La información de este apartado no sustituye la valoración del profesional que te atiende, que ajustará las indicaciones y la pauta a tu caso concreto.
La infección por Helicobacter pylori se ha asociado con gastritis crónica, úlcera péptica y cáncer gástrico. Se estima que en nuestro país alrededor del 40 % de la población porta esta bacteria.
Por la relevancia de los problemas relacionados con este germen, en los últimos años se han realizado reuniones de expertos nacionales e internacionales para consensuar recomendaciones de tratamiento y plasmarlas en guías. En España, el documento más reciente procede de la IV Conferencia Española de Consenso sobre el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori (publicada en 2016), con cambios respecto al consenso previo debido, sobre todo, a un aspecto clave: las resistencias antibióticas. Por eso se proponen pautas con mayor probabilidad de éxito, buscando también un uso más eficiente de los antibióticos.
A quién tratar
En la V Conferencia Española de Consenso se establecieron indicaciones sobre a quién ofrecer tratamiento, que se mantienen en la práctica actual:
- En pacientes con úlcera péptica e infección por H. pylori.
- En pacientes con dispepsia no investigada menores de 55 años y sin síntomas ni signos de alarma, si presentan infección por la bacteria, como primer escalón.
- En dispepsia funcional e infección por H. pylori, como estrategia terapéutica.
- En quienes van a necesitar antiinflamatorios o ácido acetilsalicílico (AAS) de forma continuada, no se recomienda investigar y tratar sistemáticamente la infección. En cambio, si hay antecedentes de úlcera y se va a precisar AINE o AAS de manera prolongada, se aconseja investigar y tratar si existe infección por H. pylori.
- En linfoma MALT gástrico de bajo grado asociado a infección por la bacteria, se recomienda tratamiento erradicador como primera opción terapéutica.
- Tras resección quirúrgica o endoscópica de un cáncer gástrico, se aconseja investigar y tratar la infección como medida para prevenir recidivas.
- En familiares de primer grado de pacientes con cáncer gástrico, se recomienda investigar y tratar.
- En atrofia de la mucosa gástrica o metaplasia intestinal asociadas a infección por H. pylori.
- En pacientes que van a usar IBP de forma continuada no se aconseja investigar sistemáticamente la infección.
- En anemia ferropénica sin causa aclarada, se recomienda investigar y tratar.
- En púrpura trombocitopénica idiopática, se recomienda investigar y tratar.
- En déficit de vitamina B12 no explicable por otras causas, se recomienda investigar y tratar.
- En rosácea no se recomienda investigar y tratar la infección por H. pylori.
- En urticaria crónica no se recomienda investigar y tratar la infección por H. pylori.
- En cualquier paciente con infección por H. pylori diagnosticada, se aconseja ofrecer tratamiento erradicador.
Tratamiento erradicador obligatorio, independientemente de síntomas:
- Úlcera gástrica o duodenal (activa o antecedente).
- Linfoma MALT gástrico.
- Tras resección endoscópica de cáncer gástrico precoz.
- Gastritis atrófica, metaplasia intestinal o displasia gástrica.
- Familiares de primer grado de pacientes con cáncer gástrico.
- Anemia ferropénica inexplicada.
- Púrpura trombocitopénica idiopática (PTI).
- Déficit de vitamina B12 de causa no aclarada.
El consenso recomienda tratar porque hay beneficio clínico:
- Dispepsia funcional con H.pylori positivo
- Estrategia test and treat
- Pacientes que van a iniciar tratamiento crónico con AINE o AAS
- Usuarios crónicos de AINE/ AAS con antecedente de úlcera
- Pacientes con ERGE, si H.pylori es positivo (no contraindica tratar)
Pacientes asintomáticos
- El consenso español tiende a recomendar el tratamiento si se detecta H.pylori, especialmente en áreas de riesgo intermedio-alto de cáncer gástrico (como España)
- La decisión puede individualizarse según edad, comorbilidades y preferencias del paciente
¿Cuál es el objetivo del tratamiento?
El objetivo ideal es eliminar la bacteria en el 100 % de los pacientes tratados. Sin embargo, en la práctica esto no siempre se logra, principalmente por las resistencias antibióticas.
Uno de los antibióticos con más problemas es la claritromicina, ya que en algunas zonas las resistencias pueden llegar al 20–25 %, lo que hace que ciertas pautas basadas en este fármaco no sean adecuadas en esas áreas.
Siguiendo las recomendaciones de consensos nacionales e internacionales, se considera que un tratamiento es efectivo si consigue erradicar la infección en al menos el 90 % de los casos; lo óptimo es superar el 95 %. Por esta razón han ido cambiando las estrategias de tratamiento empírico.
Lo ideal sería conocer la sensibilidad de la bacteria en cada paciente mediante cultivo y antibiograma para elegir antibióticos “a medida”. Sin embargo, en la práctica diaria esto no suele ser viable porque se necesitarían pruebas invasivas para obtener la muestra y porque el cultivo de H. pylori es complejo. Por ello se emplean pautas empíricas que, en principio, deberían alcanzar altas tasas de erradicación.
Factores que influyen en el éxito del tratamiento
Factores del paciente:
- El más importante es cumplir correctamente la pauta (dosis y duración).
- Alergias a fármacos que limiten el uso de determinados antibióticos.
Factores de la bacteria (H. pylori):
- Presencia o ausencia de resistencias, y a qué antibióticos.
Factores farmacológicos:
- Tipo de antibiótico elegido.
- Esquema de administración.
- Efectos secundarios (por ejemplo, el sabor metálico con metronidazol).
Pautas de tratamiento
No es el objetivo de este documento listar todas las combinaciones recomendadas en cada situación clínica. Este texto no sustituye la indicación del profesional que te atiende.
La clave es utilizar la pauta que se sabe que funciona en el área sanitaria donde se aplica el tratamiento. Dependiendo de las resistencias locales de Helicobacter pylori, pueden seguir siendo válidas pautas más clásicas si mantienen una eficacia igual o superior al 90–95 %. Por eso es útil contar con datos locales de eficacia de las distintas estrategias.
El tratamiento combina antibióticos con un inhibidor de la bomba de protones (IBP) como omeprazol, pantoprazol, esomeprazol, etc.
Según el IV Consenso Español, la primera opción empírica suele ser un esquema con cuatro fármacos: un IBP (omeprazol o similares) junto a antibióticos (dos o tres, según la pauta) con o sin bismuto, durante 14 días. Siempre hay que tener en cuenta lo comentado sobre resistencias locales y las características del paciente.
¿Por qué se usa omeprazol o derivados en el tratamiento del H. pylori?
El estómago tiene un pH ácido, alrededor de 3–4 en adultos. H. pylori puede sobrevivir en un ambiente más cercano a pH 4–8, y su pH “ideal” está alrededor de 6 o algo mayor, que es cuando puede replicarse con mayor facilidad. Los antibióticos suelen funcionar mejor cuando la bacteria está en fase de replicación. Por eso se usan IBP: elevan el pH gástrico y favorecen que la bacteria entre en esa fase en la que es más vulnerable, aumentando las probabilidades de erradicación.
¿Es recomendable asociar el uso de probióticos?
Con los datos actuales no hay evidencia suficiente para recomendarlos de forma generalizada; se necesitan más estudios. Pueden utilizarse como coadyuvantes al tratamiento erradicador. Además de ayudar a reducir molestias derivadas de la alteración de la flora intestinal por los antibióticos, podrían tener un efecto directo sobre la dinámica del H. pylori y actuar de forma complementaria a la antibioterapia, elevando el porcentaje de eliminación de la bacteria.