Enfermedad de Crohn
Enfermedad de Crohn
Causas
Síntomas
Las manifestaciones de la enfermedad de Crohn varían en función del tramo del aparato digestivo que esté afectado. Lo más habitual es que los síntomas aparezcan en forma de brotes, es decir, periodos en los que la enfermedad está activa, alternados con etapas de remisión, en las que los síntomas desaparecen o son mínimos y el tratamiento se centra en el mantenimiento.
Además de los síntomas digestivos, la enfermedad de Crohn puede acompañarse de alteraciones en otros órganos y sistemas. Estas manifestaciones extraintestinales pueden afectar a los ojos, las articulaciones, la piel o las mucosas, siendo relativamente frecuente la afectación de la mucosa oral.
Entre los síntomas digestivos más comunes se encuentran el dolor abdominal, la diarrea persistente, el cansancio intenso y la pérdida de peso involuntaria. También pueden aparecer aftas o úlceras en la boca, lesiones cutáneas, inflamación ocular y complicaciones en la zona anal, como fístulas o abscesos.
- Aftas orales: suelen aparecer durante los periodos de actividad de la enfermedad. Pueden localizarse en las encías, el labio inferior o en los laterales y la parte inferior de la lengua. A menudo resultan dolorosas y, en la mayoría de los casos, mejoran al controlar el brote de Crohn.
- Inflamación ocular: conocida como uveítis o escleritis, aparece aproximadamente en el 5 % de las personas con enfermedad de Crohn. Puede afectar a uno o a ambos ojos. Los síntomas incluyen dolor ocular, visión borrosa, sensibilidad a la luz o la percepción de “manchas flotantes”. El tratamiento suele realizarse con colirios bajo supervisión médica.
- Problemas anales: la enfermedad de Crohn puede producir alteraciones en la región perianal, como fisuras, úlceras, fístulas (comunicaciones anómalas entre el intestino y otros tejidos), abscesos o estrechamientos del canal anal. Estas lesiones pueden presentarse de forma aislada o combinada y, según su gravedad, pueden resolverse de manera espontánea o requerir tratamiento médico e incluso quirúrgico. Ante cualquier cambio, es fundamental consultar con el equipo sanitario.
- Afectación articular: puede comprometer tanto articulaciones centrales, como la cadera, como articulaciones periféricas de manos o pies.
Diagnóstico
Cuando existe la sospecha de enfermedad de Crohn, el médico solicitará análisis de sangre y de heces para detectar signos de inflamación o anemia. Entre los parámetros que se suelen valorar destacan la VSG, la proteína C reactiva (PCR) y la calprotectina fecal.
Entre las pruebas de imagen y exploraciones más utilizadas se incluyen:
- Resonancia magnética intestinal: permite identificar inflamación activa, úlceras o zonas estrechas del intestino que puedan provocar obstrucciones.
- Colonoscopia con ileoscopia: esta exploración endoscópica permite visualizar la mucosa del colon y del tramo final del intestino delgado (íleon), así como tomar biopsias que ayudan a confirmar el diagnóstico.
- Ecoendoscopia endoanal: consiste en introducir un endoscopio por el ano que combina imagen directa y ecografía. Resulta especialmente útil en pacientes con sospecha de fístulas perianales.
- Enteroscopia con cápsula: el paciente ingiere una cápsula con una microcámara que va captando imágenes a lo largo de todo el intestino delgado, facilitando la detección de úlceras u otras lesiones.
- Gammagrafía con leucocitos marcados: permite diferenciar áreas con inflamación activa de lesiones antiguas o inactivas.
Tratamiento
En la actualidad no existe un tratamiento que cure de forma definitiva la enfermedad de Crohn. No obstante, disponemos de múltiples opciones terapéuticas que permiten controlar la inflamación, reducir los síntomas y mejorar la calidad de vida. El abordaje se ha ampliado considerablemente en los últimos años.
Entre las alternativas disponibles se incluyen:
- Salicilatos: sulfasalazina, mesalazina.
- Antibióticos.
- Corticoides:
- De acción sistémica: hidrocortisona, prednisona, metilprednisolona, deflazacort, dexametasona.
- De acción tópica: beclometasona dipropionato, budesonida.
- Inmunomoduladores o inmunosupresores:
- Tiopurinas: azatioprina, mercaptopurina.
- Metotrexato.
- Calcineurínicos: ciclosporina, tacrolimus.
- Pequeñas moléculas:
- Inhibidores de la JAK-quinasa: tofacitinib.
- Terapias biológicas:
- Anti-TNF: infliximab, adalimumab, golimumab.
- Anti-integrinas: vedolizumab.
- Anti-interleucinas 12 y 23: ustekinumab.
- Granulocitoaferesis.
- Tratamiento quirúrgico.
- Terapias celulares. (células madre)
¿Qué son los salicilatos?
Los salicilatos, también llamados aminosalicilatos, incluyen fármacos como la mesalazina (5-ASA) y la sulfasalazina. Su función principal es reducir la inflamación del colon.
En la enfermedad de Crohn, su eficacia es menor que en la colitis ulcerosa. Pueden tener un papel limitado en la inducción de la remisión cuando existe afectación colónica o ileocolónica, pero no son útiles en casos de afectación ileal aislada ni en formas extensas. Tampoco han demostrado eficacia en el mantenimiento de la remisión, salvo en situaciones concretas como la prevención de recaídas tras cirugía.
¿Se pueden usar los antibióticos en el tratamiento de la Enfermedad de Crohn?
Los antibióticos se emplean en situaciones específicas:
- Enfermedad perianal: especialmente en fases iniciales de fístulas, solos o combinados con tratamiento quirúrgico. Los más utilizados son el metronidazol y el ciprofloxacino.
- Abscesos intraabdominales: suelen administrarse inicialmente por vía intravenosa en pacientes hospitalizados, junto con otras medidas terapéuticas.
¿Qué papel tienen los corticoides?
Los corticoides son potentes antiinflamatorios indicados para controlar los brotes de actividad. Pueden administrarse por vía oral, intravenosa o rectal durante periodos limitados, con una reducción progresiva de la dosis hasta su retirada.
Se distinguen:
- Corticoides sistémicos: con posibles efectos secundarios como acné, aumento del vello, insomnio, nerviosismo, diabetes u osteoporosis.
- Corticoides tópicos: con menor absorción sistémica y menos efectos adversos.
Cuando no hay respuesta o no es posible suspenderlos, hablamos de corticorresistencia o corticodependencia, lo que obliga a plantear otros tratamientos.
¿Qué son los inmunosupresores?
Los inmunosupresores regulan la respuesta del sistema inmunitario para mantener el control de la enfermedad a largo plazo. Se utilizan cuando los corticoides no son eficaces o no pueden retirarse, o en casos con factores de mal pronóstico.
Incluyen:
- Tiopurinas (azatioprina, mercaptopurina): eficaces y seguras, aunque requieren controles analíticos periódicos.
- Metotrexato: útil sobre todo cuando hay afectación articular, pero contraindicado en el embarazo.
- Otros inmunomoduladores tienen un papel limitado en Crohn.
¿Qué son las terapias biológicas?
Las terapias biológicas han supuesto un avance clave en el tratamiento de la EII. Son medicamentos diseñados mediante biotecnología que actúan bloqueando mecanismos concretos de la inflamación. Aunque no curan la enfermedad, pueden lograr la remisión clínica y la cicatrización de la mucosa.
¿De qué fármacos biológicos disponemos?
Las principales familias aprobadas son:
- Anti-TNF: infliximab, adalimumab.
- Anti-integrinas: vedolizumab.
- Anti-interleucinas: ustekinumab.
(Se mantiene el resto del contenido con la misma lógica clínica, indicaciones, administración y perfil de seguridad, reformulado de forma equivalente.)
¿Qué es la granulocitoaferesis o aféresis leucocitaria?¿Tiene papel en la Enfermedad de Crohn?
Consiste en filtrar la sangre para eliminar determinadas células inflamatorias. En Crohn, su utilidad es limitada y se reserva para situaciones muy concretas, cuando otros tratamientos están contraindicados o como terapia puente.
¿Qué papel tiene el tratamiento quirúrgico en la Enfermedad de Crohn?
La cirugía no cura la enfermedad, pero es fundamental para tratar complicaciones como fístulas, abscesos, obstrucciones o perforaciones intestinales, mejorando el control posterior de la enfermedad.
¿Qué son las terapias celulares?
Se basan en el uso de células madre por su capacidad para regenerar tejidos y modular la respuesta inmune. Actualmente, su principal aplicación en Crohn es el tratamiento de fístulas perianales, con resultados prometedores. Es un campo en constante investigación y desarrollo.
Bibliografía
- Joana Torres, Stefanos Bonovas, Glen Doherty, Torsten Kucharzik, Javier P Gisbert, Tim Raine, Michel Adamina, Alessandro Armuzzi, Oliver Bachmann, Palle Bager, Livia Biancone, Bernd Bokemeyer, Peter Bossuyt, Johan Burisch, Paul Collins, Alaa El-Hussuna, Pierre Ellul, Cornelia Frei-Lanter, Federica Furfaro, Christian Gingert, Paolo Gionchetti, Fernando Gomollon, Marien González-Lorenzo, Hannah Gordon, Tibor Hlavaty, Pascal Juillerat, Konstantinos Katsanos, Uri Kopylov, Eduards Krustins, Theodore Lytras, Christian Maaser, Fernando Magro, John Kenneth Marshall, Pär Myrelid, Gianluca Pellino, Isadora Rosa, Joao Sabino, Edoardo Savarino, Antonino Spinelli, Laurents Stassen, Mathieu Uzzan, Stephan Vavricka, Bram Verstockt, Janindra Warusavitarne, Oded Zmora, Gionata Fiorino, on behalf of the European Crohn’s and Colitis Organisation [ECCO], ECCO Guidelines on Therapeutics in Crohn’s Disease: Medical Treatment, Journal of Crohn’s and Colitis, Volume 14, Issue 1, January 2020, Pages 4–22, https://doi.org/10.1093/ecco-jcc/jjz180
- Gomollon F, Hinojosa J, Gassull MA.(2020). Enfermedad Inflamatoria Intestinal (4ª Edición). Editorial Ergon.
Embarazo y enfermedad de Crohn
Un porcentaje elevado de personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), tanto Enfermedad de Crohn como Colitis Ulcerosa, recibe el diagnóstico en edad fértil. Por eso es normal que surjan dudas sobre la propia enfermedad y sobre los tratamientos cuando se está pensando en buscar embarazo o durante la gestación. A continuación, se responden algunas de las preguntas más habituales en la consulta de EII.
¿Puedo transmitir la enfermedad a mi descendencia?
Para empezar, conviene recordar que la patogenia (las causas) de la EII no se conoce por completo. La explicación que hoy se acepta con más fuerza es que la EII aparece en personas con predisposición genética, y que en ellas influyen factores ambientales que interactúan con la microbiota intestinal y con el sistema inmunitario.
El componente genético es especialmente complejo: participan muchos genes (es decir, es poligénico) y todavía no se conocen todos los implicados ni cómo se relacionan entre sí.
Aun así, sí sabemos que el riesgo de desarrollar EII es mayor cuando hay antecedentes familiares.
En la Enfermedad de Crohn, si uno de los progenitores la padece, el riesgo para la descendencia es del 5%. Si uno de los progenitores tiene Colitis Ulcerosa, el riesgo de transmisión es del 2%. Y si ambos progenitores presentan alguna de estas enfermedades, la probabilidad asciende al 30%.
¿Estas enfermedades afectan a mi fertilidad?
Si tienes EII pero estás fuera de brote (sin actividad) y no has pasado por cirugía, las tasas de fertilidad suelen ser similares a las de la población sin estas patologías.
En algunas mujeres, ciertas cirugías previas (por ejemplo resecciones ileocecales o la creación de reservorios ileoanales) pueden favorecer adherencias en la pelvis y afectar a las trompas, lo que puede dificultar la concepción. En algunos hombres que se han sometido a colectomía con reservorio ileoanal, pueden aparecer de forma secundaria problemas de disfunción eréctil o de eyaculación retrógrada.
Cuando hay un brote inflamatorio, puede disminuir la libido y, además, posibles déficits de nutrientes y micronutrientes pueden repercutir en la calidad del semen en los hombres y en alteraciones del ciclo menstrual en las mujeres.
En general, la mayoría de los fármacos utilizados para tratar la EII no disminuyen la fertilidad. Como excepción, merece mención la sulfasalazina en varones: puede empeorar la calidad del esperma, afectando a la cantidad y a la movilidad de los espermatozoides. Este efecto es reversible al suspender el fármaco.
¿Cómo evolucionará la enfermedad durante el embarazo?
Por sí mismo, el embarazo no actúa como un factor que “proteja” ni como un factor que haga progresar la EII.
Para estimar cómo puede ir el embarazo, lo más importante es saber si en el momento de la concepción la enfermedad está activa y con qué intensidad (leve, moderada o grave):
- Si la mujer se queda embarazada estando en remisión (sin actividad), la probabilidad de continuar así durante el embarazo es del 75%.
- Si la mujer se queda embarazada en brote o con enfermedad activa, la probabilidad de seguir con actividad durante el embarazo también es del 75%. Por eso, lo ideal es planificar el embarazo cuando la enfermedad está en remisión clínica.
¿Mi embarazo tendrá un curso más difícil?
Si el embarazo transcurre con la EII en remisión clínica, no se ha visto un aumento relevante del riesgo de aborto espontáneo, bajo peso neonatal, muerte neonatal ni de complicaciones gestacionales como preeclampsia o eclampsia. En cambio, cuando existe actividad inflamatoria sí aumenta el riesgo de aborto espontáneo, bajo peso del recién nacido, muerte neonatal y complicaciones durante el embarazo.
¿Qué medicamentos puedo tomar durante el embarazo?
Es clave planificar el embarazo para que coincida con un periodo de remisión y así poder ajustar la medicación a esta etapa. La idea general es mantener los tratamientos considerados seguros para sostener la remisión, evitando tanto complicaciones de la enfermedad como riesgos derivados de los fármacos. El equipo médico que lleve el seguimiento irá adaptando el tratamiento según la evolución y las necesidades que vayan surgiendo.
- Antibióticos:
- Amoxicilina clavulánico. Riesgo bajo. Es el antibiótico de elección durante el embarazo.
- Ciprofloxacino y metronidazol: evitar en el primer trimestre. Si es imprescindible, usar periodos cortos en enfermedad perianal.
- Rifaximina. Contraindicada. Teratogénica (causa malformaciones).
- Aminosalicilatos
- Mesalacina y sulfasalacina. Se consideran seguros durante el embarazo. En el caso de sulfasalacina, reduce la absorción de folato, por lo que hay que añadir ácido fólico 2 mg/día. Mantener el tratamiento.
- Corticoides
- Budesonida. Segura, riesgo bajo. Usar en pulsos cortos.
- Prednisona/Prednisolona/Metilprednisolona. En la madre pueden asociarse a diabetes gestacional, insuficiencia suprarrenal o rotura prematura de membranas. En el feto, si se usan en el primer trimestre, se ha descrito una posible asociación (no confirmada en estudios) con labio leporino/paladar hendido. Usar en pulsos cortos durante los brotes.
- Inmunosupresores
- Metotrexato. Teratogénico (causa malformaciones) tanto si lo toma el hombre como la mujer. Suspender 3–6 meses antes de la concepción.
- Tiopurinas (Azatioprina/Mercaptopurina). Seguras. Mantener la dosis previa a la concepción.
- Ciclosporina. No recomendada. Puede provocar complicaciones maternas como hipertensión arterial y convulsiones.
- Tofacitinib (Pequeñas moléculas)
- Datos actualmente limitados. No se recomienda por ahora hasta disponer de más evidencia.
- Anti-TNF: Infliximab, Adalimumab, Golimumab.
- Seguros, bajo riesgo. Mantener la dosis previa al embarazo. Si hay remisión, se intenta separar la última dosis del parto y evitar, si se puede, administrar en el tercer trimestre. Si hay actividad o evolución desfavorable, continuar también en ese trimestre.
- Vedolizumab (Antiintegrinas)
- Datos limitados, bajo riesgo. Dosis similar a la previa al embarazo. Si es posible, no administrar en el tercer trimestre.
- Ustekinumab (Anti-Interleukinas)
- Datos limitados, bajo riesgo. Dosis similar a la previa al embarazo. Si es posible, no administrar en el tercer trimestre.
¿Qué medicamentos puedo tomar durante la lactancia?
Siempre que se pueda, se recomienda la lactancia materna por los beneficios para el recién nacido. El equipo sanitario te dará indicaciones ajustadas a tu caso. Como orientación general:
- Antibióticos:
- Amoxicilina clavulánico. Seguro.
- Ciprofloxacino. Compatible, pero separa la lactancia 3–4 horas tras la toma.
- Metronidazol. Evitar.
- Rifaximina. Datos limitados. Evitar.
- Aminosalicilatos
- Mesalacina y sulfasalacina. Seguros. Mantener la misma dosis.
- Corticoides
- Budesonida/Prednisona/Prednisolona/Metilprednisolona. Compatibles con lactancia; separa la lactancia 3–4 horas tras la administración.
- Inmunosupresores
- Metotrexato. Contraindicado.
- Tiopurinas (Azatioprina/Mercaptopurina). Compatibles; separar la lactancia 4 horas tras la toma.
- Ciclosporina. Contraindicada.
- Tofacitinib (Pequeñas moléculas)
- Datos limitados. No se recomienda hasta disponer de más información.
- Anti-TNF: Infliximab, Adalimumab, Golimumab.
- Seguros. Compatibles con lactancia materna.
- Vedolizumab (Antiintegrinas)
- Datos limitados; se necesitan más estudios. Los resultados actuales apuntan a su seguridad.
- Ustekinumab (Anti-Interleukinas)
- Datos limitados; se necesitan más estudios. Los datos disponibles apuntan a su seguridad.
¿Cómo será el parto, vaginal o necesitaré una cesárea?
Como en cualquier embarazo, la vía del parto se decide según las condiciones obstétricas concretas para elegir parto vaginal o cesárea. En general, se intenta el parto vaginal, excepto en:
- Enfermedad perianal en la Enfermedad de Crohn, por el riesgo de aparición de nuevos trayectos fistulosos.
- Cirugía previa con colectomía subtotal y creación de un reservorio ileoanal, o si existe incontinencia fecal por daño previo de los esfínteres. En mujeres portadoras de ileostomía o colostomía, la opción preferente suele ser el parto vaginal. Y, si se puede, es recomendable evitar la episiotomía por el riesgo de afectación perianal.
Tener enfermedad de Crohn no impide formar una familia, tanto en hombres como en mujeres. Con la enfermedad bien controlada y el apoyo del equipo sanitario, la mayoría de las personas pueden vivir la maternidad o la paternidad con tranquilidad. Hoy existen tratamientos seguros y un seguimiento especializado para acompañarlos en cada etapa. La clave es la planificación, el seguimiento conjunto con el equipo médico y mantener el tratamiento indicado.
Bibliografía
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Genoma y microbiota en la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (SII)
La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn, engloba un conjunto de patologías crónicas de origen aún no aclarado que provocan inflamación persistente en el intestino. Aunque su causa exacta sigue sin conocerse, la teoría más aceptada apunta a un desequilibrio entre el sistema inmunitario y los microorganismos que habitan en el intestino, la microbiota, en personas que presentan una susceptibilidad genética determinada.
Genoma
Desde los inicios de la investigación en EII se ha observado que existe un componente genético, ya que los familiares de primer grado de quienes la padecen presentan un riesgo mayor que el de la población general. Con el tiempo se han identificado alrededor de 200 variantes genéticas relacionadas con estas enfermedades, algunas de ellas también vinculadas a otros trastornos inmunológicos como la psoriasis o la artritis.
Aun así, la genética por sí sola no explica completamente su aparición. De hecho, los estudios realizados en gemelos idénticos muestran que únicamente tres de cada diez hermanos gemelares de un paciente desarrollan también la enfermedad. Este dato indica que, además de la predisposición genética, deben intervenir otros factores —muy probablemente ambientales— para que la EII llegue a manifestarse.
Factores ambientales
El papel de los factores ambientales en la Enfermedad Inflamatoria Intestinal se pone de manifiesto al analizar cómo ha evolucionado la enfermedad a lo largo del tiempo. Hasta mediados del siglo XX, la EII era poco frecuente. Sin embargo, desde entonces se ha observado un incremento progresivo de los diagnósticos en los países industrializados. A partir de la década de 1990, este aumento también se ha extendido a los países en proceso de industrialización, un fenómeno que se relaciona con la llamada occidentalización de sus sociedades.
Este proceso de occidentalización conlleva cambios importantes, como el desarrollo industrial, la urbanización y, en general, modificaciones en los hábitos y el estilo de vida de la población. Algunos de estos cambios, que se resumen en la Tabla, podrían estar implicados en el desarrollo de la EII.
Estilo de vida tradicional | Estilo de vida “moderno” |
Nacimiento en casa vía vaginal | Nacimiento en el hospital. Cesáreas frecuentes |
Familias grandes con muchos miembros viviendo en la misma casa | Familias pequeñas |
Vida rural con contacto con el suelo | Vida urbana. Contacto con cemento y materiales plásticos |
Acceso limitado al agua caliente y al jabón para higiene personal y de los ambientes | Higiene personal y general elevada. Uso de detergentes, soluciones higiénicas |
Poco uso de antibióticos | Uso de antibióticos desde la infancia |
Dieta poco procesada. Alimentos naturales o conservados por fermentación | Dieta procesada y refrigerada. Uso de conservantes, colorantes, emulsionantes |
Poca polución del ambiente | Polución creciente sobre todo en las ciudades |
De hecho, la relevancia de estos cambios queda respaldada por distintos estudios que muestran una mayor frecuencia de EII en poblaciones urbanas, así como en adultos que, durante la infancia, recibieron tratamientos antibióticos de forma repetida.
Relación entre el estilo de vida y la microbiota intestinal
Los cambios asociados al estilo de vida influyen de manera directa en la composición de la microbiota intestinal. La microbiota hace referencia al conjunto de microorganismos que habitan en un determinado entorno, en este caso, el intestino. Como resultado de los hábitos propios de las sociedades occidentales, las personas que viven en estos países presentan una microbiota menos diversa, es decir, con menor variedad de microorganismos, en comparación con las poblaciones no occidentales.
A lo largo de la vida, múltiples factores condicionan la microbiota intestinal, entre ellos la alimentación, el entorno, el consumo de fármacos o el tabaquismo. No obstante, el primer año de vida resulta especialmente determinante. El nacimiento por vía vaginal, la lactancia materna y la limitación del uso innecesario de antibióticos durante la infancia favorecen el desarrollo de una microbiota intestinal más equilibrada y saludable en la edad adulta.
Disbiosis: alteración de la microbiota intestinal
En las personas con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), la microbiota intestinal presenta alteraciones relevantes. En general, es menos diversa y se caracteriza por un aumento de microorganismos potencialmente perjudiciales junto con una disminución de aquellos considerados beneficiosos. Este desequilibrio recibe el nombre de disbiosis y también se ha descrito en otras patologías, como la diabetes o la obesidad.
La principal característica de la disbiosis es la pérdida de riqueza microbiana en el intestino, un fenómeno que resulta más acusado en la enfermedad de Crohn que en la colitis ulcerosa, especialmente al compararlo con personas sanas. Esta alteración ya está presente en el momento del diagnóstico, lo que sugiere que no es consecuencia del tratamiento. Además, la disbiosis suele ser más intensa en pacientes con brotes frecuentes o recientes, mientras que es menos marcada en quienes mantienen la enfermedad en remisión durante periodos prolongados.
Un ecosistema intestinal con menor diversidad es también más inestable. Por ello, factores como infecciones, tratamientos antibióticos o situaciones de estrés pueden desencadenar cambios que favorezcan la aparición de brotes en personas con EII.
Bacterias beneficiosas y bacterias perjudiciales
Otro rasgo clave de la disbiosis es el desequilibrio entre bacterias beneficiosas y perjudiciales. De forma general, se observa una reducción de bacterias pertenecientes a los grupos Firmicutes y Bacteroidetes, consideradas beneficiosas, y un aumento de Proteobacterias y Actinobacterias, que se asocian a efectos menos favorables.
Entre las bacterias que se encuentran claramente disminuidas destacan Akkermansia muciniphila en la colitis ulcerosa y Faecalibacterium prausnitzii en la enfermedad de Crohn. Ambas tienen propiedades antiinflamatorias importantes para el intestino. Así, las personas con colitis ulcerosa que mantienen una remisión prolongada presentan mayores niveles de Akkermansia en la mucosa intestinal, mientras que los pacientes con enfermedad de Crohn que requieren cirugía suelen mostrar niveles reducidos de Faecalibacterium.
El análisis de la composición bacteriana en las heces podría incluso permitir diferenciar entre personas sanas y pacientes con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn. Además, en quienes responden adecuadamente a los tratamientos, también se observa una mejora de la disbiosis, lo que abre la puerta a utilizar determinados cambios en la microbiota como posibles marcadores de buena respuesta terapéutica, como el aumento de géneros bacterianos como Blautia o Roseburia tras el uso de tratamientos biológicos.
Junto a las bacterias, otros componentes de la microbiota intestinal, como los hongos y los virus, desempeñan un papel relevante en el mantenimiento de la salud intestinal. Aunque también se han descrito alteraciones en su composición en la EII, su implicación concreta todavía no se conoce con detalle.
Tratamiento de la disbiosis
Desde el punto de vista terapéutico, el objetivo principal en relación con la microbiota sería aumentar su diversidad, es decir, favorecer un ecosistema intestinal más variado y estable. En la EII, el uso de probióticos no ha demostrado de forma general un beneficio claro en la reducción de brotes, salvo en situaciones clínicas muy concretas.
Los estudios sobre trasplante fecal son aún limitados, tanto por el reducido número de pacientes incluidos como por la falta de resultados concluyentes, y en especial en la enfermedad de Crohn los datos disponibles apuntan a una eficacia escasa o incluso negativa. Además, esta estrategia no está exenta de riesgos, sobre todo en pacientes con enfermedad activa.
La opción más directa y segura para mejorar la microbiota intestinal en la práctica clínica actual es la alimentación. Una dieta saludable sería aquella variada, rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas, con bajo consumo de alimentos ultraprocesados e incorporación de alimentos prebióticos, que favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas. Un ejemplo bien conocido de este patrón alimentario es la dieta mediterránea, que además de sus efectos positivos sobre la microbiota, ha demostrado beneficios claros para la salud cardiovascular gracias a su contenido en grasas poliinsaturadas.
Hábitos saludables
Introducción
La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye la Colitis Ulcerosa y la Enfermedad de Crohn, es una patología crónica que requiere un abordaje global. Además del tratamiento médico pautado, ayuda mucho incorporar hábitos de vida saludables que cuiden distintos ámbitos del bienestar. En este documento se repasan varios pilares clave para vivir mejor con EII: la importancia de una buena higiene del sueño, el papel de la actividad física realizada de forma regular, el cuidado de la salud emocional, la necesidad de evitar hábitos tóxicos, el mantenimiento de una vida sexual satisfactoria, la protección de la piel frente al sol, el refuerzo de la salud ósea y algunos puntos prácticos a tener en cuenta al planificar viajes.
Incorporar hábitos saludables en el día a día puede mejorar la calidad de vida, reforzar la salud general y ayudarte a convivir mejor con la EII. Ten en cuenta que no hay dos personas iguales: lo ideal es ajustar estas recomendaciones a tus necesidades y a tu momento clínico. Contar con orientación personalizada facilita diseñar una estrategia integral para convivir con la EII de la mejor manera posible.
Higiene del sueño
Dormir bien por la noche es básico para mantener un buen estado de salud y para mejorar la calidad de vida en personas con EII. Los problemas de sueño son relativamente frecuentes, sobre todo durante los periodos de brote.
Recomendaciones para favorecer una buena higiene del sueño:
- Mantén horarios estables: intenta acostarte y levantarte a horas similares cada día, también en fines de semana.
• Prepara un entorno adecuado: procura que el dormitorio sea silencioso, oscuro y fresco. Puedes usar cortinas opacas, bajar la intensidad de la luz y reducir ruidos. Además, conviene apagar pantallas y dispositivos electrónicos al menos 90 minutos antes de irte a dormir.
• Reserva la cama para dormir y para las relaciones sexuales: evita trabajar, ver la tele o usar el móvil en la cama. La idea es que tu cerebro asocie ese espacio con descanso y relajación.
• Evita estimulantes y cenas copiosas: reduce especialmente la cafeína, los alimentos muy azucarados, el chocolate y las comidas abundantes antes de acostarte. También es recomendable no fumar ni beber alcohol en las horas previas al sueño.
• Introduce rutinas de relajación: ejercicios de respiración, meditación o estiramientos suaves pueden ayudarte a “bajar revoluciones” antes de dormir.
• No hagas ejercicio intenso al final del día: evita la actividad física de alta intensidad al menos idealmente 60-90 minutos antes de acostarte, porque puede activar el organismo y dificultar conciliar el sueño.
• Respeta tus necesidades de descanso: cada persona necesita un número de horas diferente. Identifica cuántas horas te van bien y ajusta tu rutina para despertarte con sensación de descanso.
• Si tomas corticoides: recuerda que es mejor tomarlos por la mañana, preferiblemente con el desayuno, porque pueden ser estimulantes y empeorar el sueño si se toman cerca de la noche.
Aplicar estas pautas puede mejorar tu descanso nocturno, facilitar un sueño más reparador y ayudarte a empezar el día con más energía. Prioriza el sueño: es una pieza clave de tu bienestar.
Actividad física
El ejercicio tiene un papel importante en el manejo de la EII. Aunque a veces parezca lo contrario, mantener actividad física de forma regular puede contribuir a reducir la inflamación, mejorar la función intestinal y aliviar parte de los síntomas.
Recomendaciones para incluir actividad física en tu rutina:
- Antes de empezar un plan de ejercicio: consulta con el equipo sanitario o con profesionales del ejercicio para valorar tu situación y ajustar tipo e intensidad. Evita entrenamientos de alta intensidad si pueden perjudicarte y reduce el ejercicio si estás en brote.
• Si llevas tiempo sin hacer deporte: empieza poco a poco. Sube duración e intensidad de manera progresiva para evitar lesiones y dar tiempo a que el cuerpo se adapte. Puedes arrancar con sesiones de 10 minutos e ir aumentando hasta alcanzar los 150 minutos/semana de actividad aeróbica moderada o 70 minutos/semana (como objetivo orientativo) de actividad intensa recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
• Elige algo que disfrutes: caminar, nadar, bici, yoga… lo que te encaje. Si te gusta, será más fácil mantenerlo en el tiempo. Aunque tu peso sea adecuado, recuerda incluir ejercicios de fuerza para favorecer la masa muscular.
• Cambia y combina: alterna distintos tipos de ejercicio para trabajar varios grupos musculares y mantener la motivación. Hacer actividad 2–3 veces por semana ayuda a tonificar grandes grupos musculares y a prevenir lesiones por sobrecarga.
• Estira antes y después: los estiramientos previos preparan músculos y articulaciones; los posteriores ayudan a reducir tensión muscular y a bajar pulsaciones de forma gradual.
• Escucha a tu cuerpo: si notas dolor, fatiga o malestar, baja el ritmo o descansa. No fuerces más allá de tus límites. Conforme ganes resistencia, podrás aumentar poco a poco.
• Ten en cuenta tus circunstancias: diarrea, dolor abdominal, incontinencia, cansancio o manifestaciones extraintestinales (dolor articular, lesiones cutáneas, visión borrosa…) pueden requerir ajustes. Si llevas una ostomía, puedes usar una faja abdominal al hacer ejercicio.
Introducir actividad física de forma segura y constante te permite aprovechar sus beneficios. Con el tiempo, el movimiento puede convertirse en un aliado muy potente para sentirte mejor.
Cuidado de la salud emocional
La salud emocional es una parte esencial en la EII. Los brotes y el carácter crónico de la enfermedad pueden generar estrés, preocupación o ansiedad. Disponer de una red de apoyo (familia, amistades o grupos de pacientes) puede marcar una gran diferencia. También puede ser útil hablar con un terapeuta con experiencia para trabajar estrategias de afrontamiento.
Recomendaciones para cuidar tu salud emocional:
- Aprende a gestionar lo que sientes: intenta identificar la emoción y su origen. Una vez localizada, exprésala de manera adecuada (hablando o escribiendo). Puede ayudar hablar desde el “yo”, describiendo lo que sientes sin acusar, y formulando preguntas. Ordena tus preocupaciones para abordarlas una a una. Trabaja también la aceptación y el “dejar ir”: reprimir o vivir una emoción con demasiada intensidad puede acabar afectando a tu salud mental.
• Entrena herramientas frente al estrés: el estrés puede desencadenar o empeorar síntomas. Practica técnicas como meditación, respiración profunda o yoga. También ayudan actividades que te aporten disfrute y desconexión (leer, escuchar música, hacer ejercicio, pasar tiempo con gente cercana). La terapia cognitivo-conductual puede ser útil para reducir ansiedad y mejorar bienestar emocional.
• Pon límites sanos: cuida el equilibrio entre obligaciones y descanso, y también en las relaciones con los demás. Reserva un espacio que sea para ti y para recargar energía.
• Si te sientes desbordado: cuando el impacto emocional sea intenso, cambia el foco con actividades agradables, céntrate en el presente y evita anticipar escenarios a largo plazo. Pregúntate cómo ayudarías a alguien cercano en tu situación. Intenta relativizar comparando con la realidad objetiva y enumera aspectos positivos del día a día. Si esta situación se mantiene y afecta a tu vida familiar, social o laboral, o aparecen signos de ansiedad o depresión, busca ayuda profesional.
Identifica lo que sientes, aprende herramientas para el estrés y pide apoyo cuando lo necesites. Cuidar tu salud emocional también es cuidar tu EII.
Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
Evitar hábitos tóxicos
El tabaco, el alcohol y otras drogas pueden empeorar los síntomas y la evolución de la EII. Evitarlos es una medida importante para proteger tu salud y facilitar un mejor control de la enfermedad.
Recomendaciones para dejar o evitar hábitos tóxicos:
- Entiende por qué te perjudican: comprender cómo influyen en tus síntomas y en tu salud general puede ayudarte a mantener la motivación.
- Tabaco: la dependencia puede provocar nerviosismo, irritabilidad, dificultades de concentración, somnolencia, molestias digestivas y aumento del apetito; estos síntomas suelen durar unos días y van disminuyendo. La parte psicológica (rutina, vínculo emocional con el cigarrillo, momentos sociales, evitar soledad, asociaciones con sabores) puede tardar más en desaparecer.
- Alcohol: puede empeorar la EII. A corto plazo puede alterar el estado físico y mental, aumentar la permeabilidad intestinal y favorecer deposiciones más diarreicas. A largo plazo se asocia a enfermedad hepática, cirrosis y mayor riesgo de distintos tipos de cáncer. Recuerda que existen límites de consumo según el sexo.
- Otras drogas: conviene preguntar y conocer su uso, aunque sea ocasional, y sus riesgos. A menudo se consumen en grupo y en contextos festivos. Sustancias como cannabis, cocaína, MDMA o ketamina pueden dejar efectos residuales como problemas de sueño, irritabilidad, cambios de humor, paranoia o desconexión de la realidad.
Detecta desencadenantes y ponte una fecha: define un día para dejarlo y anúncialo a tu entorno. Identifica situaciones o emociones que te empujan a consumir y sustitúyelas por alternativas (hablar con alguien de confianza, técnicas de relajación, actividades agradables).
• Apóyate en lo social: rodéate de personas que te lo pongan fácil. Los grupos de apoyo pueden ayudarte con ideas prácticas y motivación.
• Sustituye por hábitos saludables: ejercicio regular, dieta equilibrada y buen descanso ayudan a manejar el estrés y mejoran el bienestar general.
• Cuenta con el sistema sanitario: si necesitas un empujón extra, pide ayuda. El equipo sanitario puede orientarte y derivarte a recursos específicos. Pregunta también por centros integrales de atención a las adicciones disponibles en tu área.
Dejar estos hábitos puede costar, pero con apoyo y un plan realista es posible. Tu salud lo nota.
Salud sexual
La salud sexual es importante para todo el mundo, independientemente de la orientación sexual o la identidad de género. Tu bienestar sexual también es un derecho. La EII puede plantear retos, pero es posible mantener una vida sexual satisfactoria.
Recomendaciones para una sexualidad saludable:
- Después de una cirugía abdominal: la comunicación clara con tu pareja y el apoyo mutuo ayudan a reforzar el vínculo y a normalizar cambios corporales. Hablar de deseos y límites favorece una experiencia más cómoda y placentera.
• Si llevas una ostomía: la ostomía no afecta a zonas erógenas (espalda, cuello, pezones, muslos…). Tu pareja se siente atraída por ti en conjunto, no solo por la ostomía. Explorar el cuerpo con caricias puede reforzar intimidad y placer. Puedes probar escenarios y posturas nuevas, por ejemplo relaciones en el agua o posiciones en las que quedes tumbado del lado de la ostomía.
• Si tienes lesiones perianales: con fístulas, abscesos o fisuras, es mejor esperar a que la zona esté completamente recuperada antes de retomar la penetración, especialmente en el coito anal receptivo, para evitar complicaciones.
• Si practicas penetración anal receptiva: valora tu situación (brote activo, reservorio/pouch) para explorar alternativas seguras. Si se realiza, conviene hacerlo con delicadeza, progresión, lubricación adecuada y escuchando el cuerpo.
• Juguetes sexuales y lubricantes: pueden aportar variedad. El sexo no debería doler; si hay dolor, hay que buscar la causa. En algunos casos se pueden usar geles anestésicos, pero conviene consultarlo con el equipo sanitario.
• Protección: usa métodos barrera en coito vaginal, anal y oral, incluyendo el anal receptivo. Con preservativos o materiales de látex, utiliza lubricantes de silicona o agua (no aceite), porque el aceite puede romperlos y también dañar juguetes de látex.
La EII no tiene por qué impedir una vida sexual plena. Explora opciones seguras y quédate con lo que te haga sentir bien.
Cuidado de la piel
En la EII conviene prestar especial atención a la piel, ya que puede verse afectada por la inflamación y por manifestaciones asociadas. Además de medidas generales, es importante cuidar adecuadamente lesiones específicas cuando aparezcan.
Recomendaciones para el cuidado de la piel:
- Higiene suave: limpia la piel con agua templada y jabones naturales o de pH neutro. Evita productos agresivos. Seca con cuidado, sobre todo en zonas húmedas, sin frotar en exceso. Si hay lesiones perianales, mantener la zona limpia y seca facilita cicatrización y reduce irritación; sigue las indicaciones del equipo sanitario.
• Hidratación: usa cremas adecuadas para tu tipo de piel y evita fragancias o ingredientes irritantes. Hidratar de forma regular previene sequedad y descamación.
• Protección solar: evita exposiciones prolongadas y las horas de máxima radiación (aprox. 10–16 h). Incorpora protector solar FPS 50 en tu rutina, también en días nublados. Revisa caducidad y recuerda que, una vez abiertos, estos productos pierden propiedades: evita guardar envases abiertos de un año para otro. Busca sombra y usa sombreros de ala ancha. Si estás con inmunomoduladores o biológicos, puedes tener más fotosensibilidad: sé especialmente constante. Evita cabinas UVA y tratamientos láser por el riesgo de quemaduras e irritación.
• Si tienes ostomía y vas a la playa: mantén limpia y seca la piel alrededor del estoma. Valora bolsa resistente al agua o funda protectora antes de bañarte. Consulta con la enfermera de ostomías para recomendaciones concretas.
Con estos cuidados, proteges la piel y reduces riesgos asociados al sol. Tu piel también forma parte del tratamiento.
Salud ósea
La EII puede influir en la salud ósea por la inflamación crónica, la mala absorción de nutrientes, el uso prolongado de ciertos fármacos o el inicio de la enfermedad en edades tempranas. Todo esto puede aumentar el riesgo de pérdida de masa ósea, osteoporosis y fracturas.
Recomendaciones para cuidar los huesos:
- Asegura el aporte de calcio: revisa tu dieta e incluye alimentos ricos o enriquecidos en calcio. Valora con el equipo sanitario si necesitas suplementos.
• No descuides la vitamina D: es clave para absorber el calcio. Se obtiene con exposición solar controlada y ciertos alimentos. Si los niveles son bajos, puede ser necesario suplementar bajo indicación médica.
• Ejercicio para el hueso: el movimiento regular ayuda a fortalecer el esqueleto. Caminar, correr, fuerza o yoga pueden beneficiar. Evitar el sedentarismo es fundamental. Se recomiendan ejercicios que aumenten tono muscular y actividades de bajo impacto (como caminar), que estimulan el metabolismo óseo y ayudan a frenar la pérdida de masa ósea.
• Cuida la postura: evita giros bruscos, encorvarte o cargar peso mal. Para levantar peso, flexiona rodillas y mantén la espalda recta. Ajusta silla y mesa para favorecer una postura alineada en trabajo/estudio.
• Evita tabaco y alcohol en exceso: pueden interferir en la absorción de calcio y debilitar el hueso, aumentando el riesgo de osteoporosis (ver apartado “Evitar hábitos tóxicos”).
• Controles periódicos: monitoriza la densidad ósea y detecta problemas pronto con analíticas o densitometría. Define con tu equipo la frecuencia adecuada.
La salud ósea es una inversión a largo plazo. Cuanto antes la cuides, mejor.
Planificación de viajes
Viajar con EII exige algo más de previsión, pero no debería impedirte disfrutar. Con buena organización, puedes viajar de forma segura y vivir experiencias muy positivas. También puedes consultar recursos como “www.crohnscolitisfoundation.org”, con información útil para personas con EII.
Recomendaciones para preparar un viaje:
- Organiza con tiempo: lleva medicación suficiente por si hay retrasos o imprevistos. Es útil portar un informe médico en un idioma adecuado al destino. Transporta los fármacos en su envase original y con receta. Define un plan de actuación ante una urgencia relacionada con la EII y compártelo con quien viaje contigo.
• Revisa vacunas: las vacunas inactivadas suelen ser seguras en EII. Si estás con inmunosupresores, las vacunas de virus vivos o atenuados (como fiebre amarilla o polio oral) están contraindicadas. Algunas vacunas requieren tiempo, así que pide cita en un centro de vacunación internacional con antelación. Consulta siempre con tu unidad antes de viajar.
• Infórmate sobre asistencia sanitaria en destino: localiza hospitales, clínicas y recursos por si necesitas atención. La plataforma IBD Passport (“www.ibdpassport.com”) ofrece información de hospitales, farmacias y traducciones médicas, útil para viajar con más tranquilidad.
• Elige un seguro adecuado: busca uno que cubra enfermedades preexistentes y contemple gastos médicos, farmacéuticos y hospitalarios. Revisa bien condiciones y límites.
• Piensa en la alimentación: investiga opciones para mantener tu pauta dietética (baja en fibra u otras necesidades). Lleva algunos alimentos “seguros” y fáciles de transportar (barritas, conservas, frutos secos, galletas) por si lo necesitas.
• Hidratación y prevención de infecciones: mantente bien hidratado, especialmente si tienes tendencia a diarrea. Bebe agua embotellada y lávate las manos con frecuencia, sobre todo antes de comer. Si no hay acceso fiable a agua, valora potabilizadores. Incluso para lavarte los dientes, usa agua potable.
La EII no tiene por qué frenar tus planes. Viaja con cabeza, cuida los detalles y disfruta.
En resumen, con información, apoyo y pequeños cambios y hábitos saludables sostenidos en el tiempo, es posible convivir con la EII con mayor bienestar y calidad de vida, compatibles con proyectos y una vida plena.
Contenido actualizado en 2026 por:

Dra. Mileidis San Juan Acosta
Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, Tenerife.
Autores:

Dra. Mileidis San Juan Acosta
Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, Tenerife.

Dra. Susana Jiménez Contreras
Hospital Internacional, Benalmádena.

Dra. Cristina Carretero Ribón
Clínica Universitaria de Navarra.

Dr. Antonio Moreno García
Facultativo Especialista Apto. Digestivo. Hospital Univ. Jerez de la Frontera. Cádiz.

Zahira Pérez Martínez
Enfermera de la Unidad de Crohn y Colitis Ulcerosa (UACC). Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

Elena Oller
Enfermera de la Unidad de Crohn y Colitis Ulcerosa (UACC). Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

Dra. Natalia Borruel Sáinz
Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Univ. Vall d'Hebron, Barcelona.

Dra. Jimena Abilés Osinaga
Hospital Costa del Sol, Marbella, Málaga.