¿Qué tipos de tratamiento existen?
El manejo del esófago de Barrett puede ser conservador, endoscópico o quirúrgico. En todos los casos es fundamental seguir las recomendaciones generales para el control del reflujo gastroesofágico.
¿Qué tratamiento se indica en los pacientes con esófago de Barrett sin displasia?
En pacientes sin displasia, no se recomienda de forma rutinaria el tratamiento endoscópico ni quirúrgico. Esto se debe al bajo riesgo de progresión a cáncer de esófago, a la posibilidad de efectos secundarios tras el tratamiento y a la falta de evidencia de que la eliminación del tejido alterado se mantenga a largo plazo. En estos casos, la estrategia indicada es el seguimiento endoscópico periódico según los protocolos establecidos.
¿Qué tratamiento se indica en los pacientes con esófago de Barrett con displasia de bajo grado?
En la displasia de bajo grado, una de las principales dificultades es confirmar correctamente el diagnóstico, ya que la progresión a displasia de alto grado o adenocarcinoma es poco frecuente. Por este motivo, tampoco se recomiendan de forma general los tratamientos invasivos. Lo más adecuado es asegurar un buen control del reflujo y realizar revisiones endoscópicas periódicas.
¿Qué tratamiento se indica en los pacientes con esófago de Barrett con displasia de alto grado o adenocarcinoma?
Cuando existe progresión a displasia de alto grado o a adenocarcinoma, se indican tratamientos invasivos, que pueden ser endoscópicos o quirúrgicos, en función de cada caso. La elección del tratamiento debe individualizarse teniendo en cuenta la edad del paciente, la presencia de otras enfermedades, sus presencias y la expectativa de vida.
¿Qué opción quirúrgica existe?
Tradicionalmente, la esofaguectomía ha sido el tratamiento recomendado en pacientes con displasia de alto grado o adenocarcinoma. Se trata del tratamiento más definitivo, pero conlleva un riesgo elevado de complicaciones, mortalidad y secuelas, además de una estancia hospitalaria prolongada.
¿Qué papel tiene actualmente el tratamiento quirúrgico?
El desarrollo de nuevas técnicas endoscópicas ha reducido el papel de la esofaguectomía en los casos de displasia de alto grado o adenocarcinoma intramucoso. Actualmente, el tratamiento endoscópico se considera una opción segura y eficaz, reservándose la cirugía principalmente para los adenocarcinomas invasores.
¿Qué modalidades de tratamiento endoscópico están disponibles?
Existen dos grandes grupos de técnicas endoscópicas. Por un lado, las técnicas ablativas, como la radiofrecuencia, que destruyen el epitelio alterado mediante energía térmica. Por otro, la resección mucosa endoscópica, que consiste en extirpar la lesión utilizando instrumentos específicos a través del endoscopio.
¿Qué inconvenientes tienen las técnicas ablativas?
Las técnicas ablativas destruyen el tejido sin permitir obtener muestras para su estudio histológico. Además, existe el riesgo de que queden zonas de metaplasia ocultas bajo el nuevo epitelio esofágico.
¿Son todas las técnicas ablativas iguales?
Existen diferentes técnicas, aunque la más utilizada actualmente es la ablación por radiofrecuencia. La terapia fotodinámica es eficaz, pero provoca fotosensibilidad prolongada, lo que limita su uso. Otras técnicas como la crioablación o la coagulación con argón plasma no se recomiendan en la actualidad.
¿En qué consiste la resección endoscópica?
La resección endoscópica permite eliminar áreas concretas de la mucosa mediante un asa de diatermia o un bisturí endoscópico. Está especialmente indicada cuando existen irregularidades visibles en la mucosa o en casos de adenocarcinoma intramucoso.
¿Las técnicas endoscópicas son excluyentes entre sí?
No. De hecho, es habitual combinar la resección endoscópica de las lesiones visibles con técnicas ablativas para tratar el resto de la mucosa alterada.
¿Una vez eliminado el esófago de Barrett hay que hacer seguimiento posterior?
Sí. Incluso tras la erradicación completa del tejido alterado, es necesario mantener controles endoscópicos periódicos para detectar posibles recurrencias.