Debido a que una incompleta absorción de fructosa en el intestino delgado puede conducir a una rápida propulsión del contenido hacia el colon, incrementando el flujo de agua (efecto osmótico), produciendo fermentación por parte de las bacterias luminales y, por tanto, gases, se generan síntomas gastrointestinales como distensión abdominal (hinchazón), dolor y deposiciones líquidas. El enfoque del manejo nutricional se centra en controlar la ingesta de fructosa y de aquellos factores que pueden impedir o facilitar su absorción.
Bajo el diagnóstico de intolerancia a la fructosa, la estrategia nutricional se basa en una dieta libre o al menos reducida de fuentes de fructosa durante al menos 4 a 6 semanas (fase de eliminación). Posteriormente, se debe valorar hacer una reintroducción lenta y gradual (fase de reintroducción), pudiendo tolerar, una vez completado el tratamiento, 10 a 15 gramos de fructosa al día.
Las estrategias de la terapia nutricional en la primera fase del tratamiento se basan fundamentalmente en:
- Evitar una carga de fructosa de más de 3 g por comida y/o bebida: La principal fuente de fructosa en alimentos procesados es el JMAF, que son jarabes o siropes que contienen una mezcla de glucosa, oligosacáridos y principalmente fructosa (42% o 55%). Se encuentran en bollería, galletas industriales, productos de pastelería, refrescos y aderezos. Es fundamental evitar productos envasados y revisar el etiquetado nutricional para elegir aquellos alimentos que no contengan este ingrediente. Respecto a la sacarosa (azúcar), compuesta por 50% glucosa y 50% fructosa, suele ser mejor tolerada por encontrarse en “equilibrio” de glucosa y fructosa. Sin embargo, la capacidad de absorción intestinal de fructosa es limitada, y una carga alta puede producir malabsorción independientemente del equilibrio. Por tanto, se aconseja consumir sacarosa con moderación y restringir cantidades elevadas, como bebidas azucaradas (375 ml contienen unos 40 g de sacarosa) o productos de confitería/pastelería (50 g contienen aprox. 40 g de sacarosa).
- Restringir alimentos que contienen fructosa libre en exceso de glucosa (>0.5 g/100 g): Deben evitarse alimentos que naturalmente contienen fructosa libre significativa en exceso de glucosa. La malabsorción y los síntomas suelen estar fuertemente influenciados por un consumo elevado de fructosa libre. Por ejemplo, 100 g de fresas contienen 2.5 g de fructosa y 2.6 g de glucosa, lo que significa que están equilibradas y generalmente no generan síntomas. Otro ejemplo es el plátano o la ciruela, que aunque tienen un alto aporte de fructosa, contienen más glucosa y, por tanto, suelen ser toleradas.
- Evitar alimentos con aporte sustancial de fructanos (>0.5 g/ración): Los fructanos son polímeros de fructosa presentes en algunos vegetales y en el trigo. El cuerpo humano tiene capacidad limitada para descomponerlos en el intestino delgado, absorbiendo solo entre 5 y 15%. En personas con malabsorción de fructosa, los fructanos suelen ser poco tolerados, generando síntomas de hinchazón y diarrea. Las principales fuentes de fructanos son trigo (pan, pasta, cuscús), cebada, cebollas, puerro, ajo, coles de Bruselas, col, brócoli, alcachofa, inulina o achicoria.
En resumen, la siguiente tabla detalla los alimentos favorables y desfavorables considerando el contenido de fructosa en todas sus formas:




