Objetivos de la terapia nutricional
La terapia nutricional en las personas con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, persigue distintos objetivos. Entre ellos se encuentran la prevención de la malnutrición, el manejo de los síntomas digestivos y la contribución a aliviar las fases de brote de la enfermedad, así como el mantenimiento de los periodos de remisión.
Recomendaciones nutricionales ante situaciones de déficit de micronutrientes críticos en la colitis ulcerosa
Diversas situaciones clínicas, como la diarrea persistente, las resecciones intestinales, la presencia de estomas y el tratamiento con determinados fármacos, pueden favorecer la aparición de déficits de micronutrientes considerados críticos en el desarrollo de la EII. Estos déficits pueden afectar a vitaminas como la vitamina B12 o cianocobalamina, el ácido fólico o vitamina B9, las vitaminas liposolubles (A, D y K), minerales como el calcio, el potasio y el magnesio, y oligoelementos como el hierro y el zinc.
Vitamina B12
El déficit de vitamina B12 es especialmente frecuente tras la resección quirúrgica de segmentos del intestino delgado distal, en situaciones de sobrecrecimiento bacteriano o en presencia de fístulas.
En la población general se recomiendan aproximadamente 2,4 microgramos al día. En personas con EII puede ser necesario un aporte mayor, que puede oscilar entre 500 y 1000 microgramos mediante suplementación oral, sublingual o inyectable. Esta vitamina se encuentra principalmente en alimentos de origen animal, como lácteos, pescado y encurtidos.
Ácido fólico o folatos
El tratamiento prolongado con sulfasalazina o metotrexato puede favorecer la aparición de anemia megaloblástica. Dado que una suplementación elevada de folatos puede enmascarar un déficit de vitamina B12, su indicación debe ser cuidadosamente valorada.
En la población general se recomiendan unos 400 microgramos diarios, mientras que en personas con EII puede indicarse un aporte de hasta 1000 microgramos. Los folatos se encuentran en el germen de trigo y cereales, soja, lácteos y derivados, huevo y determinados vegetales como pepino, espinaca y calabacín.
Vitaminas liposolubles
Las alteraciones en la absorción de grasas, la esteatorrea y el uso de colestiramina o antibióticos son situaciones en las que debe valorarse la suplementación de vitaminas liposolubles. Las guías ESPEN 2020 indican que los pacientes con enfermedad de Crohn tratados con colestiramina presentan un riesgo adicional, aunque bajo, de malabsorción de grasas.
La vitamina A puede verse comprometida por trastornos en la absorción de grasas y por un aumento de las necesidades asociadas a la respuesta inmunitaria. En la población general se recomiendan aproximadamente entre 2300 y 3000 UI al día. Se encuentra en el hígado, la mantequilla, los quesos, el atún y, en forma de betacaroteno, en frutas y verduras como zanahoria, tomate y albaricoque.
La vitamina D puede presentar déficit debido a una menor absorción de grasas y al tratamiento con corticoides. En la población general se recomiendan unas 600 UI diarias. En personas con EII en tratamiento con corticoides puede ser necesario un aporte de entre 500 y 2000 UI. Sus principales fuentes son los pescados grasos, la yema de huevo, las margarinas y leches fortificadas, el hígado de ternera y la exposición solar.
La vitamina K es producida en gran parte por la microbiota intestinal, por lo que el uso de antibióticos puede favorecer su déficit. En la población general se recomiendan entre 90 y 120 microgramos diarios. En personas con EII en tratamiento antibiótico se aconseja asegurar una ingesta cercana a los 100 microgramos. Se encuentra en hortalizas de hoja verde, lácteos y derivados, huevo y carnes rojas.
Minerales
El magnesio suele presentar déficit en pacientes con diarrea activa y fístulas, así como en aquellos tratados con corticoides o diuréticos. En la población general se recomiendan entre 300 y 400 miligramos diarios, mientras que en personas con EII se aconseja asegurar al menos 350 miligramos. Sus fuentes incluyen legumbres, frutos secos, cereales integrales, plátano, naranja, verduras de hoja verde y vísceras como el hígado de ternera.
El déficit de calcio puede estar relacionado con el uso de corticoides y con situaciones clínicas como la hipoalbuminemia, la diarrea, las fístulas, la malabsorción de vitamina D y la hiperoxaluria tras resecciones intestinales. En la población general se recomiendan unos 1000 miligramos diarios. En personas con EII puede ser necesario un aporte de entre 1000 y 1500 miligramos, habitualmente asociado a vitamina D, vitamina C, vitamina K y zinc. El calcio se encuentra en la leche, el yogur y el queso, así como en verduras como col rizada, brócoli y berros, y en pescados con espinas blandas comestibles, como sardinas o salmón.
El potasio suele perderse en mayor cantidad en situaciones de diarrea o en pacientes con yeyunostomía o ileostomía de alto débito. En la población general se recomiendan entre 2500 y 3500 miligramos diarios. En personas con EII las necesidades suelen ser similares, siendo suficiente cubrir los requerimientos fisiológicos. Se encuentra en plátano, patata, aguacate, frutas deshidratadas, frutos secos, albaricoque, espinaca, champiñones y productos integrales.
Oligoelementos
El déficit de hierro es muy frecuente, con una prevalencia estimada entre el 60 y el 80 %, y se asocia a la inflamación crónica, la malabsorción, una ingesta inadecuada y el sangrado intestinal, además del uso de fármacos como salicilatos y antiácidos. En la población general se recomiendan entre 8 y 18 miligramos diarios, según sexo. En personas con EII puede ser necesario un aporte de entre 80 y 100 miligramos, por vía oral o intravenosa. El hierro hemo se encuentra en carnes, aves y mariscos, mientras que el hierro no hemo está presente en cereales y panes fortificados, legumbres, lentejas, espinaca, frutos secos y frutas desecadas como las pasas.
El zinc puede presentar déficit en relación con el uso de corticoides y con situaciones como sangrado intestinal, diarrea, fístulas y malabsorción. En la población general se recomiendan entre 8 y 11 miligramos diarios. En personas con EII puede indicarse una suplementación de hasta 30 miligramos, valorando el uso de formas orgánicas como el zinc-histidina. Se encuentra en carnes como ternera, cerdo y aves, huevo, productos lácteos, semillas, cacao y frutos secos como los anacardos.