Enfermedad diverticular

¿Qué son los divertículos?

Los divertículos son pequeñas bolsas o sacos que se forman en la pared del intestino grueso y “sobresalen” hacia el exterior del colon. En realidad, se trata de herniaciones de la mucosa (la capa interna) que atraviesan la capa muscular y dan lugar a esas pequeñas dilataciones o protrusiones.

Su aparición se relaciona con un aumento de la presión dentro del colon, que empuja la mucosa a través de puntos más vulnerables, especialmente en las zonas por donde atraviesan los vasos sanguíneos. Este incremento de presión suele asociarse a un volumen pequeño de heces dentro del intestino, algo que ocurre con mayor frecuencia cuando la dieta aporta poca fibra y es rica en carbohidratos refinados o de absorción rápida, un patrón típico de la alimentación occidental, que favorece un tránsito intestinal más lento. Además, se han descrito otros factores que aumentan el riesgo, como la obesidad y el sedentarismo.

En general miden entre 5 y 10 mm, aunque pueden ser más grandes. Pueden presentarse de forma aislada, pero lo habitual es que existan varios divertículos a la vez.

diverticulo

¿Dónde se localizan los divertículos?

En la población occidental, la localización más frecuente es el colon sigmoide (sigma), situado en la parte inferior izquierda del abdomen. Esto ocurre en torno al 90% de los casos, porque es un tramo relativamente estrecho y sometido a presiones más elevadas. Solo en un 5% de las personas la afectación se extiende a todos los segmentos del colon.

¿A quién afecta?

Los divertículos constituyen la alteración anatómica más habitual del colon y su frecuencia aumenta con la edad. En torno a los 50 años, hasta un 40% de la población puede presentar divertículos, con mayor presencia en mujeres. En mayores de 60 años la cifra puede alcanzar el 50%, y alrededor de los 80 años puede llegar hasta el 70%.

En personas menores de 40 años es mucho menos frecuente (aproximadamente 5%). Cuando aparece en este grupo, se observa con más frecuencia en varones y en personas con obesidad, y además se asocia a un mayor riesgo de complicaciones.

¿Cómo se clasifica la enfermedad diverticular?

  • Diverticulosis colónica (sin síntomas)
  • Enfermedad diverticular no complicada
  • Enfermedad diverticular complicada:
    • Diverticulitis simple
    • Diverticulitis complicada: absceso, perforación fistula, peritonitis, sepsis
    • Hemorragia o sangrado diverticular
    • Colitis segmentaria asociada a diverticulosis

Diverticulosis

El término diverticulosis se utiliza únicamente para indicar que hay divertículos presentes, sin entrar en si producen síntomas o no. Con mucha frecuencia se detectan de manera casual cuando se realiza alguna prueba por otros motivos, como una sigmoidoscopia, colonoscopia, enema opaco, TAC, resonancia o incluso una endoscopia con cápsula.

¿Es lo mismo diverticulosis que enfermedad diverticular o diverticulitis?

No. Cuando hablamos de diverticulosis cólica nos referimos a la presencia de divertículos sin manifestaciones clínicas, algo que ocurre en aproximadamente el 70-80% de los casos. En cambio, el concepto de “enfermedad diverticular” se reserva para la diverticulosis con síntomas (aproximadamente el 20% restante), que puede ser no complicada (con síntomas inespecíficos) o complicada, ya sea por inflamación (diverticulitis), perforación, sangrado o colitis diverticular.

¿Los divertículos siempre producen síntomas?

No. La mayoría de las personas con diverticulosis no presenta síntomas y, de hecho, muchas nunca llegan a tenerlos. Lo más habitual es enterarse de su existencia porque aparecen como un hallazgo incidental durante una prueba solicitada por otra razón.

Enfermedad diverticular sintomática no complicada

¿Qué síntomas aparecen en la enfermedad diverticular no complicada?

Se estima que la enfermedad diverticular afecta a alrededor del 20-25% de quienes tienen divertículos. En su forma no complicada, lo más típico es el dolor abdominal, sobre todo en el lado izquierdo, que a veces aparece tras las comidas y suele mejorar después de evacuar o expulsar gases. También pueden presentarse hinchazón o distensión abdominal, cambios del ritmo intestinal (periodos de diarrea o estreñimiento) y flatulencia.

En la exploración física, con frecuencia no se detectan signos llamativos, aunque puede apreciarse distensión o molestias a la palpación. Estos síntomas suelen aparecer por temporadas y, cuando se repiten, pueden afectar de forma importante a la calidad de vida.

¿A qué se deben los síntomas de la enfermedad diverticular no complicada?

Estos síntomas se atribuyen a una inflamación crónica leve de la pared del colon, favorecida por un sobrecrecimiento bacteriano dentro de los divertículos y en la luz intestinal. Como consecuencia, pueden aparecer alteraciones del movimiento intestinal y fenómenos de hipersensibilidad, que aumentan la percepción del dolor.

Enfermedad diverticular sintomática complicada

Diverticulitis

La diverticulitis es la inflamación de un divertículo. Puede aparecer cuando la pared del divertículo se adelgaza o se produce una pequeña rotura. Esto puede ocurrir por el aumento de presión causado por heces o gas, o por la presencia de restos de heces duras retenidas dentro del divertículo, lo que se conoce como “fecalito”.

El diagnóstico se apoya en los síntomas, en datos analíticos compatibles con infección y en pruebas de imagen como la ecografía o el TAC abdominal, donde se observa engrosamiento de la pared del colon y cambios inflamatorios en la grasa que rodea el divertículo (zona peridiverticular). Ante la sospecha o confirmación de diverticulitis, está contraindicado realizar una colonoscopia u otras pruebas como las comentadas previamente.

Los síntomas dependen de la intensidad de la inflamación. El más frecuente es el dolor en la parte baja izquierda del abdomen, que puede recordar al de la apendicitis, pero en el lado contrario. También es habitual la fiebre y los escalofríos. En algunos casos aparecen náuseas, vómitos, estreñimiento o diarrea. Si el cuadro progresa, el dolor puede generalizarse y el estado general empeorar de forma importante.

Las diverticulitis se dividen en simples o complicadas:

Diverticulitis simple

Supone alrededor del 75% de los casos. No se acompaña de complicaciones y suele controlarse con tratamiento médico (antibióticos, dieta y analgesia), sin necesidad de cirugía.

Diverticulitis complicada

Representa aproximadamente el 25% de los casos y puede requerir cirugía. Las complicaciones posibles incluyen:

  • Abscesos o colecciones de pus.
  • Fístulas, es decir, comunicaciones anómalas entre dos zonas que no -deberían estar conectadas (por ejemplo, intestino y vejiga).
  • Obstrucción, con bloqueo del tránsito intestinal.
  • Peritonitis, infección de la cavidad abdominal por perforación del divertículo y diseminación del contenido inflamatorio; es una urgencia médica.
  • Sepsis, infección generalizada que puede comprometer órganos vitales.

¿Cuándo se debe realizar una colonoscopia tras un episodio de diverticulitis?

Aunque no se ha demostrado una relación directa entre diverticulosis y cáncer de colon, la colonoscopia se recomienda por la similitud de síntomas y porque algunas patologías (incluido un cáncer de colon) pueden quedar enmascaradas. Eso sí: si ha habido diverticulitis, la colonoscopia debe hacerse de forma diferida, una vez resuelto el episodio, habitualmente entre 6 y 8 semanas después, ya que realizarla antes aumenta el riesgo de complicaciones.

Hemorragia o sangrado diverticular

El sangrado diverticular puede ocurrir cuando una pequeña arteria situada dentro de un divertículo sufre una lesión o erosión y sangra hacia el interior del colon. Suele manifestarse como sangrado por el ano sin dolor abdominal. Aproximadamente en la mitad de los casos, la persona observa sangre roja brillante o heces marrón muy oscuro. En torno al 80% de los episodios el sangrado se detiene por sí solo.

La colonoscopia es la prueba principal para diagnosticarlo y tratarlo, y requiere preparación previa del colon.

Aunque la mayoría de los divertículos se localizan en el colon izquierdo, alrededor del 50% de las hemorragias diverticulares se originan en el colon derecho. Cuando la diverticulosis afecta a todo el colon, el riesgo de sangrado es mayor. Además, quien ya ha tenido un episodio tiene más probabilidad de volver a sangrar.

Colitis segmentaria asociada a diverticulosis

La colitis segmentaria asociada a diverticulosis se caracteriza por una inflamación de la mucosa situada entre los divertículos, respetando los orificios diverticulares y las zonas del colon donde no existen divertículos. También se conoce como “colitis diverticular”, aparece casi siempre en personas mayores, con predominio en varones, y se localiza habitualmente en el colon izquierdo.

Pruebas para diagnosticar la diverticulosis colónica

En muchos casos, la diverticulosis se descubre de manera casual durante estudios solicitados por otras causas, como un TAC abdominal o una colonoscopia. Entre las pruebas que se pueden utilizar para visualizar divertículos se encuentran:

  • Enema de bario o enema opaco: prueba radiológica con contraste (bario) que dibuja el contorno del colon. Aunque fue un estudio clásico, en algunos contextos se ha sustituido por el TAC.
  • Colonoscopia: exploración con un tubo flexible con cámara que permite revisar todo el colon desde el recto hasta la válvula ileocecal. Se realiza con sedación.
  • Tomografía axial computarizada (TAC): se usa con frecuencia para diagnosticar complicaciones, especialmente diverticulitis. Si se sospecha diverticulitis, es la prueba recomendada, estando contraindicadas las anteriores.
  • Videocápsula endoscópica: prueba no invasiva que también puede permitir visualizar divertículos.

¿Cómo se puede prevenir la enfermedad diverticular?

Para reducir el estreñimiento, favorecer un tránsito intestinal adecuado y contribuir al equilibrio de la microbiota, es importante mantener hábitos saludables como:

  • Aumentar el consumo de fibra hasta 25–30 g/día, mediante alimentos integrales, frutas, verduras, semillas y, si el especialista lo considera, suplementos específicos.
  • Beber agua y líquidos a diario para ablandar las heces y facilitar la evacuación.
  • Evitar el sedentarismo con ejercicio regular, ya que mejora la motilidad intestinal.
  • No fumar, porque el tabaco se asocia a mayor riesgo de complicaciones.
  • Evitar el sobrepeso y la obesidad.

Tratamiento

El tratamiento depende de cómo se presente la enfermedad.

Enfermedad diverticular asintomática

No está demostrado que la diverticulosis sin síntomas requiera un tratamiento específico. Aun así, suele recomendarse como primera medida una dieta rica en fibra (aproximadamente 30–35 g diarios), aunque esta recomendación se apoya en evidencia científica de calidad limitada.

El motivo es que la fibra ayuda a mantener las heces más blandas y voluminosas, lo que reduce la presión dentro del colon. Con ello puede mejorar el dolor, la distensión y el estreñimiento, además de disminuir la probabilidad de que los divertículos se obstruyan con heces compactas. También se cree que podría contribuir a evitar que aparezcan nuevos divertículos y a reducir el riesgo de empeoramiento.

Se suele aconsejar priorizar la fibra procedente de frutas y verduras, más que la que proviene de cereales. Al inicio es frecuente notar aumento de gases o hinchazón, por lo que conviene incrementar la fibra de forma gradual, con cambios cada pocos días.

No obstante, la tolerancia varía mucho entre personas: en algunas, la fibra puede aumentar el número de deposiciones, hacerlas menos consistentes o provocar más distensión. Si ocurre, es recomendable consultar con el médico para valorar cambios en el tipo de fibra o añadir medicación como espasmolíticos.

Son alimentos ricos en fibra:

  • Granos integrales, frutas y verduras.
  • Pan integral o harina integral.
  • Cereales integrales.
  • Salvado de trigo.
  • Frijoles y legumbres.

También es importante mantener una buena hidratación y reducir bebidas gaseosas y zumos con alto contenido en azúcar. Si se consume zumo, elegir opciones 100% fruta y sin azúcares añadidos.

Además, es útil aumentar la actividad física y disminuir grasas y carne roja, hábitos que en estudios observacionales se han relacionado con menor riesgo de síntomas.

Cuando con la dieta no se consiguen deposiciones adecuadas, pueden utilizarse suplementos de fibra farmacológica como Plantago ovata o goma guar. Sus efectos no son inmediatos: pueden tardar varios días en notarse y hasta cuatro semanas en ser claros.

Enfermedad diverticular sintomática no complicada

En esta forma, los síntomas se relacionan con inflamación crónica de bajo grado y con el sobrecrecimiento bacteriano dentro del divertículo. Por ello, se recomiendan las mismas medidas generales que en la forma asintomática: más fibra, hidratación suficiente, ejercicio, evitar bebidas gaseosas, comidas grasas y exceso de carne roja.

Para aliviar el dolor, se prefieren analgésicos como el paracetamol, evitando otros analgésicos y especialmente los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).

También pueden ser útiles espasmolíticos como el bromuro de otilonio o la mebeverina, sobre todo si predominan el dolor tipo cólico o la urgencia defecatoria.

En los últimos años se ha descrito utilidad de la rifaximina-α (antibiótico no absorbible) para controlar síntomas, especialmente combinada con fibra, con una ganancia terapéutica del 30% mantenida hasta 24 meses. Según algunos estudios, hasta el 90% de los pacientes tratados podría mantenerse asintomático. Su absorción intestinal es menor del 1% y cubre bacterias Gram positivas y negativas, aerobias y anaerobias. Se recomienda 400 mg dos veces al día durante 7 días consecutivos al mes, de forma cíclica, para reducir el riesgo de resistencias.

Los aminosalicilatos (mesalazina o balsalazida) también han mostrado eficacia en el control de síntomas y en la prevención de recurrencias durante los primeros 12 meses. Se han utilizado dosis entre 1,6 y 3 g/día y suele preferirse el uso continuado frente a pautas cíclicas, aunque faltan estudios comparativos a largo plazo.

Otra opción son los probióticos, microorganismos vivos con potenciales efectos en la respuesta inmune y en la competencia frente a patógenos. Sin embargo, con los datos clínicos actuales, no parece que aporten un beneficio claro para el paciente.

Enfermedad diverticular sintomática complicada

Diverticulitis

La diverticulitis es la infección/inflamación de los divertículos y su gravedad puede variar desde cuadros leves tratables en casa hasta perforación con peritonitis y sepsis.

Los casos leves (febrícula, sin signos de alarma, sin peritonismo, sin leucocitosis, sin inmunosupresión ni comorbilidades relevantes) pueden manejarse de forma ambulatoria con dieta líquida para asegurar hidratación y antibióticos orales durante 7-10 días (ciprofloxacino con metronidazol, o amoxiclavulánico). Esta estrategia es adecuada siempre que el paciente pueda ser revisado pronto y hospitalizado si empeora o si no mejora en 2-3 días.

Los cuadros graves requieren ingreso hospitalario, dieta absoluta, sueroterapia y antibióticos intravenosos empíricos frente a Gram negativos y anaerobios, con vigilancia estrecha al inicio para detectar complicaciones que obliguen a cirugía urgente. Si hay mejoría clínica en 2-4 días, se puede pasar a antibiótico oral. Deben evitarse analgésicos mórficos, salvo la meperidina, que disminuye la presión intraluminal.

Tras la resolución, se recomienda explorar el colon entre 2 y 6 semanas para evaluar la extensión de la diverticulosis y descartar pólipos o neoplasias; la colonoscopia es la prueba de elección. Para prevenir recaídas se aconseja dieta rica en fibra y existen datos que apoyan el papel de rifaximina-α en la prevención de nuevas recurrencias.

La cirugía electiva puede considerarse según balance riesgo/beneficio (edad, comorbilidades, número y gravedad de episodios). Antes se indicaba tras dos episodios con al menos uno grave, pero ahora se insiste en individualizar. En menores de 40 años o inmunosuprimidos, la cirugía puede valorarse incluso tras un primer episodio.

Otras indicaciones de cirugía programada:

  • enfermedad sintomática recurrente que no responde a tratamiento médico.
  •  complicaciones crónicas: masa/estenosis (si no se diferencia de adenocarcinoma), fístula o absceso previamente drenado.

La cirugía laparoscópica suele preferirse por menor tasa de complicaciones cuando existe experiencia. En casos seleccionados, la endoscopia puede resolver estenosis en pacientes de alto riesgo quirúrgico.

Hemorragia diverticular

Es la causa más frecuente de hemorragia digestiva baja grave (aproximadamente 40%). En un tercio de los casos puede ser masiva. Se produce por erosión del vaso que nutre el divertículo. Lo habitual es que el sangrado cese espontáneamente (70-80%), pero puede repetirse en el 22-38%. Si hay resangrado, el riesgo de nuevos episodios puede llegar al 50%, por lo que se recomienda valorar cirugía tras el resangrado.

La colonoscopia es el método diagnóstico y terapéutico de primera línea. Debe hacerse de forma precoz con preparación oral adecuada (no se recomiendan enemas). Permite localizar el origen y aplicar tratamientos endoscópicos eficaces como inyección de vasoconstrictores/esclerosantes, cauterización termoeléctrica, clips hemostáticos o ligadura endoscópica.

Autores:

Dra. Mileidis San Juan

Dra. Mileidis San Juan Acosta

Hospital Nuestra Sra. de la Candelaria, Tenerife.

Dr. Federico Argüelles

Dr. Federico Argüelles Arias

Hospital Universitario Virgen Macarena, Sevilla.

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