La Gastrostomía Endoscópica Percutánea (GEP) es un procedimiento mediante el cual se coloca, a través de una endoscopia, una sonda o tubo directamente en el estómago atravesando la pared abdominal. Su objetivo principal es permitir la administración de alimentación a pacientes con disfagia (dificultad para tragar) causada por alteraciones mecánicas o neurológicas, siempre que se prevea una esperanza de vida adecuada.
Esta técnica fue introducida en la práctica clínica en 1980 por los cirujanos pediátricos estadounidenses Ponsky y Gauderer. Desde entonces ha reemplazado en gran medida a la gastrostomía quirúrgica (GQ), ya que presenta un menor número de complicaciones y puede realizarse, en la mayoría de los casos, sin necesidad de anestesia general y directamente en la sala de endoscopia. Además, es un procedimiento rápido, con bajo coste y con una baja tasa de complicaciones graves cuando lo llevan a cabo endoscopistas con experiencia.
La indicación principal para la colocación de una sonda de GEP es garantizar la nutrición de pacientes con dificultad para la deglución por causas mecánicas o neurológicas que van a necesitar alimentación enteral durante un periodo prolongado. Aunque inicialmente suele utilizarse una sonda nasogástrica (SNG), la GEP ofrece varias ventajas:
En primer lugar, al no atravesar la faringe, se reducen las complicaciones locales derivadas del roce continuo de la sonda. Además, al situarse en el abdomen y quedar cubierta por la ropa, resulta menos visible y suele tener un menor impacto psicológico que la SNG, lo que puede contribuir a mejorar la calidad de vida del paciente.

La técnica de la GEP está bien estandarizada y existen distintos dispositivos disponibles en el mercado. Tras obtener el consentimiento informado, el paciente es trasladado a la sala de Endoscopias Digestivas, donde habitualmente se administra sedación intravenosa. Una vez introducido el endoscopio en el estómago, el paciente se coloca en decúbito supino y se atenúa la iluminación de la sala. Se identifica el punto de la pared abdominal donde se aprecia con mayor claridad la luz del endoscopio desde el interior. Ese punto se selecciona, se desinfecta la piel y se aplica anestesia local en la pared abdominal.
A continuación, se realiza una incisión de aproximadamente 1 cm y se introduce una aguja hueca (trócar) hasta alcanzar el interior del estómago. A través del trócar se pasa un alambre guía que se sujeta con el endoscopio mediante una pinza. Al retirar el endoscopio, el alambre se arrastra hasta la boca del paciente. En ese momento, la sonda se fija al alambre guía y, traccionando de él, se introduce la sonda por la boca hasta hacerla salir por la incisión abdominal, donde queda asegurada mediante un sistema de fijación relativamente rígido.
El procedimiento suele durar entre 15 y 20 minutos. La alimentación a través de la sonda se inicia habitualmente a las 24 horas, aunque según nuestra experiencia puede comenzarse a las 6 horas del procedimiento. La estancia hospitalaria suele ser breve, de unas 24 horas, salvo que la patología de base aconseje prolongar el ingreso.
Complicaciones y cuidados de la GEP
En general, las complicaciones tras la realización de una GEP son poco frecuentes, habitualmente leves y de manejo sencillo. La más común es la infección en el lugar de la gastrostomía. La mortalidad asociada al procedimiento es inferior al 1%. Una adecuada selección de los pacientes contribuye de forma significativa a reducir el riesgo de complicaciones.
Para minimizar los problemas relacionados con la GEP es fundamental seguir una serie de cuidados tanto de la sonda como del orificio de entrada de esta en el cuerpo (estoma), que deben conocer el paciente y/o sus cuidadores.
Cuidados de la sonda
Limpiar a diario la parte externa de la sonda utilizando un palito de algodón, agua tibia y jabón suave. Aclarar cuidadosamente y secar bien.
Administrar 50 ml de agua después de cada aporte de alimentos o medicación.
Girar la sonda todos los días en sentido horario y antihorario para evitar que se adhiera a la pared abdominal. Mantener el tapón de la sonda cerrado cuando no se esté utilizando.
Comprobar diariamente que el soporte externo de la sonda no presione la piel. Si se observa presión excesiva, aumentar la distancia entre el soporte y el estoma.
Cambiar cada día la cinta adhesiva y alternar el punto de sujeción de la sonda.
Cuidados del estoma
Revisar a diario que la piel alrededor del estoma no presente irritación, enrojecimiento, inflamación, dolor ni salida de líquidos (jugos gástricos).
Durante los primeros 15 días, limpiar la zona con una gasa, agua y jabón, realizando movimientos circulares desde la sonda hacia el exterior, sin ejercer presión. Aplicar posteriormente una solución antiséptica (povidona yodada) y cubrir con una gasa estéril. A partir de la tercera semana, es suficiente lavar la zona con agua tibia y jabón.
El soporte externo puede elevarse o girarse ligeramente para facilitar la limpieza, pero nunca debe tirarse de él.
Mantener una adecuada higiene de manos y de las superficies de trabajo, lavándolas con agua caliente y jabón o utilizando una solución antiséptica, así como cuidar la higiene bucal del paciente. Si la zona del estoma no presenta enrojecimiento, el paciente puede ducharse al cabo de una semana o incluso antes.


