Tratamiento nutricional para la disfagia

La disfagia se define como la dificultad para tragar y puede aparecer asociada a múltiples situaciones clínicas, como enfermedades neurológicas (por ejemplo, enfermedad de Parkinson, enfermedad de la neurona motora o demencia), accidente cerebrovascular, procesos oncológicos o alteraciones de la dentición. El abordaje nutricional constituye un pilar fundamental del tratamiento, ya que una alimentación adaptada permite mantener un adecuado estado nutricional y reducir el riesgo de complicaciones frecuentes, como el atragantamiento o las infecciones respiratorias por aspiración.

La intervención dietética más utilizada en personas con disfagia es la modificación de la textura y consistencia de los alimentos y líquidos. Para ello, se emplea la escala IDDSI (International Dysphagia Diet Standardisation Initiative), un sistema internacional que clasifica la severidad de la disfagia según el grado de adaptación necesario en la dieta. Esta escala comprende niveles del 0 al 7 y se representa mediante dos pirámides que se superponen: una correspondiente a líquidos y bebidas, y otra a alimentos sólidos.

Líquidos y bebidas

En la disfagia suele ser necesario espesar los líquidos con el objetivo de disminuir la tos, el riesgo de asfixia y, especialmente, la posibilidad de penetración o aspiración hacia el árbol broncopulmonar. Los líquidos espesados se desplazan más lentamente por la garganta, lo que facilita su control durante la deglución. No obstante, estas modificaciones deben ser indicadas y supervisadas por el equipo sanitario, ya que pueden aumentar el residuo en la faringe tras la deglución o favorecer la deshidratación si la ingesta de líquidos se reduce. Por este motivo, resulta esencial identificar el nivel de espesor adecuado según la escala IDDSI y asegurar una hidratación suficiente, ofreciendo líquidos espesados de forma regular a lo largo del día.

Niveles de espesor según IDDSI

  • Extremadamente espesa (Nivel 4–5)
    • Alta viscosidad, con consistencia similar a un semisólido.
    • No fluye ni gotea a través de un tenedor y se mantiene sobre la cuchara.
    • No es bebible y requiere administración con cuchara.
    • Ejemplos: yogur firme, natillas o postres tipo pudin.
  • Moderadamente espesa
    • No mantiene completamente la forma.
    • Gotea lentamente desde la cuchara.
    • No es apta para sorbete, pero puede tomarse con taza o cuchara.
  • Poco espesa
    • Viscosidad baja, similar a un jarabe.
    • Fluye desde la cuchara dejando una fina capa.
    • Puede beberse desde una taza o con sorbete, requiriendo algo más de esfuerzo que un líquido normal.
    • Ejemplos: yogur bebible, batidos, zumos espesados.
  • Ligeramente espesa
    • Viscosidad mínima, aunque mayor que la del agua.
    • Puede pasar a través de una pajita o sorbete estándar.
    • Ejemplos: sopas ligeras, salsas, néctares.
  • Fina
    • Consistencia similar al agua.
    • Fluye fácilmente y atraviesa cualquier tipo de pajita.

Desde el punto de vista nutricional, los líquidos espesados pueden ser naturalmente espesos o bien obtenerse mediante espesantes formulados específicamente para modificar la viscosidad. Existen ciertos productos que deben evitarse, como gelatinas, postres gelificados y helados, ya que no mantienen una textura estable y pueden licuarse en la boca, aumentando el riesgo de aspiración. También deben evitarse los líquidos con pulpa o residuos, como zumos sin colar u horchata, debido a la posible retención de partículas en la garganta.

Alimentos

Las dietas destinadas a personas con disfagia deben adaptarse de forma individual, ajustando la textura, consistencia y viscosidad de los alimentos. Estas modificaciones facilitan la formación del bolo alimenticio en la cavidad oral y permiten una deglución más segura. El objetivo es asegurar una ingesta suficiente de energía y nutrientes, mantener un buen estado nutricional y reducir el riesgo de aspiración y de neumonía asociada.

Los niveles de adaptación de los alimentos, según la escala IDDSI, abarcan desde preparaciones muy modificadas hasta alimentos prácticamente sin cambios en su textura.

Niveles de consistencia y textura

  • Normal / fácil de masticar
    • Alimentos de consumo habitual con textura blanda y tierna.
    • Requieren capacidad para morder y masticar.
    • Ejemplos: budín de verduras, canelones rellenos.
normal fácil de masticar
  • Suave y tamaño bocado
    • Preparaciones blandas, húmedas y cortadas en porciones pequeñas.
    • No deben desprender líquido al manipularse.
    • Requieren habilidad para la masticación.
    • Ejemplos: budines salados, canelones bien cocidos.
disfagia suave
  • Picada y húmeda
    • Mantiene la forma sobre la cuchara.
    • Se presenta en pequeños fragmentos húmedos.
    • Requiere una capacidad mínima de masticación.
    • Ejemplos: puré de verduras, puré de polenta.
disfagia picada
  • Puré
    • Consistencia homogénea, suave y sin grumos.
    • Mantiene la forma en la cuchara y cae fácilmente al inclinarla.
    • No requiere masticación.
    • Ejemplos: puré fino de verduras, puré de polenta.
disfagia pure
  • Licuada
    • Textura similar a la de los líquidos espesos de nivel intermedio.
    • Puede consumirse con cuchara o beberse desde una taza.
    • No es apta para tenedor, ya que gotea lentamente.
    • Ejemplos: preparaciones licuadas de pasta cocida con caldo de verduras.
disfagia liquido

Consideraciones nutricionales

En general, los alimentos y preparaciones deben presentar texturas uniformes y homogéneas, evitando grumos, huesecillos, espinas, filamentos o semillas de frutas y verduras. La selección de los alimentos y la forma de prepararlos debe asegurar un aporte nutricional adecuado. Para lograr este objetivo, es importante tener en cuenta varios aspectos.

Cocción de los alimentos: las preparaciones al horno, al vapor o a presión conservan mejor los nutrientes que la cocción en agua hirviendo, ya que en esta última gran parte de los nutrientes se disuelven en el agua y se pierde contenido nutricional.

Es recomendable elaborar las comidas con la mayor variedad posible de alimentos a lo largo del día y planificar las preparaciones semanalmente. Para mantener una densidad calórica adecuada, se pueden incorporar ingredientes que no alteren la textura pero aumenten la energía, como leche, nata o salsas cremosas.

Alimentos que deben evitarse

  • Texturas fibrosas: tallo de acelgas, espárragos, apio, piña, lechuga.
  • Alimentos con pieles o semillas: kiwi, fresas, tomate.
  • Alimentos pegajosos: miel, dulce de leche, bollos, caramelos masticables, pan de molde, leche condensada.
  • Alimentos resbaladizos o con riesgo de aspiración: legumbres como lentejas, guisantes, garbanzos, chícharos, arroz, cous-cous, maíz, aceitunas, cerezas, uvas.
  • Alimentos duros: frutos secos como almendras, cacahuetes, pistachos, nueces y caramelos duros.
  • Alimentos con doble consistencia: leche con cereales o sopas con fideos o arroz.

Bibliografía

  • Steele CM, Namasivayam-MacDonald AM, Guida BT, et al. Creation and Initial Validation of the International Dysphagia Diet Standardisation Initiative Functional  Diet Scale. Arch Phys Med Rehabil. 2018;99(5):934 944. doi:10.1016/j.apmr. 2018.01.012.
  • Ruiz Brünner M, Cieri ME, etl al.  Atlas Fotográfico de consistencias de alimentos para el tratamiento de personas con disfagia, 1ra Edición.  Marzo, 2019. p 20. ISBN: 978-950-33-1518-7

Autor:

Tamara Ortiz

Dra. Tamara Ortiz

Agencia Sanitaria Costa del Sol, Marbella, Málaga.

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