Síndrome de Intestino Irritable (SII)

Síndrome de Intestino Irritable (SII)

¿Qué es?

El Síndrome de Intestino Irritable (SII) es un trastorno funcional crónico del aparato digestivo que no se asocia a lesiones visibles ni a enfermedades graves. Sus manifestaciones más frecuentes incluyen dolor o malestar abdominal, sensación de hinchazón y alteraciones en el hábito intestinal, como estreñimiento, diarrea o ambos.

Es el trastorno gastrointestinal que se diagnostica con mayor frecuencia y constituye una de las principales causas de absentismo laboral, solo por detrás del resfriado común. Aunque un porcentaje elevado de la población presenta síntomas compatibles con SII a lo largo de su vida, únicamente una minoría consulta al médico por este motivo.

Dado que se trata de una enfermedad crónica y con síntomas variables, su control puede resultar complejo y generar frustración tanto en los pacientes como en los profesionales sanitarios. Aun así, existen diferentes tratamientos y estrategias terapéuticas que permiten aliviar los síntomas y mejorar de forma significativa la calidad de vida.

Causas

En la actualidad no se conoce una causa única que explique el desarrollo del SII. Se considera una enfermedad de origen multifactorial, en la que intervienen distintos mecanismos:

¿Puede deberse a un trastorno del movimiento intestinal?

Una de las teorías plantea que el SII se relaciona con alteraciones en las contracciones del colon y del intestino delgado. Estas contracciones irregulares o excesivas pueden provocar dolor abdominal y cambios en el tránsito intestinal, motivo por el cual en ocasiones se ha utilizado el término “colon espástico”. Algunos tratamientos, como los antiespasmódicos o la fibra, ayudan a regular estos movimientos. No obstante, este mecanismo no explica todos los casos, y no está claro si estas alteraciones son la causa o una consecuencia del trastorno.

¿Puede aparecer tras una infección gastrointestinal?

En algunos pacientes, el SII se inicia después de haber sufrido una gastroenteritis aguda causada por bacterias o virus. Aunque el mecanismo exacto no se conoce, estudios recientes indican que más del 10% de las personas que padecen una infección intestinal desarrollan posteriormente síntomas compatibles con SII, con un riesgo claramente superior al de la población general. Este fenómeno es más frecuente en mujeres, en infecciones graves, en personas con malestar psicológico previo y en quienes recibieron tratamiento antibiótico durante el episodio infeccioso.

¿Influyen el estrés y la ansiedad?

Las personas con SII que acuden al médico suelen presentar con mayor frecuencia estrés, ansiedad u otros factores emocionales. Estas situaciones pueden intensificar los síntomas digestivos, ya que existe una estrecha relación entre el intestino y el sistema nervioso. Sin embargo, aunque el estrés puede empeorar la percepción de los síntomas, no se considera la causa directa del SII.

¿Las intolerancias alimentarias pueden ser responsables?

Muchos pacientes con SII refieren una mala tolerancia a determinados alimentos, lo que ha llevado a plantear una posible relación con sensibilidades alimentarias. No obstante, esta asociación es difícil de demostrar. La identificación de alimentos desencadenantes debe realizarse mediante dietas de eliminación controladas y siempre bajo supervisión médica o de un dietista-nutricionista. Eliminar alimentos por cuenta propia puede provocar carencias nutricionales y afectar negativamente a la calidad de vida. Algunos alimentos, como los lácteos con lactosa, las legumbres o ciertos vegetales (brócoli, coliflor, coles), pueden aumentar la producción de gas y agravar los síntomas.

En resumen, el SII no se considera consecuencia de una alergia ni de una intolerancia alimentaria concreta, por lo que no se recomienda seguir dietas estrictas sin indicación profesional.

¿Existe una mayor sensibilidad intestinal al gas?

Otra hipótesis ampliamente aceptada es la hipersensibilidad visceral. En las personas con SII, los nervios del intestino pueden reaccionar de forma exagerada ante estímulos normales, como la presencia de gas o el movimiento intestinal. Esto hace que sensaciones habituales se perciban como dolorosas o muy molestas. De hecho, algunos pacientes con síntomas intensos experimentan mejoría con tratamientos que reducen la percepción del dolor a nivel intestinal.

Síntomas

El síntoma más característico del Síndrome de Intestino Irritable (SII) es el dolor abdominal, que suele ir acompañado de modificaciones en el ritmo intestinal y en la consistencia de las heces. Estas alteraciones pueden manifestarse en forma de diarrea, estreñimiento o la alternancia de ambos.

Se trata de un trastorno de evolución crónica, en el que los síntomas aparecen en brotes que se alternan con períodos de mejoría o desaparición parcial de las molestias. Afecta aproximadamente al 10–15% de la población, es más frecuente en adultos jóvenes y su incidencia tiende a disminuir a partir de los 50 años.

El dolor abdominal puede presentarse de forma generalizada o localizarse en la parte inferior del abdomen. Habitualmente es de intensidad leve a moderada, mejora tras la evacuación intestinal, no suele despertar al paciente durante la noche y, en muchos casos, aparece o se intensifica después de las comidas.

Con el fin de facilitar el diagnóstico del SII, se han establecido unos criterios clínicos conocidos como criterios de Roma IV. Según estos criterios, debe existir dolor abdominal

recurrente, al menos un día por semana de media durante los últimos tres meses, asociado a dos o más de las siguientes circunstancias: relación con la defecación, cambios en la frecuencia de las deposiciones y cambios en la forma o aspecto de las heces. Además, los síntomas deben haber estado presentes en los últimos tres meses y haberse iniciado, como mínimo, seis meses antes del diagnóstico.

En función del patrón de las deposiciones, se distinguen cuatro subtipos de SII:

  • SII con predominio de estreñimiento.
  • SII con predominio de diarrea.
  • SII mixto, con alternancia de diarrea y estreñimiento.
  • SII no clasificado, cuando no encaja claramente en los grupos anteriores.
  • Es importante señalar que, a lo largo del tiempo, una misma persona puede pasar de un subtipo de SII a otro.

Además de los síntomas recogidos en los criterios de Roma IV, las personas con SII pueden presentar otros síntomas digestivos como distensión abdominal, presencia de moco en las heces, sensación de evacuación incompleta (tenesmo rectal), pérdidas involuntarias de heces, dolor anal, sensación de llenado precoz al comer, náuseas, vómitos, molestias torácicas y aumento de gases. Con frecuencia, estas manifestaciones se agravan en situaciones de estrés emocional, ansiedad, depresión o tras acontecimientos vitales estresantes.

Asimismo, el SII puede asociarse a síntomas no digestivos, entre los que destacan reglas dolorosas, cefaleas, molestias urinarias, dolores musculares y articulares, así como una sensación persistente de cansancio.

Diagnóstico

El diagnóstico del SII se establece fundamentalmente a partir de la evaluación clínica del paciente. Se basa en la presencia de los criterios diagnósticos descritos previamente y en la ausencia de hallazgos anormales en las pruebas complementarias realizadas, como análisis de sangre, estudios de imagen o exploraciones endoscópicas.

No obstante, existen determinados signos y síntomas conocidos como “alarma” que hacen necesario descartar otras enfermedades y replantear el diagnóstico de SII. Entre ellos se incluyen:

  • Aparición repentina de cambios en el hábito intestinal en personas mayores de 50 años.
  • Presencia de síntomas durante la noche que despiertan al paciente.
  • Fiebre persistente.
  • Diarrea continua o de consistencia líquida.
  • Sangre visible en las heces.
  • Anemia.
  • Pérdida de peso involuntaria.
  • Dolor abdominal de gran intensidad.
  • Antecedentes personales o familiares de cáncer colorrectal o enfermedad inflamatoria intestinal.

En general, cuando estos signos de alarma no están presentes y se trata de pacientes menores de 45–50 años, no suele ser necesario realizar pruebas radiológicas ni endoscópicas para confirmar el diagnóstico, siendo suficiente la valoración clínica.

Tratamiento

En la actualidad no existe un tratamiento único ni definitivo que cure el Síndrome de Intestino Irritable (SII). Es importante recordar que se trata de un trastorno funcional y de evolución crónica, para el cual no existen terapias milagrosas ni productos capaces de hacerlo desaparecer por completo.

En muchos pacientes, comprender que el SII es una enfermedad benigna, que no deriva en cáncer ni en otras patologías graves, contribuye de forma significativa a afrontar los síntomas con mayor tranquilidad y a mejorar la respuesta al tratamiento.

En este contexto, resulta clave una correcta valoración clínica y una buena relación médico-paciente basada en la confianza y la empatía, ya que esto favorece la adherencia a las recomendaciones y una mejor evolución de los síntomas.

El abordaje del SII debe ser integral y combinar cambios en el estilo de vida, medidas dietéticas y, cuando sea necesario, tratamiento farmacológico. Por ello, el manejo del SII se apoya en tres pilares fundamentales:

Actuación sobre los hábitos de vida

  • Mantener un estilo de vida organizado y equilibrado.
  • Evitar el consumo de tabaco y alcohol.
  • No existen alimentos “prohibidos” de forma universal. Cada persona debe identificar aquellos alimentos que le generan más molestias y limitar su consumo. En términos generales, conviene moderar la ingesta de especias, cafeína, alimentos muy picantes, grasos, muy condimentados o que favorezcan la producción de gases.
  • Se recomienda una alimentación variada, con consumo adecuado de agua, frutas y verduras, sin excesos. No deben realizarse dietas restrictivas (como eliminar lactosa o gluten) sin indicación médica, ya que estas posibilidades suelen valorarse durante el proceso diagnóstico.
  • Es aconsejable realizar entre cuatro y cinco comidas al día, dedicando al menos 20 minutos a cada una y comiendo sin prisas.
  • También es importante respetar el deseo de defecar, acudir al baño sin reprimirlo y hacerlo en un ambiente tranquilo, dedicando el tiempo necesario, pero sin excesos.
  • Realizar actividad física de forma regular, adaptada a la condición de cada persona, durante unos 30–45 minutos al día. El ejercicio no solo mejora el tránsito intestinal, sino que también tiene efectos positivos sobre el sistema nervioso y el control del estrés.
  • Reducir, en la medida de lo posible, las situaciones estresantes o aprender a manejarlas mejor para minimizar su impacto en la salud digestiva.

Recomendaciones dietéticas

El tratamiento nutricional tiene como objetivos asegurar un aporte adecuado de nutrientes, adaptar la alimentación al tipo de SII de cada paciente y explicar cómo ciertos alimentos pueden influir en los síntomas.

La evidencia científica que respalda la eliminación sistemática de alimentos concretos es limitada. No obstante, algunas personas pueden tolerar peor las comidas abundantes o el consumo excesivo de grasas, cafeína, alcohol, lactosa, fructosa o edulcorantes como el sorbitol.

Por ello, la dieta debe individualizarse y revisarse periódicamente por el especialista.

Recomendaciones generales

  • Realizar comidas poco abundantes y repartidas a lo largo del día.
  • Comer despacio, en horarios regulares y en un ambiente relajado.
  • Prevenir el estreñimiento aumentando progresivamente la fibra en la dieta y, de forma paralela, la ingesta de líquidos no gaseosos.
  • Practicar ejercicio físico con regularidad.
  • Incorporar actividades sociales y de relajación.
  • Identificar los alimentos mal tolerados y eliminar únicamente aquellos que desencadenen síntomas.
  • Establecer horarios regulares para las comidas y para ir al baño.

Recomendaciones específicas

Priorizar el consumo de fibra soluble (como pectinas, mucílagos o gomas) frente a la fibra insoluble. Puede obtenerse a través de alimentos como la manzana o el dulce de membrillo, o mediante suplementos específicos.

Reducir la ingesta de alimentos muy grasos, cítricos y espinacas para disminuir el efecto laxante de las sales biliares en el colon.

Evitar el sorbitol, las bebidas gaseosas, el café, el té y los alimentos muy picantes.

Eliminar la lactosa únicamente en caso de intolerancia confirmada.

Mantener una correcta hidratación, bebiendo al menos dos litros de agua al día. Esto es especialmente importante en situaciones de diarrea y también ayuda a mejorar el estreñimiento. Se recomiendan agua e infusiones suaves sin efecto laxante.

Abordaje farmacológico

Existen múltiples tratamientos farmacológicos que el gastroenterólogo seleccionará en función de los síntomas predominantes, como dolor abdominal, diarrea o estreñimiento. En general, el tratamiento suele ser combinado y adaptado a cada caso.

  • Fibra. La fibra soluble (psilio, ispágula) ha demostrado mejorar algunos síntomas del SII, mientras que la fibra insoluble no ha mostrado beneficios claros.
  • Laxantes. Se utilizan en pacientes con predominio de estreñimiento, aunque su eficacia es limitada.
  • Antidiarreicos. Fármacos como la loperamida pueden emplearse cuando predomina la diarrea, aunque su utilidad es parcial al tratarse de un trastorno crónico.
  • Espasmolíticos. Actúan relajando la musculatura del intestino y suelen ser eficaces para aliviar el dolor abdominal, aunque no están indicados en el estreñimiento.
  • Agonistas de los receptores 5-HT4. Estimulan el tránsito intestinal y reducen la sensibilidad visceral. Su uso se reserva para casos seleccionados de estreñimiento refractario. Actualmente, la prucaloprida es el fármaco disponible con esta indicación.
  • Linaclotida. Actúa disminuyendo la sensibilidad intestinal y aumentando el contenido de agua en el intestino, lo que mejora el dolor y el tránsito. Se emplea en casos de estreñimiento moderado o grave que no responden a otras medidas y presenta un buen perfil de seguridad.
  • Antidepresivos. Utilizados a dosis bajas por su efecto sobre la sensibilidad visceral y la motilidad intestinal, no como tratamiento del estado de ánimo. Incluyen antidepresivos tricíclicos y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
  • Probióticos. Pueden ayudar a mejorar la distensión abdominal y el exceso de gases al modular la microbiota intestinal, especialmente cuando se utilizan combinaciones de varias cepas durante períodos prolongados.
  • Antibióticos. La rifaximina ha mostrado una eficacia moderada en pacientes con SII sin predominio de estreñimiento.

Tratamiento del SII con predominio de diarrea: xiloglucano

Los avances en el conocimiento de la barrera intestinal han permitido desarrollar nuevas estrategias terapéuticas orientadas a normalizar la permeabilidad del intestino.

El xiloglucano es una sustancia que contribuye a restaurar la función intestinal en pacientes con diarrea crónica o recurrente, alteraciones de la microbiota o hipersensibilidad intestinal, sin producir efectos sistémicos.

Su combinación con proteínas vegetales reticuladas refuerza la barrera intestinal, protege las uniones entre las células del epitelio y prolonga su efecto protector frente a la inflamación y la acción bacteriana.

El xiloglucano forma una capa protectora similar al moco sobre la mucosa intestinal, evitando la adhesión y proliferación de microorganismos. Además, asociado a xilo-oligosacáridos, favorece el equilibrio de la microbiota intestinal, aumentando las bifidobacterias y reduciendo la frecuencia de las deposiciones, el dolor abdominal, la distensión y otros síntomas digestivos.

En resumen, en adultos con SII con predominio de diarrea, el xiloglucano representa una opción terapéutica innovadora, segura y sin efectos sistémicos, que mejora la función de la barrera intestinal, favorece el equilibrio de la microbiota y contribuye a una mejor calidad de vida.

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SII y Fibromialgia

¿Qué es la fibromialgia?

La fibromialgia es una enfermedad relativamente frecuente cuya prevalencia global se estima en torno al 2%, aunque esta cifra varía ampliamente entre países (desde el 0,2% hasta el 6,6%) en función de los criterios utilizados para su diagnóstico. Tradicionalmente se ha considerado una patología predominantemente femenina, con una frecuencia hasta diez veces mayor en mujeres que en hombres; sin embargo, estudios más recientes sugieren que su distribución entre ambos sexos podría ser más similar de lo que se pensaba. Se calcula que aproximadamente el 15% de los pacientes atendidos en consultas de reumatología presentan fibromialgia.

La manifestación clínica principal de la fibromialgia es el dolor crónico generalizado. Este dolor suele acompañarse de otros síntomas como cansancio persistente, cefaleas, alteraciones del sueño, dificultades cognitivas (memoria y concentración) y diversos trastornos digestivos, entre los que destaca el Síndrome de Intestino Irritable (SII).

Se estima que entre el 28% y el 59% de las personas con fibromialgia presentan también SII, mientras que entre el 32% y el 77% de los pacientes con SII asocian fibromialgia. Esta elevada coexistencia sugiere una relación estrecha entre ambas entidades.

Un estudio nacional de casos y controles realizado en Turquía, que incluyó a más de 3.800 participantes, mostró que la fibromialgia estaba presente en el 30% de los pacientes con SII, frente a solo el 3% del grupo control. Al analizar los distintos subtipos de SII, la prevalencia de fibromialgia fue del 31,7% en el SII con predominio de estreñimiento, del 29,1% en el SII con predominio de diarrea y del 26,7% en el SII mixto, sin diferencias significativas entre ellos.

Riesgo de SII en pacientes con fibromialgia

Una revisión sistemática que analizó 14 estudios e incluyó a más de 1.300 pacientes con fibromialgia mostró que la prevalencia global de SII en este grupo fue del 54%, frente al 9,5% en personas sanas. Los subtipos de SII más frecuentes en pacientes con fibromialgia fueron el estreñimiento y el tipo mixto, con cifras claramente superiores a las observadas en los grupos control.

De forma global, se estima que la incidencia acumulada de SII en personas con fibromialgia es de aproximadamente 7,5 casos por cada 1.000 personas-año, frente a 4,4 casos por cada 1.000 personas-año en individuos sin fibromialgia.

Interrelación entre SII y fibromialgia

Diversas investigaciones han intentado identificar los mecanismos que podrían explicar la relación entre el SII y la fibromialgia. Uno de los aspectos más estudiados ha sido la posible alteración de la microbiota intestinal en pacientes con fibromialgia. No obstante,

los resultados disponibles son heterogéneos, en gran parte debido a diferencias metodológicas y a la falta de uniformidad entre los estudios.

De forma similar, los trabajos que han evaluado marcadores indirectos del metabolismo de la microbiota, como los ácidos grasos de cadena corta (butirato), el lactato urinario o el succinato, han ofrecido conclusiones poco consistentes. Asimismo, la evidencia sobre el papel del helicobacter pylori en la sintomatología de la fibromialgia es limitada y no concluyente.

La posible relación entre la permeabilidad intestinal alterada, el sobrecrecimiento bacteriano y los síntomas de la fibromialgia continúa siendo un campo en estudio. A pesar de estas limitaciones, existen indicios que apuntan a una relación entre la composición y la actividad metabólica de la microbiota intestinal y la fibromialgia, aunque se trata de un área todavía poco explorada.

Diagnóstico de sospecha y diagnóstico diferencial

El enfoque diagnóstico del SII en pacientes con fibromialgia no difiere del utilizado en personas sin fibromialgia. Se basa en los criterios clínicos establecidos y en la exclusión de otras patologías mediante la valoración adecuada de los síntomas y la presencia o ausencia de signos de alarma.

Tratamiento del SII en los pacientes con fibromialgia

El tratamiento del SII en personas con fibromialgia sigue los mismos principios generales que en los pacientes con SII sin esta enfermedad, adaptándose al subtipo predominante (estreñimiento, diarrea o mixto).

Un aspecto de especial interés es el posible papel de la dieta como estrategia complementaria en el manejo de la fibromialgia. Se ha descrito que determinadas intervenciones dietéticas, como el consumo de aceite de oliva, dietas hipocalóricas, vegetarianas, bajas en FODMAPs, sin gluten, sin glutamato monosódico ni aspartamo, así como la dieta mediterránea, podrían contribuir a mejorar síntomas como el dolor crónico, la fatiga, los trastornos del sueño, la ansiedad, la depresión, los problemas cognitivos y las molestias digestivas.

No obstante, estos resultados deben interpretarse con cautela, ya que muchos de los estudios disponibles presentan limitaciones importantes, como tamaños muestrales reducidos, metodologías heterogéneas y falta de seguimiento a largo plazo. Por ello, aunque la dieta se perfila como una herramienta prometedora, son necesarios estudios mejor diseñados para establecer recomendaciones firmes.

El uso de suplementos nutricionales en fibromialgia sigue siendo controvertido. Algunos ensayos con vitamina D, magnesio, hierro y probióticos han mostrado resultados alentadores, aunque la evidencia es todavía limitada y, en ocasiones, contradictoria. La mayoría de los estudios se han centrado en síntomas como la fatiga, el dolor, los trastornos cognitivos o la calidad de vida, y no específicamente en los síntomas digestivos del SII.

Dada la estrecha relación entre el sistema nervioso central, el intestino y la microbiota, es razonable extrapolar parte de la evidencia disponible sobre el uso de probióticos en el SII a pacientes con fibromialgia que presentan síntomas digestivos.

Conclusiones

  • Entre el 28% y el 59% de los pacientes con fibromialgia presentan SII, y entre el 32% y el 77% de las personas con SII asocian fibromialgia.
  • Ambas entidades comparten mecanismos fisiopatológicos comunes relacionados con el eje cerebro–intestino–microbiota.
  • Existe un ligero predominio de los subtipos SII con estreñimiento y SII mixto en pacientes con fibromialgia.
  • Los estudios sobre el impacto de la dieta en la fibromialgia muestran resultados variables y aún no concluyentes.
  • El papel de los probióticos requiere investigaciones más sólidas y específicas.
  • El tratamiento digestivo del SII en pacientes con fibromialgia es similar al aplicado en pacientes con SII sin fibromialgia.
  • El pronóstico del SII asociado a fibromialgia es favorable y comparable al del SII sin esta asociación.

Autores: 

Dr.Joaquin-Hinojosa-min

Dr. Javier Romero

Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, Sevilla.

Dr.Javier Romero-min

Dr. Joaquin Hinojosa del Val

Unidad Enfermedad Inflamatoria Intestinal Hospital Vithas Virgen del Consuelo Universidad Católica de Valencia.

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