La disfagia se define como la dificultad para tragar y puede aparecer asociada a múltiples situaciones clínicas, como enfermedades neurológicas (por ejemplo, enfermedad de Parkinson, enfermedad de la neurona motora o demencia), accidente cerebrovascular, procesos oncológicos o alteraciones de la dentición. El abordaje nutricional constituye un pilar fundamental del tratamiento, ya que una alimentación adaptada permite mantener un adecuado estado nutricional y reducir el riesgo de complicaciones frecuentes, como el atragantamiento o las infecciones respiratorias por aspiración.
La intervención dietética más utilizada en personas con disfagia es la modificación de la textura y consistencia de los alimentos y líquidos. Para ello, se emplea la escala IDDSI (International Dysphagia Diet Standardisation Initiative), un sistema internacional que clasifica la severidad de la disfagia según el grado de adaptación necesario en la dieta. Esta escala comprende niveles del 0 al 7 y se representa mediante dos pirámides que se superponen: una correspondiente a líquidos y bebidas, y otra a alimentos sólidos.








