, la zanahoria, el boniato, el calabacín y la calabaza suelen ser bien toleradas desde el inicio. Se aconseja comenzar con la patata y la zanahoria, incorporar posteriormente el boniato, la calabaza y el calabacín, y más adelante el resto de verduras según la tolerancia.
  • Las verduras deben prepararse inicialmente en forma de puré y mezcladas con patata, posteriormente cocinadas solas y trituradas, después enteras y, si la tolerancia es adecuada, incorporarlas finalmente en crudo.
  • La introducción de la leche y los derivados debe realizarse de forma progresiva, comenzando por los yogures, seguidos del queso fresco, la cuajada, la leche desnatada y, por último, la leche entera, el flan y las natillas. En casos de intolerancia a la lactosa se recomienda el uso de leche sin lactosa, sin sustituirla por bebidas vegetales como soja, arroz o almendra.
  • Las legumbres deben introducirse inicialmente bien cocinadas y trituradas con batidora, pasadas por pasapurés; posteriormente pueden tomarse trituradas y, si la tolerancia es buena, enteras. El arroz y las pastas pueden prepararse hervidos, en sopas con poco caldo o secos, con una pequeña cantidad de aceite y hierbas aromáticas.
  • Las carnes y los pescados se recomiendan hervidos, a la plancha, al horno o en papillote. El huevo debe consumirse pasado por agua, cocido o en tortilla, utilizando poco aceite.
  • El aceite de elección es el aceite de oliva, que puede emplearse con moderación tanto en crudo como para la preparación de los alimentos.
  • A medida que mejoren los síntomas, se aconseja reintroducir progresivamente el resto de los alimentos hasta alcanzar una alimentación completa, variada y saludable.

Nutricional enteral y parenteral

De forma general, y al igual que en otras situaciones clínicas, la nutrición artificial está indicada cuando el estado nutricional no puede mantenerse adecuadamente mediante una dieta oral convencional. En estos casos, la nutrición enteral con fórmulas definidas suele ser la opción de elección.

La nutrición enteral puede utilizarse de manera parcial, como complemento de la alimentación oral para alcanzar los requerimientos nutricionales del paciente, o de forma total, cuando constituye la única fuente de aporte nutricional.

En la colitis ulcerosa, el soporte nutricional artificial está indicado en los brotes de actividad grave, especialmente cuando se prevé la necesidad de tratamiento quirúrgico a corto plazo o cuando existe malnutrición energético-proteica asociada.

Siempre que sea posible, se prioriza la nutrición enteral, ya que incluso en pacientes graves suele ser bien tolerada y se asocia a una menor tasa de complicaciones infecciosas en comparación con la nutrición parenteral.

Nutrientes especialmente importantes en la colitis ulcerosa

Objetivos de la terapia nutricional

La terapia nutricional en las personas con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, persigue distintos objetivos. Entre ellos se encuentran la prevención de la malnutrición, el manejo de los síntomas digestivos y la contribución a aliviar las fases de brote de la enfermedad, así como el mantenimiento de los periodos de remisión.

Recomendaciones nutricionales ante situaciones de déficit de micronutrientes críticos en la colitis ulcerosa

Diversas situaciones clínicas, como la diarrea persistente, las resecciones intestinales, la presencia de estomas y el tratamiento con determinados fármacos, pueden favorecer la aparición de déficits de micronutrientes considerados críticos en el desarrollo de la EII. Estos déficits pueden afectar a vitaminas como la vitamina B12 o cianocobalamina, el ácido fólico o vitamina B9, las vitaminas liposolubles (A, D y K), minerales como el calcio, el potasio y el magnesio, y oligoelementos como el hierro y el zinc.

Vitamina B12

El déficit de vitamina B12 es especialmente frecuente tras la resección quirúrgica de segmentos del intestino delgado distal, en situaciones de sobrecrecimiento bacteriano o en presencia de fístulas.
En la población general se recomiendan aproximadamente 2,4 microgramos al día. En personas con EII puede ser necesario un aporte mayor, que puede oscilar entre 500 y 1000 microgramos mediante suplementación oral, sublingual o inyectable. Esta vitamina se encuentra principalmente en alimentos de origen animal, como lácteos, pescado y encurtidos.

Ácido fólico o folatos

El tratamiento prolongado con sulfasalazina o metotrexato puede favorecer la aparición de anemia megaloblástica. Dado que una suplementación elevada de folatos puede enmascarar un déficit de vitamina B12, su indicación debe ser cuidadosamente valorada.
En la población general se recomiendan unos 400 microgramos diarios, mientras que en personas con EII puede indicarse un aporte de hasta 1000 microgramos. Los folatos se encuentran en el germen de trigo y cereales, soja, lácteos y derivados, huevo y determinados vegetales como pepino, espinaca y calabacín.

Vitaminas liposolubles

Las alteraciones en la absorción de grasas, la esteatorrea y el uso de colestiramina o antibióticos son situaciones en las que debe valorarse la suplementación de vitaminas liposolubles. Las guías ESPEN 2020 indican que los pacientes con enfermedad de Crohn tratados con colestiramina presentan un riesgo adicional, aunque bajo, de malabsorción de grasas.

La vitamina A puede verse comprometida por trastornos en la absorción de grasas y por un aumento de las necesidades asociadas a la respuesta inmunitaria. En la población general se recomiendan aproximadamente entre 2300 y 3000 UI al día. Se encuentra en el hígado, la mantequilla, los quesos, el atún y, en forma de betacaroteno, en frutas y verduras como zanahoria, tomate y albaricoque.

La vitamina D puede presentar déficit debido a una menor absorción de grasas y al tratamiento con corticoides. En la población general se recomiendan unas 600 UI diarias. En personas con EII en tratamiento con corticoides puede ser necesario un aporte de entre 500 y 2000 UI. Sus principales fuentes son los pescados grasos, la yema de huevo, las margarinas y leches fortificadas, el hígado de ternera y la exposición solar.

La vitamina K es producida en gran parte por la microbiota intestinal, por lo que el uso de antibióticos puede favorecer su déficit. En la población general se recomiendan entre 90 y 120 microgramos diarios. En personas con EII en tratamiento antibiótico se aconseja asegurar una ingesta cercana a los 100 microgramos. Se encuentra en hortalizas de hoja verde, lácteos y derivados, huevo y carnes rojas.

Minerales

El magnesio suele presentar déficit en pacientes con diarrea activa y fístulas, así como en aquellos tratados con corticoides o diuréticos. En la población general se recomiendan entre 300 y 400 miligramos diarios, mientras que en personas con EII se aconseja asegurar al menos 350 miligramos. Sus fuentes incluyen legumbres, frutos secos, cereales integrales, plátano, naranja, verduras de hoja verde y vísceras como el hígado de ternera.

El déficit de calcio puede estar relacionado con el uso de corticoides y con situaciones clínicas como la hipoalbuminemia, la diarrea, las fístulas, la malabsorción de vitamina D y la hiperoxaluria tras resecciones intestinales. En la población general se recomiendan unos 1000 miligramos diarios. En personas con EII puede ser necesario un aporte de entre 1000 y 1500 miligramos, habitualmente asociado a vitamina D, vitamina C, vitamina K y zinc. El calcio se encuentra en la leche, el yogur y el queso, así como en verduras como col rizada, brócoli y berros, y en pescados con espinas blandas comestibles, como sardinas o salmón.

El potasio suele perderse en mayor cantidad en situaciones de diarrea o en pacientes con yeyunostomía o ileostomía de alto débito. En la población general se recomiendan entre 2500 y 3500 miligramos diarios. En personas con EII las necesidades suelen ser similares, siendo suficiente cubrir los requerimientos fisiológicos. Se encuentra en plátano, patata, aguacate, frutas deshidratadas, frutos secos, albaricoque, espinaca, champiñones y productos integrales.

Oligoelementos

El déficit de hierro es muy frecuente, con una prevalencia estimada entre el 60 y el 80 %, y se asocia a la inflamación crónica, la malabsorción, una ingesta inadecuada y el sangrado intestinal, además del uso de fármacos como salicilatos y antiácidos. En la población general se recomiendan entre 8 y 18 miligramos diarios, según sexo. En personas con EII puede ser necesario un aporte de entre 80 y 100 miligramos, por vía oral o intravenosa. El hierro hemo se encuentra en carnes, aves y mariscos, mientras que el hierro no hemo está presente en cereales y panes fortificados, legumbres, lentejas, espinaca, frutos secos y frutas desecadas como las pasas.

El zinc puede presentar déficit en relación con el uso de corticoides y con situaciones como sangrado intestinal, diarrea, fístulas y malabsorción. En la población general se recomiendan entre 8 y 11 miligramos diarios. En personas con EII puede indicarse una suplementación de hasta 30 miligramos, valorando el uso de formas orgánicas como el zinc-histidina. Se encuentra en carnes como ternera, cerdo y aves, huevo, productos lácteos, semillas, cacao y frutos secos como los anacardos.

Autor:

Tamara Ortiz

Dra. Tamara Ortiz Cerdá

Nutricionista clínica e investigadora en enfermedades digestivas.

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