¿Qué es la gastroparesia?

En ayunas, el estómago es como una bolsa vacía y plegada. Cuando comemos, se expande para adaptarse a la cantidad de alimento. Después, gracias a contracciones fuertes, desmenuza la comida hasta convertirla en partículas lo bastante pequeñas como para atravesar el píloro, la “válvula” que separa el estómago del intestino y que solo deja pasar fragmentos pequeños. Ya en el intestino, el alimento se mezcla con los jugos digestivos y se absorbe, pasando a la sangre.

La gastroparesia aparece cuando los movimientos del estómago se reducen: la trituración y la salida del contenido hacia el intestino se vuelven lentas y poco eficaces. Como resultado, el paso de la comida del estómago al intestino ocurre más despacio de lo normal

Molestias que ocasiona

Suelen ser síntomas crónicos, con duración de 6 meses o más.

  • Sensación de plenitud excesiva tras comidas que no han sido abundantes; la sensación puede mantenerse hasta la siguiente comida.
  • Hinchazón abdominal o “pesadez” a nivel del estómago, especialmente tras las comidas principales.
  • Saciedad precoz: sensación de llenarse rápido e imposibilidad de terminar una comida normal.
  • Náuseas y vómitos, habitualmente después de comer. Es típico que los vómitos aparezcan varias horas tras la ingesta y que se reconozcan alimentos de comidas anteriores.
  • Pérdida de peso progresiva.

Causas

Se desarrolla cuando se dañan los músculos de la pared del estómago y/o los nervios que controlan su actividad. En muchos casos no se identifica una causa concreta (gastroparesia idiopática). En otras ocasiones, puede ser consecuencia de enfermedades o situaciones que afectan a músculos y nervios del tubo digestivo, por ejemplo:

  • Diabetes mellitus: es la causa más frecuente. Suele tratarse de una diabetes de inicio en edades jóvenes, de larga evolución, difícil control y con otras complicaciones (renales, oculares, etc.).
  • Post-quirúrgica: tras ciertas cirugías gástricas (como la vagotomía, en la que se seccionan nervios, o la gastrectomía parcial, en la que se extirpa una parte del estómago), o tras intervenciones sobre el esófago o los pulmones en las que, de forma accidental, se lesionan los nervios vagos que regulan el funcionamiento gástrico.
  • Enfermedades sistémicas como la esclerodermia, la dermatomiositis o el lupus eritematoso.
  • Trastornos generales de la motilidad del tubo digestivo (pseudo-obstrucción crónica intestinal).
  • Tratamientos prolongados con determinados medicamentos.

Diagnóstico

Si se sospecha gastroparesia, se suelen indicar las siguientes pruebas:

  • Fibrogastroscopia: explora el interior del estómago con un tubo flexible que se introduce por la boca. Permite descartar otras causas con síntomas parecidos (úlcera, cáncer, esofagitis, etc.). En la gastroparesia, lo habitual es que no se vean lesiones; a veces se observan restos de comida retenidos incluso tras muchas horas sin ingerir alimentos.
  • TC abdominal: muestra los órganos de la cavidad abdominal. Puede ayudar a excluir obstrucciones del estómago o del intestino que produzcan un cuadro similar.
  • Estudio del vaciamiento gástrico: es la prueba más útil para confirmar la gastroparesia. Se administra una comida (tortilla, tostadas con mantequilla y mermelada, y un zumo) marcada con una cantidad muy pequeña de un marcador radioactivo. Después se realizan mediciones cada 30–60 minutos hasta completar 4 horas. En condiciones normales, a ese tiempo el estómago está casi vacío; en la gastroparesia queda comida retenida en mayor o menor cantidad, según la gravedad.
  • Manometría gastrointestinal: evalúa los movimientos del estómago y del intestino delgado. En gastroparesia sirve para diferenciar si el problema se debe a alteración muscular o nerviosa y para determinar si el trastorno se limita al estómago o también afecta al intestino.

Tratamiento

  • Dieta: Se recomienda una alimentación fraccionada (poca cantidad, pero más veces al día), baja en grasa y baja en fibra. Si hay pérdida de peso, puede añadirse nutrición enteral (dietas completas líquidas, que no necesitan triturarse y se vacían con más facilidad). En fases avanzadas, cuando ni siquiera las dietas líquidas se vacían bien, estas pueden administrarse directamente en el intestino mediante un catéter colocado en los primeros tramos del intestino delgado.
  • Medicamentos. Existen fármacos que favorecen el movimiento del estómago (procinéticos). Se toman antes de las comidas y suelen requerir tratamiento continuado. En casos graves, alguno puede administrarse por vía intravenosa durante un ingreso hospitalario.
  •  Otras técnicas de tratamiento:
    •  Marcapasos gástrico: colocación quirúrgica de un dispositivo similar al marcapasos cardiaco. Se usa poco, porque su efecto sobre el vaciamiento no es concluyente, aunque puede disminuir náuseas y vómitos.
    • Inyección de toxina botulínica: aplicación endoscópica en el píloro de una sustancia que mantiene la salida del estómago más abierta. Su eficacia es baja y el efecto es temporal (aproximadamente 6 meses).
    • Miotomía endoscópica del píloro (POEM): técnica endoscópica que realiza un corte en el píloro para aumentar su apertura. En pacientes seleccionados puede mejorar el vaciamiento, aunque la mejoría de los síntomas no siempre se consigue.
  • Cirugía:
    • Colocación de catéteres en intestino delgado: se utiliza cuando el estómago no logra vaciar ni las dietas líquidas. Se introduce un catéter en el yeyuno (parte alta del intestino) mediante cirugía, para administrar dietas líquidas y predigeridas que solo necesitan ser absorbidas.
    • Gastrectomía: se realiza en contadas ocasiones y se reserva para casos seleccionados en los que el intestino mantiene un funcionamiento adecuado.

Contenido actualizado en 2026 por:

casado

Dra. Marta Casado Martín

Hospital Universitario Torrecárdenas. Almería.

Contenido original por:

Dra. Carolina Malagelada

Dra. Carolina Malagelada Prats

Especialista aparato digestivo Hospital Vall D´Hebron, Barcelona.

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