En ayunas, el estómago es como una bolsa vacía y plegada. Cuando comemos, se expande para adaptarse a la cantidad de alimento. Después, gracias a contracciones fuertes, desmenuza la comida hasta convertirla en partículas lo bastante pequeñas como para atravesar el píloro, la “válvula” que separa el estómago del intestino y que solo deja pasar fragmentos pequeños. Ya en el intestino, el alimento se mezcla con los jugos digestivos y se absorbe, pasando a la sangre.
La gastroparesia aparece cuando los movimientos del estómago se reducen: la trituración y la salida del contenido hacia el intestino se vuelven lentas y poco eficaces. Como resultado, el paso de la comida del estómago al intestino ocurre más despacio de lo normal

