Esófago de Barret

¿Qué es y cómo se produce el esófago de Barret?

El esófago es un tubo que comunica la boca con el estómago. El esófago de Barrett aparece cuando las células normales que recubren la zona de unión entre el esófago y el estómago, llamadas células escamosas, son sustituidas por otro tipo de células similares a las del intestino. Este cambio celular se produce como consecuencia de una agresión repetida sobre la mucosa esofágica, habitualmente causada por la exposición continuada al ácido del estómago en personas con enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).

En los pacientes con ERGE, el esófago entra en contacto de forma reiterada con el ácido gástrico. Las células intestinales toleran mejor este entorno ácido que las propias del esófago, por lo que el organismo las desarrolla como mecanismo de defensa. Sin embargo, este tipo de células tiene un mayor riesgo de transformarse en células malignas, lo que explica la importancia clínica del esófago de Barrett.

Factores de riesgo

La edad es uno de los principales factores asociados, ya que el diagnóstico es más frecuente en personas de mediana y avanzada edad, con una media en torno a los 55 años. Aunque puede aparecer en niños, esto es muy poco habitual.

También se observa con mayor frecuencia en hombres que en mujeres. 

El estilo de vida influye de manera significativa, ya que se ha descrito una mayor prevalencia en personas fumadoras frente a las no fumadoras.

Síntomas

El esófago de Barrett no suele producir síntomas específicos. En la mayoría de los casos se detecta en personas que consultan por síntomas de reflujo gastroesofágico, como ardor retroesternal, regurgitación del contenido gástrico y, con menor frecuencia, dificultad para tragar.

Diagnóstico

La sospecha diagnóstica se basa en la presencia de síntomas compatibles con ERGE y en los factores de riesgo descritos previamente. Para confirmar el diagnóstico es imprescindible realizar una gastroscopia con toma de biopsias.

 En el esófago de Barrett, la zona de unión entre esófago y estómago presenta un aspecto irregular y de color rosado. Las biopsias obtenidas durante la exploración permiten confirmar el diagnóstico al microscopio, siendo este el único método que ofrece certeza diagnóstica.

Tratamiento

¿Qué tipos de tratamiento existen?

El manejo del esófago de Barrett puede ser conservador, endoscópico o quirúrgico. En todos los casos es fundamental seguir las recomendaciones generales para el control del reflujo gastroesofágico.

¿Qué tratamiento se indica en los pacientes con esófago de Barrett sin displasia?

En pacientes sin displasia, no se recomienda de forma rutinaria el tratamiento endoscópico ni quirúrgico. Esto se debe al bajo riesgo de progresión a cáncer de esófago, a la posibilidad de efectos secundarios tras el tratamiento y a la falta de evidencia de que la eliminación del tejido alterado se mantenga a largo plazo. En estos casos, la estrategia indicada es el seguimiento endoscópico periódico según los protocolos establecidos.

¿Qué tratamiento se indica en los pacientes con esófago de Barrett con displasia de bajo grado?

En la displasia de bajo grado, una de las principales dificultades es confirmar correctamente el diagnóstico, ya que la progresión a displasia de alto grado o adenocarcinoma es poco frecuente. Por este motivo, tampoco se recomiendan de forma general los tratamientos invasivos. Lo más adecuado es asegurar un buen control del reflujo y realizar revisiones endoscópicas periódicas.

¿Qué tratamiento se indica en los pacientes con esófago de Barrett con displasia de alto grado o adenocarcinoma?

Cuando existe progresión a displasia de alto grado o a adenocarcinoma, se indican tratamientos invasivos, que pueden ser endoscópicos o quirúrgicos, en función de cada caso. La elección del tratamiento debe individualizarse teniendo en cuenta la edad del paciente, la presencia de otras enfermedades, sus presencias y la expectativa de vida.

¿Qué opción quirúrgica existe?

Tradicionalmente, la esofaguectomía ha sido el tratamiento recomendado en pacientes con displasia de alto grado o adenocarcinoma. Se trata del tratamiento más definitivo, pero conlleva un riesgo elevado de complicaciones, mortalidad y secuelas, además de una estancia hospitalaria prolongada.

¿Qué papel tiene actualmente el tratamiento quirúrgico?

El desarrollo de nuevas técnicas endoscópicas ha reducido el papel de la esofaguectomía en los casos de displasia de alto grado o adenocarcinoma intramucoso. Actualmente, el tratamiento endoscópico se considera una opción segura y eficaz, reservándose la cirugía principalmente para los adenocarcinomas invasores.

¿Qué modalidades de tratamiento endoscópico están disponibles?

Existen dos grandes grupos de técnicas endoscópicas. Por un lado, las técnicas ablativas, como la radiofrecuencia, que destruyen el epitelio alterado mediante energía térmica. Por otro, la resección mucosa endoscópica, que consiste en extirpar la lesión utilizando instrumentos específicos a través del endoscopio.

¿Qué inconvenientes tienen las técnicas ablativas?

Las técnicas ablativas destruyen el tejido sin permitir obtener muestras para su estudio histológico. Además, existe el riesgo de que queden zonas de metaplasia ocultas bajo el nuevo epitelio esofágico.

¿Son todas las técnicas ablativas iguales?

Existen diferentes técnicas, aunque la más utilizada actualmente es la ablación por radiofrecuencia. La terapia fotodinámica es eficaz, pero provoca fotosensibilidad prolongada, lo que limita su uso. Otras técnicas como la crioablación o la coagulación con argón plasma no se recomiendan en la actualidad.

¿En qué consiste la resección endoscópica?

La resección endoscópica permite eliminar áreas concretas de la mucosa mediante un asa de diatermia o un bisturí endoscópico. Está especialmente indicada cuando existen irregularidades visibles en la mucosa o en casos de adenocarcinoma intramucoso.

¿Las técnicas endoscópicas son excluyentes entre sí?

No. De hecho, es habitual combinar la resección endoscópica de las lesiones visibles con técnicas ablativas para tratar el resto de la mucosa alterada.

¿Una vez eliminado el esófago de Barrett hay que hacer seguimiento posterior?

Sí. Incluso tras la erradicación completa del tejido alterado, es necesario mantener controles endoscópicos periódicos para detectar posibles recurrencias.

Preguntas más frecuentes de esófago de Barrett

Tengo esófago de Barrett, ¿voy a tener cáncer de esófago?

El riesgo de desarrollar un cáncer de esófago es bajo, aproximadamente del 0,5 % anual, por lo que no debe generar alarma, aunque sí requiere seguimiento.

Dado el bajo riesgo de desarrollar cáncer de esófago, ¿me puedo olvidar de hacer un seguimiento?

No. El seguimiento es fundamental para detectar de forma precoz posibles cambios y evitar la progresión a cáncer.

¿Cómo debo realizar el seguimiento?

Es importante seguir correctamente la medicación y las recomendaciones sobre hábitos de vida indicadas por el especialista, así como acudir a las revisiones endoscópicas con la frecuencia establecida.

¿Qué papel tienen las biopsias?

Las biopsias son esenciales para confirmar el diagnóstico y determinar si existe displasia y su grado.

¿En qué consiste la displasia?

La displasia hace referencia a cambios anómalos en las células. Cuanto mayor es el grado de displasia, mayor es el riesgo de progresión a cáncer.

El esófago de Barrett se clasifica en:

  • Sin displasia

  • Con displasia de bajo grado

  • Con displasia de alto grado


En función de esta clasificación se decide el tratamiento y el seguimiento más adecuados.

Me han diagnosticado un esófago de Barrett sin displasia, ¿cuándo vuelvo a revisarme?

La siguiente gastroscopia con biopsias suele realizarse entre tres y cinco años después, aunque el especialista puede recomendar revisiones previas en consulta.

Me han diagnosticado un esófago de Barrett con displasia de bajo grado, ¿cuándo vuelvo a revisarme?

Tras confirmar el diagnóstico, se suele recomendar una nueva gastroscopia a los seis meses. Si se mantiene la displasia, se aconseja seguimiento endoscópico anual.

Me han diagnosticado un esófago de Barrett con displasia de alto grado, ¿cuándo vuelvo a revisarme?

En los casos en los que se opta por seguimiento, se recomienda una nueva gastroscopia aproximadamente a los tres meses.

Contenido actualizado en 2026 por:

Dra. Carolina Malagelada

Dra. Carolina Malageda Prats

Hospital Vall D´Hebron. Barcelona.

Contenido original por:

Dra. Susana Jiménez Contreras

Dra. Susana Jiménez Contreras

Xanit Internacional Hospital, Benalmádena, Málaga.

Dr. Francisco García Fernández

Dr. Francisco García Fernández


Hospital Virgen del Rocío, Sevilla.

Dra. Cristina Carretero

Dra. Cristina Carretero Ribón

Clínica Universitaria de Navarra.

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