Intolerancia lactosa y alergia proteína de la leche

Intolerancia a la lactosa

¿Qué es la lactosa?

La leche y los productos lácteos constituyen un grupo de alimentos muy completo desde el punto de vista nutricional. Su consumo está recomendado en todas las etapas de la vida, ya que aportan proteínas de alta calidad, grasas, vitaminas, calcio y un azúcar natural llamado lactosa.

Los lácteos, como la leche, el yogur o el queso, son una de las principales fuentes de calcio y vitamina D en la alimentación habitual.

La lactosa es el azúcar propio de la leche y de todos sus derivados, tanto de la leche de vaca como de otros animales, como la cabra u oveja. De forma general, cada 100 ml de leche contienen aproximadamente 5 gramos de lactosa. Esta cantidad es similar tanto en la leche entera como en la desnatada y no varía de forma significativa según el tipo de animal del que proceda.

Cuando ingerimos lactosa, esta se descompone en el intestino gracias a una enzima denominada lactasa. La lactasa divide la lactosa en dos azúcares más simples, la glucosa y la galactosa, que pueden ser absorbidos correctamente en el intestino delgado.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa aparece cuando el organismo produce una cantidad insuficiente de lactasa. En esta situación, la lactosa ingerida no se digiere ni se absorbe adecuadamente en el intestino, lo que da lugar a la aparición de síntomas. Este problema se conoce como malabsorción de lactosa y es el responsable de la intolerancia.

La falta de lactasa puede producirse en distintas situaciones. Existe una forma congénita muy poco frecuente, en la que la lactasa está ausente desde el nacimiento por una causa hereditaria. También puede aparecer un déficit secundario de lactasa, que ocurre de manera temporal como consecuencia de enfermedades intestinales que dañan la mucosa del intestino.

La causa más habitual es el déficit primario adquirido de lactasa. En este caso, la producción de lactasa es normal durante la infancia, pero disminuye progresivamente con la edad. Esta situación es muy frecuente y afecta aproximadamente a uno de cada tres adultos, lo que explica la aparición de síntomas al consumir leche o productos lácteos.

Síntomas

En condiciones normales, la lactosa se digiere correctamente gracias a la lactasa intestinal. Sin embargo, cuando esta enzima es insuficiente, la lactosa llega sin digerir al colon, donde es fermentada por las bacterias intestinales, provocando los síntomas característicos.

La intensidad de las molestias depende principalmente de la cantidad de lactosa ingerida y del grado de actividad de lactasa que tenga cada persona. Cuando se consume más lactosa de la que el intestino puede digerir, aparecen los síntomas.

Las manifestaciones más frecuentes son diarrea, dolor abdominal, hinchazón, aumento de gases y ruidos intestinales. La mayoría de los adultos con déficit de lactasa conservan una cierta actividad residual de la enzima, lo que les permite tolerar pequeñas cantidades de lactosa sin presentar síntomas importantes.

Diagnóstico

El diagnóstico suele sospecharse al relacionar la aparición de los síntomas con el consumo de leche o productos lácteos. En algunos casos, las molestias pueden ser menos típicas, como náuseas o dolor de cabeza, lo que hace recomendable confirmar el diagnóstico mediante pruebas específicas.

Existen diferentes métodos para evaluar la capacidad de absorción de la lactosa. Entre ellos se incluyen pruebas en orina, pruebas de tolerancia a la lactosa o estudios mediante biopsia intestinal. No obstante, la prueba más utilizada en la práctica clínica es el test del aliento con hidrógeno.

Este test consiste en medir la cantidad de hidrógeno que se elimina al respirar después de ingerir una cantidad determinada de lactosa. Un aumento del hidrógeno en el aire espirado indica que la lactosa no se ha digerido correctamente y confirma el diagnóstico de intolerancia.

Tratamiento

Si se ha detectado una malabsorción de lactosa pero no aparecen síntomas, no es necesario realizar ningún tratamiento específico. En cambio, cuando existen molestias compatibles con intolerancia, será necesario adaptar el consumo de leche y productos lácteos hasta conseguir un buen control de los síntomas.

El objetivo del tratamiento es reducir la cantidad de lactosa que llega sin digerir al colon. En los casos de intolerancia primaria, esta medida suele ser permanente, mientras que en las formas secundarias a una enfermedad intestinal puede ser temporal, hasta que se recupere la función digestiva.

El manejo de la intolerancia a la lactosa se basa en disminuir la ingesta de lactosa hasta niveles que cada persona tolere sin presentar síntomas. Esta estrategia puede complementarse con el uso de lactasa en forma de suplemento o con el consumo de productos lácteos sin lactosa.

Por lo general, no es necesario eliminar completamente la lactosa de la dieta, ya que muchas personas con malabsorción pueden tolerar hasta unos 10 gramos de lactosa en una sola toma sin desarrollar síntomas.

Al seguir una dieta baja en lactosa, es importante tener en cuenta la llamada lactosa oculta, que puede encontrarse en algunos medicamentos. Se estima que aproximadamente uno de cada cinco fármacos contiene lactosa como excipiente, lo que puede generar problemas de tolerancia, especialmente en personas que toman varios medicamentos de forma habitual.

Dado que los lácteos son una fuente fundamental de calcio, es esencial asegurar un aporte adecuado de este mineral cuando se reduce el consumo de lactosa. Esto puede lograrse mediante el consumo de productos lácteos sin lactosa o incorporando alimentos no lácteos ricos en calcio, como sardinas en aceite, frutos secos, garbanzos, berberechos o espinacas.

Ante la sospecha de intolerancia a la lactosa o si es necesario realizar cambios en la dieta por este motivo, se recomienda consultar siempre con un profesional sanitario para recibir un asesoramiento adecuado.

Productos que pueden contener lactosa, a restringir según tolerancia

Leche entera o desnatada

Nata

Mantequilla

Queso

Yogur entero o desnatado

Helado

Leche condensada

Margarina

Salsas

Embutidos

Pan

Bollería

Chocolate

Pasteles, tartas, galletas

Platos precocinados

Purés y sopas

Alergia a la proteína de la leche

¿Qué es la alergia a la proteína de la leche?

La alergia a las proteínas de la leche es una enfermedad en la que el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada frente a determinadas proteínas presentes en la leche, principalmente la caseína y la betalactoglobulina. Esta última no está presente en la leche materna.

En las personas con esta alergia, el organismo identifica estas proteínas como sustancias extrañas y produce anticuerpos frente a ellas, entre los que destaca la inmunoglobulina E. Como consecuencia, se liberan sustancias químicas como la histamina, responsables de la aparición de los síntomas. Se trata de una condición con base genética.

¿A quiénes puede afectar?

Suele manifestarse desde los primeros meses de vida. Puede aparecer cuando las proteínas de la leche de vaca pasan a través de la leche materna o cuando se introduce una fórmula infantil elaborada a partir de leche de vaca.

En la mayoría de los casos, aproximadamente en el 85 %, los niños superan la alergia durante los tres primeros años de vida. En la edad adulta es muy poco frecuente. Es una de las alergias alimentarias más habituales en la infancia.

Es importante diferenciarla de la intolerancia a la lactosa, que puede afectar tanto a niños como a adultos y tiene un mecanismo distinto.

Síntomas

Los síntomas más comunes afectan a la piel y pueden incluir picor, enrojecimiento, erupciones, urticaria, hinchazón de labios y párpados o enrojecimiento alrededor de la boca.

También son frecuentes las manifestaciones digestivas, como picor en la lengua, el paladar o la garganta, diarrea, presencia de sangre en las heces, dolor abdominal tipo cólico, náuseas, vómitos, regurgitación o rechazo del alimento.

A nivel respiratorio pueden aparecer síntomas como rinoconjuntivitis, dificultad respiratoria, asma o pitidos al respirar. En los casos más graves, aunque poco frecuentes, puede producirse una reacción anafiláctica, que constituye una urgencia médica.

Estos síntomas suelen aparecer en menos de una hora tras la ingesta o el contacto con la leche. A diferencia de la alergia a la proteína de la leche, la intolerancia a la lactosa produce sobre todo síntomas digestivos y no afecta a tantos órganos del cuerpo

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la combinación de la historia clínica y pruebas específicas. Entre ellas se incluyen las pruebas cutáneas, como el prick test, la determinación en sangre de inmunoglobulina E frente a las proteínas de la leche y las pruebas de provocación o exposición controlada.

Estas últimas consisten en administrar pequeñas cantidades de leche bajo supervisión médica estricta para comprobar la aparición de síntomas, por lo que siempre deben realizarse en un entorno sanitario.

Tratamiento

El tratamiento consiste en la eliminación completa y estricta de la leche de vaca y de todos los productos que la contengan. En los lactantes, se sustituye por fórmulas especiales, como las fórmulas extensamente hidrolizadas sin lactosa, en las que las proteínas están fragmentadas y tienen menor capacidad de producir alergia.

En niños mayores de seis meses, en algunos casos pueden utilizarse fórmulas a base de soja, siempre bajo indicación médica.

Es fundamental realizar un seguimiento por parte del especialista en alergología. Con el tiempo, se valora si aumenta la tolerancia a las proteínas de la leche mediante la introducción progresiva de pequeñas cantidades, ajustando la dieta según la evolución de los síntomas.

Diferencias entre intolerancia a la lactosa y alergia a la proteína de la leche

¿Son trastornos diferentes?

Aunque a veces se confunden, la intolerancia a la lactosa y la alergia a las proteínas de la leche son condiciones distintas. La alergia a las proteínas de la leche ocurre cuando el sistema inmunitario reacciona de manera exagerada ante ciertas proteínas de la leche, sobre todo la caseína y la betalactoglobulina, siendo esta última ausente en la leche materna. Por su parte, la intolerancia a la lactosa se da cuando el organismo no produce suficiente lactasa, la enzima necesaria para digerir la lactosa correctamente.

Es fundamental tener en cuenta que ninguna de estas condiciones aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades graves o malignas.

 Intolerancia a la lactosa

Alergia a proteínas de leche de vaca

Intolerancia/ AlergiaLactosa (azúcar de la leche)Proteínas de la leche
Población afectadaPrincipalmente en adultosPrimeros 3 años de vida. Excepcional en adultos
Causas:

1.- Genéticas

2.- Secundarias (infecciones, quimioterapia, cirugías, antibióticos, enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria intestinal).

Reversible

Genética (mayor transmisión si existen antecedentes de alergia en la familia)
TrastornoAparato digestivo: déficit de lactasa (enzima digestiva)

Sistema inmunológico: respuesta

aumentada contra las proteínas de la leche

Síntomas:Dolor abdominal, gases, retortijones, enrojecimiento perianal, hinchazón, diarrea, defecación explosiva.

Cutáneos: erupción cutánea, enrojecimiento, urticaria, eritema labios y párpados

Digestivos: picor lengua, pladar y garganta, diarrea, sangrado en las heces, dolor abdominal, rechazo al alimento

Respiratorios: rinoconjuntivis (ojo rojo y congestión), asma, sibilancias (ruidos con la respiración)

Anafilaxia: (en casos graves): abultamiento de la cara y cuello, dificultad para la respiración

Método diagnósticoTest de hidrógeno espirado

Prick test

Inmunoglubulina E en sangre Prueba de exposición o provocación con leche

TratamientoSupresión o disminución de la ingesta de alimentos con lactosa

Supresión completa de los lácteos

Sustituir la leche por fórmulas

Contenido actualizado en 2026 por: 

tellez

Dr. Luis Téllez Villajos

Hospital Universitario Ramón y Cajal, Madrid.

Contenido original por: 

Dr. Francesc Casellas

Dr. Francesc Casellas

Servicio de Digestivo. Hospital Universitario Vall d’Hebron, Barcelona.

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